Les fosses comunes de la guerra civil i del franquisme, dos dies després del 20-PPN

jpinyol | dilluns, 21 de novembre de 2011 | 23:40h
Organitzada per la Biblioteca de Piera, demà dimarts 22 de novembre pronunciaré la conferència titulada “Fosses comunes : un passat no oblidat”  en la qual d'una banda donaré compte del moviment de recuperació de la Memòria Històrica al nostre país i de la diferent tipologia de fosses comunes derivades de la guerra civil i de la dictadura franquista, i de l'altra detallaré la recerca que he dut a terme al voltant del trasllat de milers de víctimes que van ser exhumades de llurs fosses dècades després de ser-hi enterrades per tal d'omplir el Valle de los Caídos, el mausoleu de Franco.

Nét, com ja sabeu,  per línia materna d’una d'aquestes víctimes traslladades allí durant la dictadura, explicaré tot el procés que he seguit i les darreres novetats al respecte.

L'acte començarà  a les set de la tarda a la Biblioteca de Piera (Passeig del Gall Mullat, 7)
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Toni Orensanz presentarà el nou documental de NJLM, "Els Brigadistes Entre Nosaltres" a les 20:00 al Teatre l'Artesana, de Falset.

9a jornada No Jubilem la Memòria al teatre de l'Artesana

  • Inici: 26-11-2011 - 20:00
  • Finalització: 26-11-2011 - 21:30
NOVENA JORNADA DE NJLM

La Jornada anual de NJLM, enguany será el dissabte 26 Novembre en col·laboració amb l'Ajuntament de Falset.

Toni Orensanz presentarà el nou documental de NJLM, "Els Brigadistes Entre Nosaltres" (26 min. aprox) a les vuit del vespre al Teatre l'Artesana, de Falset. 

També es podrà visitar l'exposició fotogràfica "Preludi de l'última batalla.". Les portes s'obriran a dos quarts de vuit, i l'entrada és lliure.

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Toni Orensanz estrena el documental "Els brigadistes entre nosaltres" d'Àngela Jackson !!

 

S'estrena el documental "Els brigadistes entre nosaltres"

 
 
11-11-2011 / S'estrena el documental

El Festival Memorimatge serà avui la plataforma d’estrena del documental “Els brigadistes entre nosaltres”, documental produït per l’Associació No Jubilem La Memòria. Aquest audiovisual, que es podrà veure al Centre d’Art Cal Massó de Reus, explica què va portar els brigadistes al Priorat i, a la vegada, com va ser la convivència amb la gent del territori. Per aquest motiu el documental és un collage d’enregistraments de diferents èpoques. Ho explica el periodista Toni Orensanz, que s’ha encarregat del guió.

Toni Orensanz

Entre les filmacions que apareixen al documental n’hi ha d’enregistrades la primavera del 1938. Per tant, podrien ser les més antigues filmades al Priorat. La troballa, que es va fer en un Arxiu dels Estats Units, va deixar sorpresos els historiadors locals pel fet que els escenaris són fàcilment localitzables.

Toni Orensanz

Per veure al Priorat el documental “El brigadistes entre nosaltres” caldrà esperar una mica. Està previst que se’n faci una projecció a la 9a Jornada no Jubilem La Memòria, que tindrà lloc el proper 26 de novembre.

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JORNADAS DE ESTUDIO (Del 3 al 11 de diciembre de 2011) LA GUERRA CIVIL DE 1936 EN CRETAS

JORNADAS DE ESTUDIO       (Del 3 al 11 de diciembre de 2011)

 

LA GUERRA CIVIL DE 1936 EN CRETAS / QUERETES


Desfile de tropas italianas por el arrabal de San Juan (actual Plaza Pascual Buendía), 1938.

 

1.- Tres conferencias didácticas y divulgativas


1a SESIÓN (día 3 de diciembre, sábado a les 19 horas):
-
La II República española en la localidad de Cretas (1931-1936)
- La insurrección militar (del 18 al 25 de julio de 1936)


2a SESIÓN (día 6 de diciembre, martes a les 19 horas):
- El período revolucionario     (del 26 de julio al 31 de agosto de 1936)
- El período anarquista           (de septiembre del 36 a agosto del 37)
- El período socialista                         (de septiembre del 37 a 1 de abril del 38)


3a SESIÓN (día 8 de diciembre, jueves a les 19 horas):
-
El período bélico (del 2 de abril del 38 al 31 de octubre del 38)
- El nuevo régimen franquista.
- La posguerra

2.-  Exposiciones  y  Proyección de películas

 

3.- Colaboran:

 

·        Ayuntamiento de Cretas - Queretes

·        Taller de arqueología e historia de la Asociación Medievo de Cretas - Queretes

·        Asociación Ilercavònia de Cretas - Queretes

·        Asociación Gente Joven de Cretas - Queretes

·        Associació Cultural del Matarranya

·        Librería Serret

·        Associació cultural La Bresca, Arnes


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El Pais: TRIBUNA: JULIÁN CASANOVA Memorias divididas

TRIBUNA: JULIÁN CASANOVA

Memorias divididas

En Hungría siguen divididos por su terrible pasado de guerras y tiranías, que algunos utilizan para justificar sus posiciones políticas actuales y como un arma más en el combate ideológico frente a sus oponentes

El 23 de octubre de 1956, la gigantesca estatua de Iósif Stalin, de ocho metros de altura, que presidía una de las plazas de Budapest, donde el régimen comunista celebraba sus desfiles y conmemoraciones, fue derribada por la multitud, cortada por los pies, con las botas del dictador como único rastro sobre el pedestal. Entre escenas de gran júbilo, un camión transportó la estatua de bronce por las calles de la ciudad hasta dejarla tirada a las puertas del Teatro Nacional.

 
 
    Hungría

    Hungría

    A FONDO

    Capital:
    Budapest.
    Gobierno:
    República.
    Población:
    9,930,915 (est. 2008)

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En los antiguos países comunistas la historia se convirtió en un tema central del debate público

En vez de enfrentarse a un pasado terrible, se intenta tranquilizar a quien se quiere identificar con él

Era el comienzo de la revolución de 1956, aplastada poco después por las tropas soviéticas, de la que se cumplen ahora 55 años y que los húngaros conmemoran desde la caída del comunismo como fiesta nacional, divididos por su terrible pasado de guerras y tiranías, que algunos utilizan para justificar sus posiciones políticas actuales y como arma de combate ideológico frente a sus oponentes.

La historia, efectivamente, se convirtió en los antiguos países comunistas, desde los primeros momentos de la transición a la democracia, a finales de los ochenta, en un tema central de debate público. Conociendo lo trágica y compleja que fue la de Hungría en el último siglo, no resulta extraño que los sucesos del pasado proyecten inevitablemente su larga sombra sobre el presente. La sombra de las botas de Stalin, del nazismo y de la persecución a los judíos.

Hungría comenzó la I Guerra Mundial formando parte dominante del gran imperio de la monarquía de los Habsburgo y la acabó derrotada, con una paz impuesta por los poderes vencedores en el tratado firmado en el edificio Trianon de Versalles, por el que perdió dos tercios de su territorio y la mitad de su población. Más de tres millones de húngaros se convirtieron, como consecuencia de las nuevas fronteras establecidas por los vencedores, en una minoría oprimida bajo la jurisdicción de los países vecinos.

Ese trauma, que tuvo un impacto profundo entre las élites políticas, intelectuales y militares, no quedó ahí. Desarmada, aislada políticamente, con una economía deshecha, y odiada por sus vecinos, Hungría vivió una posguerra turbulenta, con una revolución comunista, dirigida por Béla Kun, que puso en marcha durante unos meses de 1919 una república soviética, echada abajo por los terratenientes y el ejército rumano, y que dio paso a la dictadura del almirante Miklós Horthy, la primera de corte derechista que se estableció en Europa.

El largo periodo de gobierno autoritario y ultranacionalista de Horthy, mantenido sin demasiados problemas durante sus primeros 20 años, dio un cambio radical con su decisión de meter a Hungría en la II Guerra Mundial al lado de la Alemania nazi. Si la primera de esas guerras había resultado traumática, la segunda la superó. Decenas de miles de húngaros murieron en el frente ruso, medio millón de judíos fueron trasladados a campos de exterminio tras la ocupación de Hungría por las tropas alemanas en marzo de 1944, en medio de la orgía de sangre desatada por el Gobierno títere de Ferenc Szálasi, el líder del movimiento fascista de la Cruz Flechada. Los combates entre nazis y soviéticos en suelo húngaro acabaron con la victoria final del Ejército Rojo el 4 de abril de 1945.

La dictadura comunista que siguió a la guerra cambió de nuevo de forma brusca y violenta la historia de Hungría, con una primera etapa de estalinismo extremo bajo la dirección de Matyas Rakosi y una segunda, "el comunismo goulash" (1963-1985), presidida por János Kádár, que combinó la mano dura con la creación de una amplia red de beneficios sociales. Después de más de cuatro décadas de represión, las diferentes tradiciones políticas habían quedado borradas. Los nuevos grupos políticos establecidos a partir de 1989 dejaron muy clara su intención de enterrar el sistema comunista y de reemplazarlo por el capitalismo y la democracia parlamentaria.

Los símbolos externos que recordaban a los héroes comunistas, centenares de monumentos y estatuas, se convirtieron en objeto de disputa. Y aunque una parte de la población defendió la solución más drástica, su destrucción -la que se adoptó, por cierto, en otros países, tras la caída de las dictaduras en los años setenta y ochenta-, el Ayuntamiento de Budapest decidió crear un parque de memoria, a las afueras de la ciudad. Inaugurado en junio de 1993, en él se exhiben algunos de los monumentos más representativos del dominio comunista, lo que proporciona al visitante una excelente oportunidad, casi única en el mundo, de procesar visualmente una parte del pasado traumático más reciente y de analizarlo críticamente.

Mucho más problemático resultó para esos nuevos grupos y actores políticos forjar sus identidades, acotar sus ideologías y atraer a un electorado hasta entonces inexistente. Para lograrlo, tuvieron que demostrar, porque así se construyen las identidades políticas, su relación con los periodos, acontecimientos y personajes más emblemáticos de la historia de Hungría. Y ahí es donde empezó un conflicto, todavía no superado, para apropiarse del pasado y demostrar afinidad o rechazo hacia algunas de las tradiciones históricas nacionales.

Mientras la izquierda luchaba por distanciarse del pesado legado del comunismo, la derecha buscaba demostrar que había una tradición conservadora, rota por dos ocupaciones extranjeras de Hungría, la nazi y la soviética, protagonizadas por dos ideologías totalitarias ajenas a la tradición política del país. De acuerdo con esa visión de la historia, desde el injusto tratado de paz de Trianon dictado por las potencias occidentales tras la I Guerra Mundial, Hungría tuvo "el castigo como destino", en expresión de Jószef Antall, el primer presidente elegido democráticamente tras la caída del comunismo. Solo así se explica el fracaso del liberalismo y de la democracia, la radicalización de la política, el patriotismo de Horthy, atrapada como quedó la nación, luchando por su independencia y soberanía, entre dos terribles y violentos superpoderes totalitarios. Y fue, por supuesto, un factor externo, la ocupación nazi, el que justifica la parte de la historia más complicada de explicar para los conservadores: la persecución de los judíos, iniciada ya con Horthy, y el desarrollo fatídico de los hechos que llevó a la conquista del poder de los fascistas húngaros de la Cruz Flechada en octubre de 1944.

La manifestación más clara de esa interpretación de la historia se exhibe de forma permanente en el Museo del Terror, inaugurado en 2001 bajo el amparo oficial y guía ideológica del entonces, y actual, jefe de Gobierno y líder del partido conservador Fidesz, Viktor Orbán. Es la historia de dos terrores, dos dictaduras, la fascista de la Cruz Flechada y la comunista, resultado de la pérdida de independencia del país, primero en 1944 y después en 1948, que maltrataron a Hungría, separándola del buen camino, con el Holocausto y la tiranía. Y para acoger esa historia de crímenes monstruosos se ha elegido el edificio neorrenacentista del número 60 de la elegante calle Andrássy, construido en los años ochenta del siglo XIX, y que fue el cuartel general, de detención y tortura, del partido fascista de Szálasi y, posteriormente, de la policía secreta comunista hasta 1956.

Son maneras de ver y manipular la historia. En vez de enfrentarse de verdad a los diferentes y terribles pasados, se elaboran historias para el uso y la tranquilidad de quienes quieran o sientan la necesidad de identificarse con ellas. No son los hechos históricos los que se investigan y discuten, sino la interpretación de esos hechos que mejor sirve a los gobernantes y grupos políticos para montar una versión oficial de la historia, utilizando los museos como modelo de educación y celebración. Y después dicen que la historia ya es pasado y que hay que mirar al futuro.

Julián Casanova es autor de Europa contra Europa, 1914-1945 (Crítica).


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JORNADES D’ESTUDI (Del 3 al 11 de desembre de 2011) LA GUERRA CIVIL DE 1936 A QUERETES

JORNADES D’ESTUDI       (Del 3 al 11 de desembre de 2011)

 

LA GUERRA CIVIL DE 1936 A QUERETES


Desfilada pel raval de Sant Joan (actual Plaça Pascual Buendia), 1938.

 

1.- Tres xerrades didàctiques i divulgatives


1a SESSIÓ (dia 3, dissabte a les 19 hores):

- La II República espanyola a la localitat de Queretes (1931-1936)
- La insurrecció militar (del 18 al 25 de juliol de 1936)

2a SESSIÓ (dia 6, dimarts a les 19 hores):

- El període revolucionari (del 26 de juliol al 31 d'agost de 1936)
- El període anarquista durant la guerra (de setembre del 36 a l'agost del 37)
- El període socialista durant la guerra (de setembre del 37 a 1 d'abril del 38)

3a SESSIÓ (dia 8, dijous a les 19 hores):

- El període bèl·lic i la batalla de l'Ebre (de 2 d'abril del 38 a l'1 d'abril del 39)
- El nou règim franquista.
- La postguerra

2.-  Exposicions  i projecció de pel·lícules

 

3.- Col·laboren:

·        Ajuntament de Queretes

·        Taller d’arqueologia i història de l’Associació Medievo de Queretes

·        Associació Ilercavònia de Queretes

·        Associació Gent Jove de Queretes

·        Associació Cultural del Matarranya

·        Llibreria Serret Vall-de-roures

·        Associació cultural La Bresca, Arnes


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El Pais: El valor de la educación por Julian Casanova



TRIBUNA: JULIÁN CASANOVAS

El valor de la educación

 

JULIÁN CASANOVAS 15/09/2011

Cada vez está más claro que nuestra riqueza nacional obtenida en los largos años dorados del boom inmobiliario no fue a parar a la educación. La educación, como podemos comprobar un día sí y otro también, no es una de nuestras glorias nacionales, a diferencia, por ejemplo, del fútbol o, hasta no hace mucho, de los toros. Y aunque los políticos suelen hablar de la educación, la mayoría de ellos no sienten ninguna devoción hacia ella y prefieren, por el contrario, estimular la ignorancia, la burricie y la estupidez.

 
 

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Es un privilegio que no puede dejarse en manos de burócratas que desprecian a los profesores

La educación en España provoca mucho ruido y poco debate. En términos generales, nuestros políticos sienten atracción por el poder, la comunicación, es decir, salir mucho en los medios, y por sus votantes, aunque solo por los más fieles. Como para lograr todo eso no necesitan estudiar, sentir el amor por el conocimiento, la educación les trae sin cuidado. Hablan, eso sí, de formación, pero, en realidad, quieren decir preparación, adquirir crédito profesional a través de un título, ganar dinero fácil y con rapidez. La formación es otra cosa.

Como ocurre con casi todo en la vida, no hay una única y simple verdad sobre la educación, pero hay un acuerdo bastante básico entre los especialistas en señalar que la educación significa el desarrollo integral de los individuos más allá de la preparación profesional, algo que incluye necesariamente comprender la naturaleza de las cosas y el mundo que nos rodea. La educación es una guía imprescindible para captar los entresijos de la sociedad tan compleja que hemos creado. Conocimiento, respeto por las personas y ambición por ampliar los estrechos horizontes de la pequeña comunidad de vecinos, familia y amigos en la que cada uno habitamos. Esas son tres cualidades básicas de la educación.

Con el trasfondo de la cruda crisis económica y de las altas tasas de paro que padecemos, a muchos les gusta repetir hasta la saciedad que nunca ha habido una generación tan bien formada como los jóvenes en la actualidad, lo cual, vista la historia de España de la mayor parte del siglo XX, no significa gran cosa. Ese tópico, un lugar común bastante generalizado también en los medios de comunicación, en las tertulias y en la calle, es el resultado, por un lado, de la confusión entre preparación profesional, aunque sea chapucera, y formación; y por otro, de un desconocimiento agudo y preocupante de lo que significa la educación.

Una persona educada debe ser capaz de pensar y escribir con claridad, comunicar con precisión y pensar críticamente, algo que debería ser un requisito imprescindible para los estudiantes universitarios. No hace falta conocer mucho las universidades españolas ni ser un especialista en educación para comprobar lo lejos que estamos de esa primera y fundamental premisa.

Una buena educación, además, debe proporcionar una apreciación crítica de las formas en que obtenemos el conocimiento y la comprensión de la sociedad, conocimientos básicos de los métodos experimentales de las ciencias, de los logros sociales, artísticos y literarios del pasado, de las principales concepciones religiosas y filosóficas que han guiado la evolución de la humanidad. No se puede ser provinciano, solo del pueblo o ciudad donde uno ha nacido, sin aspirar a aprender de verdad otros idiomas, ignorando a las otras culturas o los hechos históricos que han contribuido a configurar el presente. La educación debería servir también, por supuesto, para adquirir especialización o formación profesional en algún campo de conocimiento. De una persona educada, en fin, se espera que tenga algún conocimiento sobre los problemas éticos y morales, en constante cambio, que pueda ayudarle a formarse un juicio sólido y elegir entre las diferentes opciones.

El salto de la mera preparación, de un conocimiento informado, a una apreciación crítica de las cosas, a la formación profunda, puede resultar una ambición inalcanzable, pero hay que perseguirla con ahínco a través del estudio continuo, del estímulo del hábito de la atención, del arte de la expresión y del pensamiento crítico. Desarrollar los poderes del razonamiento y del análisis no es algo que se estimule mucho entre nosotros, dominados como estamos por la mentalidad de los tecnócratas y de los corredores de Bolsa, que animan a obtener beneficios inmediatos, con un desconocimiento supino de lo que significa organizar la enseñanza a largo plazo.

La educación es un privilegio que no puede dejarse en manos de los burócratas, de los amantes de las estadísticas y del currículo, de quienes desprecian a los profesores y limitan su autoridad ante los alumnos, los padres y la sociedad en general. En los tiempos en que vivimos, rodeados de ordenadores y tecnología moderna, la información puede adquirirse sin demasiada dificultad. La educación necesita mucho más, aunque en España todavía no nos hayamos enterado.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.


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EL PAIS: Lo que enseña la historia por Julian Casanova autor de Europa contra Europa, 1914-1945 (Editorial Critica).

TRIBUNA: JULIÁN CASANOVA


Lo que enseña la historia

Europa acabó el siglo XX con una estabilidad y prosperidad sin precedentes. Atrás habían quedado las guerras, las dictaduras y los tiempos de odios, superados la mayoría de los conflictos étnicos y disputas territoriales que la habían conducido al abismo entre 1939 y 1945 y que reaparecieron en Bosnia y Kosovo en los años noventa. La consolidación de la democracia fue acompañada de notables avances económicos, derechos civiles y libertades. Los ciudadanos dejaron de estar discriminados por su raza, género o condición y disfrutaban de un amplio sistema de beneficios sociales. No era el paraíso, pero comparado con el pasado y con lo que se veía en otros continentes, muchos tenían la sensación de estar viviendo en el mejor de los mundos posibles.

 
 

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La ultraderecha no es la causa de la crisis de la democracia, pero puede ser su principal beneficiaria

Todo parece estar cambiando en los últimos años. La crisis económica, con sus consecuencias sociales y psicológicas, está metiendo de lleno a las democracias en una grave crisis política. La crítica a los políticos y a la democracia gana terreno al calor de la crisis económica. Gradualmente, se está abriendo una sima entre los Gobiernos, incapaces de ofrecer salidas firmes a la crisis, y aquellos ciudadanos que más la sufren. La política se mueve hoy entre aguas turbulentas, agitadas por la corrupción, el enriquecimiento fácil y la ambición por el poder, mientras que el orden político que propició esa edad de oro de la democracia se resquebraja.

Si la crisis económica, el paro y los recortes sociales no encuentran fin, los conflictos en torno a la distribución de la riqueza desafiarán a los Estados democráticos. Lo estamos viendo ya ahora: quienes realmente aumentan el poder en este escenario ya no son las instituciones políticas democráticas, nacionales o europeas, sino las agencias de calificación, los bancos y los especuladores, que tienen mucha más fuerza que los Parlamentos y que los órganos de representación de los ciudadanos.

Así puede germinar la semilla de la ultraderecha, en medio de la crisis económica, de la incompetencia de las autoridades establecidas para remediar los males de la sociedad, con la urgente necesidad por parte de los Gobiernos y Parlamentos democráticos de reestablecer la confianza en las instituciones. Las organizaciones ultraderechistas aprovecharán la ocasión para presentar la crisis como un resultado de la inutilidad del sistema democrático. Ya no necesitarán tomar el poder por procedimientos armados, como sucedió en los años veinte y treinta del pasado siglo. Bastarán algunas mentiras propagadas hasta la saciedad, unas cuantas maniobras políticas, e instalar en la opinión pública el miedo y la idea de que son las únicas que pueden arreglar los problemas, aportar seguridad frente al desorden.

Tampoco parece lo más probable que el crecimiento ultraderechista se manifieste hoy en forma de marea imparable, como lo hizo tras la I Guerra Mundial, pero la historia de aquel turbulento periodo nos ofrece enseñanzas inequívocas, que algunos ignoran o menosprecian y a otros muchos les resulta incómodo recordar.

Los partidos ultraderechistas y fascistas pasaron en poco tiempo de tener un arraigo modesto en la sociedad a convertirse en organizaciones gigantescas. Los primeros afiliados pudieron llegar a ellas atraídos por las ideas, las promesas o el activismo violento del movimiento, pero detrás de los millones de ciudadanos que acudieron tras la conquista del poder había consideraciones más pragmáticas sobre las ventajas políticas y sociales de dar ese paso. Se trató también de una movilización de los desafectos frente a los partidos ya establecidos, desacreditados por su asociación con la democracia y por su fracaso a la hora de poner remedios a sus quejas.

Para llegar al poder, o para conseguir sus objetivos, tuvieron que atraer, no obstante, a los sectores más conservadores y respetables de la sociedad. A los fascistas, nazis o ultraderechistas siempre les fue mejor, o tuvieron el camino más despejado, donde no había lealtades ideológicas u organizativas anteriores. Y una buena parte del atractivo que tuvieron se debió al rechazo a la "época obsoleta" del liberalismo y de la democracia y a la idea de que algún tipo de "nuevo orden" debía sustituir al parlamentarismo y a la política de partidos.

La ultraderecha no es en la actualidad la causa de la crisis de la democracia, pero puede ser su principal beneficiaria si se continúan alimentando las percepciones negativas sobre la política y los discursos sobre la necesidad de una autoridad fuerte. Los partidos democráticos de derecha, que hoy parecen tan inmunes a esos cantos de sirena, sentirán la presión de la retórica populista, de sus sectores políticos y medios de comunicación más radicales, que les marcarán la agenda política y les exigirán más poder para ellos y para los intereses que representan. La idealización y ensalzamiento de cualquier protesta frente a la inservible democracia darán gloria y prestigio a quienes hoy están prácticamente fuera del sistema. A no ser que los partidos políticos democráticos dejen de ser solo maquinarias para la distribución del poder, atiendan las necesidades de los ciudadanos, impongan el gobierno de la ley y de los derechos civiles y cierren las puertas a la intolerancia.

 

Julián Casanova es historiador, autor de Europa contra Europa, 1914-1945 (Editorial Critica).

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