Maria Teresa Casanova i Gurrera.
Secretària.
Gandesa, 19 de Gener de 2010.
Conferència de presentació del projecte de recerca de la Universitat de Girona “Èxodes de la Guerra Civil (Comarques Gironines)”, dirigit per Anna Maria Garcia Rovira.
La conferència L'altre exili. L'èxode de la Dreta gironina durant la Guerra Civil (1936-1939) serà a càrrec de Marc Auladell i Agulló, Rubèn Doll Petit i Jordi Rubió Coromina, autors del projecte (secció “exili de 1936”).
El projecte “De l’Ebre als Pirineus : Guerra Civil i Primera Postguerra” – Èxodes de la Guerra Civil (Comarques Gironines) ha rebut el finançament de l’AGAUR dins del marc del AJUTS EBRE 2007, per a projectes adreçats a inventariar llocs, documentar testimoniatges i recopilar documentació historiogràfica amb relació a la Guerra Civil Espanyola (1936-1939) i la Primera Postguerra.
Dia: divendres 26 de febrer a les 19 h.
Lloc: Sala d’actes dels Serveis Territorials de Cultura, c. Ciutadans 18, baixos- Girona
Organitza: Arxiu Històric de Girona amb la col·laboració dels Serveis Territorials de Cultura de Girona


JULIÁN CASANOVA 13/02/2010
La sombra de la dictadura de Franco es alargada. No resulta fácil olvidar ese periodo prolongado de autoritarismo, sus miles de asesinatos, sus humillaciones, torturas y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Pero, precisamente por esas mismas razones, hay también muchas personas que no quieren que se recuerde.
El proceso para suspender de sus funciones al juez Baltasar Garzón es la última proyección oscura que el franquismo nos lanza más de 30 años después de su muerte oficial. Dicen que Garzón tiene pocos amigos en el Consejo General del Poder Judicial, cuya Comisión Permanente es la que ha acordado por unanimidad iniciar los trámites para esa suspensión; que algunos no le perdonan sacar a la luz los trapos sucios del caso Gürtel; y que otros tienen con él viejas disputas que saldar. Pero todo comenzó, recordémoslo, cuando en mayo del año pasado el Tribunal Supremo admitió a trámite una querella contra Garzón por asumir la investigación de los crímenes del franquismo.
La democracia española y sus principales instituciones tienen un serio problema con las historias y recuerdos que afloran de la República, de la Guerra Civil y de la dictadura. Y todo se resume en un déficit de educación democrática y, como consecuencia de él, en la persistencia en el falseamiento de la historia, en no haber sabido poner en marcha políticas públicas de memoria para aprender de ese pasado.
Aprender, por ejemplo, de la Segunda República, un régimen sobre el que se pueden hacer diferentes valoraciones, pero que, en cualquiera de los casos, y comparado con lo que siguió, merece un puesto de honor en la historia de la política del siglo XX español. Nunca lo creyeron así los políticos de la Transición y nadie desde los poderes de la democracia actual se atreve a defenderla, pese a que España fue durante cinco años, el tiempo que los militares golpistas permitieron, una República parlamentaria y constitucional, con elecciones libres, sufragio universal y gobiernos responsables ante las Cortes. Casi nadie recuerda a sus dirigentes, muertos la mayoría de ellos en el exilio, a quienes presidieron sus instituciones, hicieron sus leyes y dieron el voto a todos los ciudadanos, incluidas las mujeres.
España comenzó los años treinta con una República y acabó la década sumida en una dictadura derechista y autoritaria. El discurso del orden, de la patria y de la religión, se impuso al de la democracia, la república y la revolución. La larga dictadura de Franco, que mató, encarceló, torturó y humilló hasta el final, durante cuatro décadas, a los vencidos, resistentes y disidentes, culpó a la República y a sus principales protagonistas de haber causado la guerra, manchó su memoria y con ese recuerdo negativo crecieron millones de españoles en las escuelas nacionales y católicas. Nada hizo la transición a la democracia por recuperar su lado más positivo, el de sus leyes, reformas, sueños y esperanzas, metiendo en un mismo saco a la República, la guerra y la dictadura, un pasado trágico que convenía olvidar.
Bastaron, sin embargo, tres años de guerra para que la sociedad española padeciera una oleada de violencia y desprecio por la vida del otro, por la deshumanización del contrario, sin precedentes. Por mucho que se hable de la violencia que precedió a la Guerra Civil, para tratar de justificar su estallido, está claro que en la historia del siglo XX español hubo un antes y un después del golpe de Estado de julio de 1936. Además, tras el final de la Guerra Civil en 1939, lo que se instaló en España durante mucho tiempo fue una historia de propaganda, mentiras, intimidación y crimen.
El juez Baltasar Garzón pidió investigar las circunstancias de la muerte y el paradero de decenas de miles de víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco, abandonadas muchas de ellas por sus asesinos en las cunetas de las carreteras, junto a las tapias de los cementerios, enterradas en fosas comunes, asesinadas sin procedimientos judiciales ni garantías previas. Como los poderes políticos nunca tomaron en serio el reconocimiento jurídico y político de esas víctimas, fue un juez quien tomó la iniciativa, el mismo, por cierto, que actuó contra los GAL, envió a prisión a cientos de terroristas de ETA u ordenó el arresto de Augusto Pinochet.
En vez de permitir que ese pasado de degradación y asesinato político se investigue, de intentar comprender y explicar por qué ocurrió, condenarlo y aprender de él, un sector de jueces, de políticos y medios de comunicación se muestran encantados con la idea de sentar en el banquillo a Baltasar Garzón, inhabilitarlo durante el tiempo suficiente para darle la jubilación.
La posible inhabilitación de Garzón no hará desaparecer el recuerdo, el verdadero rostro de esa dictadura asesina, porque nadie ha encontrado todavía la fórmula para borrar los pasados de tortura y muerte, que vuelven una y otra vez. Servirá para demostrar, eso sí, la indiferencia y desprecio que algunos poderes siguen mostrando desde la democracia hacia la causa de esas víctimas y de todos aquellos que quieren honrarlas.
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.
PAULA CORROTO - MADRID - 07/02/2010 08:00
"Madrid fue la ciudad más castigada de la Guerra Civil española. Estuvo asediada y sufrió un cañoneo constante". El periodista y escritor madrileño Guillermo Galván tiene claro que Madrid debería estar en los libros de Historia a la misma altura que otras ciudades que sufrieron encarnizados hostigamientos como Stalingrado. "Aquella resistencia fue uno de los momentos más épicos que ha vivido este país, y el espíritu de rebeldía y resistencia de los madrileños no se ha dado en muchos lugares", apostilla.
Este espíritu del "no pasarán" de Dolores Ibárruri es el que ha narrado en su más reciente novela Antes de decirte adiós (Suma de Letras). En ella se relatan los cuatro días previos a la entrada de las tropas franquistas. A través de cuatro soldados republicanos que deben rescatar un cadáver para enterrarlo en zona libre, el lector transita por calles y barrios tan castizos y destrozados como Lavapiés, el paseo de Extremadura, la calle de Segovia o Atocha. "He partido de los recuerdos de mi padre, que vivió en esa zona", explica el autor, quien también se ha esforzado por plasmar en la novela el lenguaje de la época.
¿Queda algo de aquel Madrid resistente? Para el escritor, es evidente que en la ciudad se ha instalado, desde hace ya años, un clima acomodaticio, "aunque eso le ha ocurrido también a otras ciudades", añade.
Además, también reconoce que en este proceso de pérdida de rebeldía "influyó mucho su pasado franquista, que nunca intentó fomentar la idea del Madrid resistente. De hecho, del "no pasarán crearon el pasadoble Hemos pasao, hemos pasao.
La novela de Galván tiene una segunda parte que comienza en 1961. A partir de ese momento, se desarrolla una trama de intriga en la que un policía de la Brigada de Extranjería de Madrid empieza a toparse con lo que significó para muchos vencidos la victoria de Franco. "Tras la guerra, la represión que sufrió la ciudad fue aún más dura. Los años cuarenta son una etapa muy oscura", señala el escritor. De ahí que sostenga que no es defendible el discurso que equipara el dolor de los dos bandos. "Está claro que durante la guerra se sufrió en ambas partes, pero lo que no se puede defender es que después la gente fuera fusilada sin juicio previo o que desapareciera tantísima gente. Quien padeció fue el bando vencido".
Galván cree que todavía no se ha contado todo de la guerra. Que hay muchas pequeñas historias de héroes anónimos. "La Guerra Civil es todavía un filón", remacha.

Sinopsis
Seguramente no hay otra época que más atención haya recibido por parte de los historiadores de dentro y fuera de nuestras fronteras y que cuente con un número mayor de buenas monografías y sólidas visiones de conjunto. Obras clásicas que han resistido bien el paso del tiempo, colecciones en varios volúmenes que estudian con detalle los diferentes períodos y manuales exhaustivos que abordan en profundidad los aspectos políticos, sociales, económicos y culturales del siglo que hemos dejado atrás.
Pero un lector no especializado, un estudiante universitario o un extranjero curioso que quiera acercarse a la historia más reciente de España tiene dificultades para encontrar un texto que en pocas páginas presente los acontecimientos fundamentales y los problemas más importantes de un siglo complejo y diverso, controvertido y polémico, apasionado y apasionante. Un siglo de reyes y dictadores, de tradición y revolución, de experiencias democráticas y conflictos violentos, de ideologías enfrentadas y valores compartidos, de campesinos convertidos en soldados y en ciudadanos, de profundas transformaciones que han cambiado de arriba a abajo el Estado y la sociedad. Y también, una parte de la historia de Europa, las luces y las sombras del siglo de la civilización y la barbarie.
Ese es el espacio que pretende ocupar este libro, una obra que combina el relato con el análisis, el ritmo de la narración con la pausa de la interpretación, el detalle de los acontecimientos con la actualización científica. Más que un manual de consulta es un libro de lectura y reflexión que invita a leer otros libros, a interesarse por el conocimiento histórico de nuestro pasado, un arma, como decía la poesía, cargada de futuro.
Públic i crítica han coincidit amb Hosseini. Als països on s’ha publicat, Nens de la revolució ha guanyat o ha estat finalista en multitud de premis. La novel·la ha merescut, entre d’altres, els guardons: Guardian First Book Award, Los Angeles Times Book Prize, Prix du Premier Meilleur Roman Étranger i New York Times Notable Book.
es emigrants africans, amb els quals comparteix una amarga nostàlgia pel continent on van néixer. Els tres passen les nits bevent whisky a la botiga i fent bromes sobre els dictadors més destructius del continent africà i les inacabables revolucions.