MATAR UN RUISEÑOR

En 1936, cuando tenía diez años de edad, Nee Harper Lee vivió una experiencia que impresionó fuertemente su sensibilidad -tenía una personalidad inteligente y observadora- y se quedó en su memoria durante el resto de su vida. En 1961 -con 25 años- publicó un libro en el que narraba sus vivencias infantiles en un pueblecito del sur de Estados Unidos, en Alabama, y aquella experiencia que había, de alguna manera, cambiado la vida. Ese mismo año recibió el Premio Pulllitzer por su libro y al año siguiente el director Robert Mulligan realizó una película, protagonizada por Gregory Peck, (y la niña Mary Badham, como la propia Harper) que recibió tres Oscars y lanzó al estrellato de la fama y la fortuna a la joven autora y su primera novela titulada "Matar a un ruiseñor". Fue la única novela publicada de Harper Lee hasta el 15 de julio de 2015, cuando se lanzó "Ve y pon un centinela", novela que dormía el sueño de los justos en un cajón de Harper durante 55 años hasta que se decidió a publicarlo. En ella se narra la vida joven y adulta de Jean Luise Finch (Scout) la protagonista de Matar un ruiseñor (y ha sorprendido a todo el mundo por ofrecer una visión de su padre, el abogado viudo Atticus Finch en la primera novela, el gran héroe antirracista, íntegro y ético de los norteamericanos, convertido en un viejo gruñón...y bastante racista). La novela está inspirada en las inocentes pero agudas observaciones que la niña Scout hace de sus vecinos en el pequeño pueblo sureño y de sus aventuras con su hermano un poco mayor y un sobrino de su edad que les visita a menudo. Pero también se convierte (por la experiencia que anunciábamos) en uno de los más serios y honestos alegatos contra el racismo que se han escrito jamás. La historia de una presunta violación de una joven blanca y el hombre de color al que acusa de haberlo hecho se convirtió en un escándalo que conmovió al pueblo y a todo el territorio circundante (recuerden que son tiempos de leyes racistas, de imposición social de la desigualdad más violenta e injusta, de agresiones y grupos como Ku Klux Kan). El padre de la niña protagonista, un abogado liberal y honesto, Atticus, es el encargado de defender al negro que a todas luces es inocente. Y eso hará surgir todo el odio y la violencia de una parte de la población que llegará a salpicar a la familia Finch, ante la sorpresa, el dolor y la indignación de la niña y de su hermano, Jem. Es pues un "bildungsroman", una novela de iniciación, de pérdida de la inocencia, de toma de partido, de coraje y de compasión. "Matar un ruiseñor" ha tenido una historia curiosa, al margen de sus valores literarios y humanos. Durante años fue lectura obligatoria en las escuelas norteamericanas, como ejemplo de tolerancia e integridad moral y condena de los prejuicios de la índole que sean. No obstante, la novela también ha sido objeto de campañas para su retirada de la escuela pública, "por el uso que hace de epítetos raciales". Hay pocos estudios sobre la novela, pero alguno de ellos señalan que los personajes negros no se exploran ni literaria ni psicológicamente con la profundidad que se hace con los blancos. Todo esto me parece como cuando la serpiente racista se muerde la propia cola y también un absurdo olvido de las circunstancias históricas de la novela, cómo y cuándo se escribió. En fin, siempre hay gente que le gusta sacar punta a lo que no debe tenerla. . En cualquier caso el lector de estas líneas haría muy bien en comprar alguna de las muchas ediciones que hay de la novela, si no la ha leído ya. Es una novela inteligente, divertida, tierna e indignante con un personaje, Atticus, ante el que hay que sacarse el sombrero y añorar el hecho de que no haya muchos hombres como él. Precisamente es el autor de una frase que da sentido al título "matar a un ruiseñor" (aunque luego saldrá dos veces más, la última cerrando la historia, pronunciada por Scott, la encantadora niña narrradora) FICHA Matar a un Ruiseñor (To Kill a Mockingbird).- Harper Lee.- 10,00€.- 416 págs. 416.-ISBN: 9788498722734
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ALLEGRO, MA NON TROPPO

Carlo M. Cipolla es un notable investigador en campos científicos como la historia y la economía, profesor en universidades europeas y norteamericanas y autor de enjundiosos títulos como "Historia económica de la población europea", "Historia económica de la Europa preindustrial y "Entre la historia y la economía". Sus estudios se han especializado en la historia de la moneda y el funcionamiento de las economías preindustriales. Pero además de un erudito de trayectoria impecable y austero carácter científico, Carlo M. Cipolla es un hombre con sentido del humor, alejado de la crítica feroz y la ironía despellejadora y mordaz. Humor del bueno, pariente lejano de Swfit, Chesterton, Twain o Sterne. Así que un día, ni corto ni perezoso, al amigo Cipolla, tal vez como actividad relajante, se le ocurre escribir dos pequeños ensayos en los que de una forma muy inteligente -el humor sólo puede ser inteligente- pergeña una parodia de su propio trabajo investigador para divertir a sus amigos y divertirse él mismo.Hace una edidicón privada de unos pocos ejemplares y los reparte entre sus conocidos. En cuestión de meses se produce una difusión enorme de sus dos ensayos ya que sus amigos los prestan una y otra vez, se hacen fotocopias y con una celeridad de los tiempos de Internet , aún recién nacidos, se van difundiendo en escala geométrica.Ante este fenómeno, Cipolla se decide a publicarlos en edición venal en Italia (1988) y logra un éxito de ventas. Las traducciones a diferentes idiomas se suceden y en toda Europa y Estados Unidos el boca-oido logra un fenómeno que conocemos en estos tiempos digitales como "viral". Ha nacido un libro de culto. Luego vendrá el periódico vaivén de la popularidad, tan efímera a menudo, entre los libros y este libro divertidísimo cae más o menos en el limbo previo al olvido.Pero en una librería de viejo encontré un ejemplar y aquí estamos. El libro está en las principales cadenas de venta, dormido pero presente y seguramente su librero favorito podrá dar con él sin dificultad, ¿no es cierto Octavio Serret? El ingenioso Cipolla decide aplicar ese principio tan contemporáneo de su especialidad, la Economía, aplicando ecuaciones que reflejen las pautas de la conducta humana, aplicando junto a la historia métodos inductivos que provocaría la aparición de un "pseudocientifismo" que, junto a numerosos logros, trajo consigo ciertos problemas derivados de la aplicación de los métodos científicos a objetos de estudio banales o acusadamente irónicos desembocando en hipótesis descabelladas y absurdas pero perfectamente encuadradas en análisis lógicos y coherentes en sí mismos. De esta guisa Cipolla , en el primero de los ensayos, justfica de manera científicamente razonable que una especie, la pimienta, ha provocado cambios esenciales en la historia de la Humanidad desde los egipciones, causando una formidable dinámica de cambio que justifican y aclaran las crisis demográficas, las Cruzadas y otros acontecimientos que la historiografía tradicional ha considerado efecto de causas muy distintas y aparentemente más racionales. Cipolla aporta el método científico básico: dada una determinada hipótesis de trabajo, se buscan y aporatn los argumentos que la justifican. Una vez contratada, la hipótesis se da por verdadera. Y así ocurre con el papel dinamizador histórico de la pimienta. Para el segundo ensayo, "LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA", la cosa se pone aún más estupenda como diría Max Estrella.Usando las herramientas retóricas y científicas aportadas por las Matemáticas en la Economía Cipolla propone la hipótesis de que el número de estúpidos es incalculable y que los estúpidos están más cerca de nosotros de lo que creemos. Usando el poder de convicción práctica de estadísticas y gráficos economico, Cipollea propone una serie de leyes fundamentales de la estupidez humana: 1.-Siempre e inevitablemente se suele subestimar el número de individuos estúpidos en circulación; 2.-La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona;3.-El estúpido es más peligroso que el malvado;4.- El mundo está formado por incautos, malvados, estúpidos e inteligentes. Con algunas porciones de estupidez repartidas aleatoriamente y temporalmente entre ellos.- 5.- Las estupidez es una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humanas.6.- Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Cuando uno acaba de lectura de este breve y desternillante opúsculo es presa de un sentimiento vago pero alarmante: si la propuesta "científica" no fuera tan claramente un despropósito irónico y algo mordaz, tipo la "propuesta" de Jonathan Swift de servir en la mesa de los ingleses a recién nacidos irlandeses bien asaditos para paliar la hambruna irlandesa provocada por el exceso de población y la escasez de alimentos, ¿habríamos sido capaces de advertir la línea entre el fraude pseudoerudito y la certeza científica? ¿Habremos dado por racionales y verdaderas las conclusiones de Cipolla amparadas por argumentos tan ingeniosamente utilizados? Respóndase a sí mismo con sinceridad, querido lector. FICHA Allegro ma non troppo.- Carlo M. Cipolla.-Tras. Maria Pons.- Ed Crítica.-ISBN 9788474235098
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PIEDRAS

¡¡¡Qué delicia!!! No conocía este libro pero no me ha sorprendido que fuera el polimórfico, irreverente, imaginativo y sorprendente Roger Caillois (escritor y crítico social francés, nacido en 1913 y fallecido en 1978) el que se atreviera con esto, lejos de geólogos, geógrafos y otros especialistas. Pura literatura y en muchas ocasiones pura poesía. Son unas doscientas páginas en un volumen en cuarto de folio, de los que la editorial Siruela nos brinda como un inapreciable regalo (dados su autores, temática y solvencia). Pero pasemos a esta gozada publicada en francés en 1970 (se tituló, muy acertadamente, "La escritura de las piedras") y recuperada en castellano por Siruela en el 2011 y para suerte de los despistados como yo en el cercano 2016. El libro cuenta con un revelador prólogo de Emil Cioran, el filósofo rumano-francés que falleció en los 90 en un rapto de coherencia con su filosofía pesimista y escéptica (aunque por propia confesión se sentía más cerca de los cínicos griegos y de Epicuro). Hay un punto de reverberación entre Cioran y Caillois que justifica su encendido elogio en el prólogo. Se trata de su fascinación por el simbolismo que encierra la permanencia secular de las piedras, su pertenencia al origen tectónico, al fragor inimaginable de los inicios minerales del planeta, su estólida paciencia infinita, su resistencia y la hipnótica presencia en las montañas, en los ríos y en el fondo abisal de los mares. Y no nos habla de las piedras preciosas o de las sillares de grandes edificios o los bloques de las pirámides o la pétrea ornamentación de palacios, residencias o rascacielos. Como señala acertadamente el prologuista Caillois tiene un fervor esencial por las piedras, el mineral en bruto, debido a su "nostalgia de lo primordial, la obsesión por los comienzos, por el mundo anterior al hombre, por un misterio más lento, más vasto y más serio que el destino de nuestra pasajera especie humana". Caillois nos guía por un mundo petrificado pero que esconde en su interior, en su composición interna, oculta por siglos, maravillas delicuescentes, aguas primordiales, vetas suntuosas...y nos asegura convincentemente que las piedras nos dispensan "múltiples serenidades". Y en ese párrafo comprendí mi fascinación por el texto que leía arrobado: soy de esos montañeros que se quedan como hipnotizados contemplando una falla tectónica, un caos de bloques, el perfil aguileño de una cumbre, los juegos de arcoíris de pendientes fragmentadas de las montañas orgullosas y salvajes de los Puertos y, en un juego contradictorio, mi amor por la belleza de las pequeñas piedras, al estilo de León Felipe. La belleza poética y filosófica de este texto es extraordinaria. Caillois "hila un discurso tan sencillo como lleno de sugerencia y belleza donde las piedras, los minerales, son el nexo de unión entre una forma material fría, concreta y definida, y el mundo poético e imaginativo que una piedra pueda despertar como una forma de sueño visual —y casi sensual— en el ojo humano". Para ello, repasa las páginas de la mineralogía clásica y nos habla de leyendas, mitos y símbolos, mezclando la realidad física innegable del mineral con la aspiración casi mística del observador. Como escribe Cioran: "Somos todos...fracasados de alguna aspiración mística, hemos experimentado nuestros límites y nuestras imposibilidades en medio de alguna experiencia extrema". Y así describe indirectamente la belleza de la montaña, un símbolo y una realidad física inevitable a la que afrontamos, fascinados por su llamada eterna y su presencia inamovible, presencia que nos lleva a experimentar "límites y posibilidades" que tal vez nos muestran cómo en realidad somos y a qué, en realidad, aspiramos. La intención de Caillois (“No pretendo reconocer especies, sino hacer perceptible la fuerza de una fascinación. En esta visión un tanto alucinada que anima lo inerte y va más allá de lo percibido, a veces me ha parecido captar en directo uno de los nacimientos posibles de la poesía”) queda suficientemente explícita en su obra y,a mi parecer, confirmada por el lector sensible a la faceta mineral de la belleza del mundo natural. Y como muestra un botón: "En la miel o la leche azul del ágata, a menudo las dendritas esbozan paisajes: colinas, valles o cañadas, siempre plantados de abetos que la distancia convierte en minúsculos y que se reconocen por la silueta puntiaguda...en los crepúsculos ardientes de la cornalina, dibujan una línea negra ininterrumpida; en la calcedonia sin embargo, se reagrupan en bosquecillos poco frondosos". Delicioso. Como cuando describe el interior de otra piedra : “El verde se desliza por la superficie del hierro y le añade un brillo impaciente que se estremece en el espejo sombrío como el agua al entrar en ebullición. Se encuentra ahí reverberado (¿de dónde vino?), color de ultramundo bruscamente captado y rápidamente devuelto, como el fino relámpago de un rayo minúsculo”. En resumen, un libro para atesorar. PIEDRAS.- Roger Caillois.- Trad. Daniel Gutiérrez.- Ed. Siruela. ISBN 9788416465972
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EL MUNDO MODERNO

Inteligencia e ironía tenía de sobras este escritor norteamericano nacido en 1920 y fallecido hace cinco años, a los 91 años de edad. Se definía como un narrador de cuentos con propósitos morales y no se consideraba un escritor de ciencia ficción, sino de temas y mundos fantásticos e imaginativos donde nos contaba posibilidades y desvíos de nuestra propia historia como especie. "Crónicas marcianas" y "Fahrenheit 451" son sus dos obras más populares y en ellas plantea cuestiones que rozan la metafísica y la filosofía moral. Para él la búsqueda científica de la inmortalidad es la que empuja el progreso y el afán de conocer las estrellas, aunque solía añadir con un guiño irónico "siempre que no nos llevemos nuestros pecados a los otros mundos". En 1988 publicó un libro de análisis literario que mostró el rostro auténtico (y sumamente respetable) de un escritor que leía y pensaba con inusitada profundidad (recuerden que se trata de un escritor sin formación académica, cosa que parece restar posibilidades a un ensayista, al menos sobre el papel). El libro tenía un título no muy afortunado "El mundo moderno" y un subtítulo informativamente banal: "Diez grandes escritores. Pero su contenido no tenía nada de banal y sí mucho de deslumbrante. En este volumen que publicó Edhasa en 1990 con traducción de Marco Aurelio Galmarini, Bradbury nos habla de sus lecturas de Eliot, Proust, Mann, Ibsen, Kafka, Virginia Woolf, Joyce, Conrad, Dostoievsky y Pirandello. Una mezcla heterogénea de grandes y un poco menos grandes autores de la historia literaria. A través de la amenísima lectura de este libro de ensayos literarios uno descubre el porqué del título del libro y el porqué de esa clase de elección de figuras tan escasamente parejas en calidad e importancia literaria. Recordemos que aunque no fue a la universidad, Bradbury era un lector compulsivo y su obra "Fahrenheit 451" es el más grande y poético canto al amor a los libros que se ha escrito jamás. Los ensayos publicados en este libro están basados en una serie de guiones para un programa de la televisión británica en 1988 que le fue encargado a Bradbury con la idea de mostrar visual e informativamente a una serie de escritores a los que se considera responsables del "movimiento moderno" no sólo en literatura, sino en arte, cine o arquitectura. Y así nos habla del protagonista de "Muerte en Venecia" de Mann, el famoso escritor Gustav von Aschenbach y recuerda una frase de la novela donde habla "de la necesidad que el artista experimenta de conocimiento peligroso, de presión creadora sobre sí mismo para abandonar las normas...y transgredirlas". Y eso es lo que todos y cada uno de esos creadores logró con su obra. Como , Proust, Pound o Joyce que provocaron una capital transformación de las formas, el espíritu y la naturaleza artísticas entre las dos ultimas décadas del siglo XIX y hasta la II Guerra Mundial. Y de aquella polvareda, el actual lodazal, donde como siempre crecen nenúfares entre el barro. Fue Nietzche quien dijo proféticamente (en el siglo XIX): "los hombres modernos son los hijos de un periodo fragmentado, pluralista, enfermo y espectral". Y ni siquiera soñó que a ese desequilibrio metafísico se uniría el ácido de las nuevas tecnologías que está dando el golpe de gracia a toda esa modernidad que Bradbury nos cuenta provocando ya más nostalgia que admiración. Y es que la lectura de este libro, además de hacernos desear volver a leer o empezar a leer a esos autores, nos da una lección actualísima sobre el movimiento cultural como dinámica reiterativa. Si Ibsen nos dice "no hay pensamiento alguno que dure hoy más de veinte años" en su "Un enemigo del pueblo", escrito a finales de 1800, para significar esa movilidad destructiva de la modernez artística, ¿se imaginan la cara que pondría al ver que la vida media de cualquier producto cultural o tecnológico en nuestros días no pasa de dos semanas? O la frase de Virginia Woolf cuando escribía emocionada, "alrededor de 1910 , el carácter humano cambió de pronto" o los comentarios a los efectos "terminales" de la I Guerra Mundial, cuando D.H. Lawrence afirmaba "El mundo concluyó en 1915". Da un poco de vértigo comprobar la aceleración suicida de nuestro mundo actual comparado con aquél que evoca este libro a través de unos escritores que suman inteligencia, conocimiento, sensibilidad y genio creativo. FICHA EL MUNDO MODERNO.-DIEZ GRANDES ESCRITORES.- Malcom Bradbury.- Trad. Marco Aurelio Galmarini. Edhasa. 325 págs. ISBN 9788435014380
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EXAMEN DE INGENIOS

Noventa y un años tiene la criaturita. El jerezano Caballero Bonald, a estas alturas de la jugada vital, no se anda con chiquitas ni tiene por qué ni para qué. Me ha encantado este "Examen de ingenios" que acoge el título del famoso (entre los lletraferits y estudiosos de la literatura clásica castellana) libro de Huarte de San Juan, simplemente porque le viene en gana y se ajusta a lo que nos ofrece. Nuestro autor ha sabido aprovechar el tiempo, no sólo por su ingente obra literaria, novela, poesía, ensayo, sino por su presencia activa en la vida cultural española e internacional durante toda su vida. De ahí que se haya codeado con la mayoría de los que son (en literatura) y algunos de los que no lo son demasiado y otros que han cultivado otros menesteres y se han hecho populares por ello. Ciento tres personajes variados del mundo de la cultura española de este siglo, perfiles elaborados muchos de ellos desde la distancia de los años y otros mas o menos cercanos, todos desde la óptica personal y sin resabios ni demasiadas cautelas de un nonagenario que ya se considera por encima de muchas cosas, respetos y cuidados sociales.En realidad, dada su cierta fama áspera y algo lenguaraz, esperaba un reparto de golpes y mandobles...me equivocaba y el sibilino humor senequista del andaluz ha suavizado los embites a las referencias biográficas y literarias del paisanaje. Inlcuso nos obsequia con algún paladín reconocimiento de deudas y admiraciones respecto a algunas, no muchas, de las figuras comentadas. No se ocupa de figuras recientes, sea cual fuere su presunta importancia, y pone coto cronológico y por cierto es coherente con su impresión de estar en unos tiempos y estilos que ya no le conciernen demasiado. Tampoco busca C.B. hacer enjundiosos análisis de sus compañeros de oficio y no extrema el rigor en ningún momento, se limita a hablar de su propio gusto (o disgusto) sin tratar de sentar cátedra, cosa de agradecer por supuesto. Así que se puede permitir algunos pescozones y el ejercicio de una ironía y un alejamiento crítico que divierte al lector y no le incomoda. Se limita a (citando al poeta Ángel González) destacar que la literatura “en la que no se filtre una cierta dosis de ironía, aunque se trate de una ironía matizada por el correlato objetivo, tiende a convertirse en un sermón”. Y C.B. está en las antípodas de tales arrebatos jesuíticos y se puede permitir decir de cada uno de ellos lo que le apetece decir, con la seguridad casi inevitable de que a su edad nadie se le va a enfadar (de los poquísimo que aún vivan). Sus lisonjas son breves y siempre razonadas, no es un libro de hisopos y lametones, lisonjas o entusiasmos fervorosos. El lector avisado acaba sospechando que todo esto va de memoria personal, íntima, subterránea, de recordatorio de sí mismo a través de colegas admirados, respetados, detestados o neutrales. No hay referencias críticas a ensayistas u opiniones de manual. Es un caldo C.B. sin aditamentos foráneos. Uno ve desfilar (a veces "en paños menores" o en pelota viva) a figuras, fugurones y figuritas, desde Cela o Gala, a Jesús Aguirre, Borges ensimismado en sí mismo, Aranguren, Neruda o Alberti, se acuerde de Pepa Flores o de la Niña de los Peines, del gran León Felipe a Alfonso Guerra, de Cunqueiro ,medio olvidado tan injustamente, a Max Aub (y sus resquemores egoicos) o al estólido Joan Miró, Alejo Carpentier o el surrealista Eugenio D'Ors, de Antonio de Mairena a Oteiza, de Tápies a Rulfo, o del psiquiatra Castilla del Pino a Ignacio Aldecoa o al espeso Sánchez Ferlosio (al que tampoco alaba ya su "Jarama", de Cortázar a Barral, de García Hortelano a Gil de Biedma, o de Paco Rabal a Juan Marsé o Emilio Lledó, de los Goytisolos a Gamoneda o Umbral. De este último hizo un panegírico totalmente merecido, anotando de paso su talante histriónico y provocador. Y escribe con más razón que un santo: "Umbral dispuso en todo momento de una lengua literaria adecuadamente seductora, un entramado de elocuciones donde los caracteres rítmicos y tonales, la ornamentación del farseo, las normas sintácticas y morfológicas, el simple valor fónico de las palabras configuran en todo momento un suntuoso ejemplo de vitalidad creadora". Sólo un poeta y escritor tan lúcido como C.B podía haber acertado tanto. Subjetivismo crítico a toda máquina con sartenazos incluidos, pero todo con resabios de honestidad y talante y genio propios y sin pelos en la lengua. De esa honestidad habla los reseñados cambios en opiniones y valoraciones sobre algunos de los autores tratados (algunos, auténticas "vacas sagradas" de manuales literarios al uso. Esos cambios permiten al lector comprobar la coherencia de C.B. consigo mismo. De verdad, vale la pena comprar el libro y dedicarle unas tardes de lectura. Y solo una pequeña observación traviesa y humilde a C.B.: en la página 43, al maestro se le cuela un error cuando cita a Shakespeare (Hamlet) y en concreto la magnífica prédica de consejos que el pesado Polonio hace ("presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz", en otras muy sabias) a...Laertes, su hijo. Y no a Hamlet como escribe el maestro. FICHA «Examen de ingenios». José Manuel Caballero Bonald.-Ensayo. Seix Barral, 2017. 464 páginas. 19 euros. ISBN 9788432232404
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SADURIJA

Tiene algo barojiano el amigo Mur en su escritura, aunque resulta ser mucho más detallista y amigo de cifras y datos documentales que el gran escritor vasco. Da un cierto gozo leer este libro, al que no llamaré novela, porque en él respira el Tiempo pasado, el de una época no tan lejana (del siglo XVII a principios del XX), no sólo por la temática, la historia de la casa Membrado en toda la Tierra Baja, sino por el estilo tan peculiar que sólo creo haberlo leído en legajos y narraciones populares o eruditas del arco que va desde la Baja Edad Media hasta la Modernidad y el periodo convulso de las guerras carlistas. Ramón Mur reconoce paladinamente que su libro es una "recopilación novelada de los numerosos datos entresacados de los legajos escondidos en un archivo semi secreto de la familia Membrado...está escrito en una deliberada aclimatación al contenido de las escrituras notariales, correspondencia o cuadernos de contabilidad de la Casa...algunos "arcaicismos" (sic) y hasta errores gramaticales de hoy han sido admitidos como marco apropiado para una obra antigua metida en moldes nuevos y que no tiene su origen exclusivamente en la imaginación del autor". Ésta sirve de hilado o urdimbre que da cohesión al entramado de los datos y referencias documentales. No es un defecto sino un hecho objetivo y no resta nada del valor intrínseco a la obra. Es la diferencia con obras como las últimas de Silva o Cercas que, a pesar del gran aporte documental, son novelas propiamente dichas. Pero, y aquí está la supuesta "contradictio in términis" (lo que se llama en griego "oxímoron") del libro de Mur, ya que se trata de un documento que se lee como una novela. Para las gentes de esta zona matarreñense, las del Bajo Aragón y las tierras del Mezquin debería ser un libro de consulta sobre las antiguas tradiciones y formas de vivir de nuestros antepasados, para el resto de los mortales es una curiosísima oferta étnica, antropológica, social, histórica, costumbrista y geográfica que estimula las ganas de conocer estos lugares a los que sólo falta un poco más de lluvia para ser una antesala a una especie de reserva natural del placer de vivir. Por cierto, la sadurija, que da título al libro, es una planta silvestre, la ajedrea en castellano(utilizada para cocinar o aliñar las olivas), que "bañada en aceite de oliva durante doscientos años" tiene -se dice- la virtud de alargar la vida a quien la consume o hacerle recuperarse de cualquier mal de forma casi milagrosa. Ese "secreto" salutífero está en el origen de la fortuna de la familia Membrado como vemos a través de la narración, que alcanza acentos épicos cuando nos lleva al interior de la guerra carlista, al general Cabrera y Zumalacárregui y van surgiendo los nombres y hechos de ciudades y pueblos que transitamos todos los días, Belmonte, Valderrobres, Alcañiz, Teruel... Es obra complementaria pero distinta a las de Braulio Foz, Ciro Bayo, Valle Inclán, Galdós o Baroja, todos escritores clásicos que transitaron por estas tierras y la hicieron escenario de algunas de sus correrías literarias y las supera sin duda en el aporte documental y lingüístico, en los detalles botánicos, vegetales y geológicos de sus descripciones. La historia de los Membrado desde su origen como arrieros y muleros hasta convertirse en un poder efectivo basado en la propiedad de la tierra y en el apoyo de la Iglesia, es uno de los argumentos literarios más usados en la Historia del arte de narrar, el del cambio de Fortuna. Como diría el Lazarillo de Tormes, esta novela "muestra cuánta virtud sea saber los hombres subir, siendo bajos; y cuánto vicio, dejarse bajar, siendo altos" . FICHA SADURIJA.-Ramón Mur.- Centro de estudios Bajoaragoneses.- 16 euros.-255 págs.
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LA NOVELA PICARESCA Y EL PUNTO DE VISTA

Al margen de la individualidad propia de cada obra de Francisco Rico (el recorrido erudito y literario de este setentón, que moja su pluma en todos los pucheros literarios habidos y por haber, es asombroso) esta obrita de 1976, editada por Seix Barral (parece que ha visto nueva vida en años posteriores) es una lúcida y , me atrevería a decir brillante, visión de la "importancia del punto de vista" en el análisis de la novela picaresca, ese gran hito de la literatura Universal aportado principalmente por la narrativa hispana a partir del siglo XVI, principalmente en sus dos obras cumbre, el Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache. Rico, a modo de genial rumiador que metaboliza sapiencias ajenas, un jovial digesto de todo tipo de erudiciones literarias con la habilidad, casi maestría, de hacerlas sonar como novedades -y en muchos detalles, realmente lo son-, recoge mucho de lo que se había escrito, pensado y comentado en los años 70 del pasado siglo sobre esa gran aportación española, la novela picaresca (tan decisiva para comprender la novela moderna), y propone una relectura sazonada de correctos análisis (trama, estructura, estilo, técnica, vocabulario, "presencia" del autor en el relato, etc.) y no menos correctos correlatos históricos y sociales para situar la obra y los presuntos autores. Casi todas las novelas picarescas de las que nos habla el amigo Rico -aunque su tesis principal es que propiamente dichas solo hay dos novelas picarescas, el Lazarillo y el Guzmán–comparten una serie de puntos comunes que la convierten estilísticamente en un género literario. Y así, el protagonista, el pícaro (etimológicamente, el que "picaba" los bolsillos de la gente de forma furtiva, un ladrón en suma), es un hombre de muy bajo rango social, descendiente de padres delincuentes. Es un contrapunto trágico-cómico al caballero, el hombre de supuestos ideales y de principios morales. Nuestro pícaro trata de evitar a toda costa pasar hambre y usa su ingenio -totalmente amoral, basado en el engaño y la estafa, como poco - para sobrevivir, con generalmente mala fortuna. El narrador suele contarnos su propia vida, casi siempre en primera persona -signo éste de distinción entre las "verdaderas" picarescas y las añadidas- y, como dice Rico, el punto de vista que predomina en la narración es el de Lázaro adulto que protagoniza el "caso" que somete al juicio y conocimiento de "Vuesa Merced", el desconocido destinatario de esa carta autobiográfica que es la novela, que reflejará la lucha desigual de un miserable, hijo de la miseria y el delito, por la supervivencia básica, a cualquier precio, y el afán de mejorar siquiera de forma leve en la escala social de la miseria. Y esa, dice Rico, es la tesis central de la novela: en palabras de Lázaro "mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir, siendo bajos; y cuánto vicio dejarse bajar siendo altos". Y comentarle a "Vuesa Merced" el porqué de su vida y su modesta fortuna, el "caso", consiste en asegurarle que son falsas las habladurías que conciernen a su moral matrimonial: no es cierto que su esposa sea la barragana del Cura y que él sea un "marido cartujo" es decir de los que soportan en silencio la infamia de los cuernos a cambio de prebendas y favores. Y así narra su vida, aunque esa lucha continua -semejante a la de Guzmán, pero con menos resabios morales- se dirige casi siempre al fracaso, al castigo y al deshonor. El pícaro cae una y otra vez y siempre vuelve a levantarse, por eso su narración es episódica y podría ser interminable, excepto por la muerte del narrador-actor o su encierro vital en prisión o condena a galeras, cosa que no sucede nunca, por pura lógica narrativa. Así el final abierto es una constante en la picaresca (cosa que permite la existencia de algunas segundas partes apócrifas,- y casi nunca dignas de aprecio- , como en el Lazarillo). Todo en realidad expuesto a manera de los "exemplos" de la literatura moralista de la época, pero con mucha más gracia, humor surrealista y crítica social: los males que padece el pícaro se ven reflejados en escala mayor y más "selecta" en la sociedad de la época, desde los más pudientes y poderosos, al clero y la nobleza: es una sátira perfecta de la hipocresía social de aquella España de los siglos XVI y XVII, políticamente caótica y mal gobernada, católicamente codiciosa, avara y explotadora. No sólo tenemos pícaros narradores, individuales como Lázaro o duales como Rinconete y Cortadillo, también mujeres "La pícara Justina" de 1605 -que nos recuerda a la "Moll Flanders" de Defoe- y también suelen mostrar entre ellos muy diferentes cataduras personales : desde la inocencia y buenos sentimientos del Lazarillo, a la trapacería canallesca del Buscón o la amargura depresiva del Guzmán. Todo el género parece deudor de obras como "El libro del Buen amor" del Arcipreste de Hita y en cuanto al uso autobiográfico de ejemplos tan selectos como "Las Confesiones" de San Agustín o los escritos biográficos de Santa Teresa. Curiosamente, explica Rico, el género de la picaresca causará un deterioro en la evolución de la novela española que durará casi dos siglos. Se trata de un proceso en el que se pierden los valores y la potencia narrativa de El Quijote y del Lazarillo Y ello ocurre por varios motivos, desde los excesos conceptistas en obras satíricas que se quedan en costumbrismo burlesco, hasta el exceso de la supuesta moralización que la Iglesia expande con todo su poder. Rico acaba su entretenido ensayo diciéndonos: ..."¿hacia dónde hubiera caminado la novela picaresca si hubiera seguido los pasos de Lazarillo y Guzmán? Pues derecha hacia la novela moderna y nos guste o no -apostilla Rico- ésta novela es la historia de una cierta narrativa realista constituida ni más ni menos en el rechazo de la doctrina jerárquica de los estilos y caracterizada por la convicción de que todos los asuntos y personajes son dignos de la misma atención literaria". La grandeza de las dos obras principalmente citadas y analizadas por Rico es haberse adelantado a esa "democratización" de los personajes y temas de la novela. El libro de Rico es abundoso en citas y el lector disfrutará de tales citas eruditas si conoce al dedillo el francés, el inglés, el italiano o el latín. Si no es así, que no espere que el autor, ni el editor, les traduzca las citas. A pesar de ello, el libro es un sugestivo y sugerente paseo por las intimidades literarias de la novela picaresca española, especialmente como he dicho con el "Lazarillo de Tormes" y el "Guzmán de Alfarache". Como curiosidad literaria respecto al Lazarillo, se han barajado varios autores conocidos como "padres" de esa obra sin autor conocido: desde Fray Juan de Ortega, a Diego Hurtado de Mendoza, y a los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, que se asemejan por su estilo e ironía crítica. Otros autores proponen a humanistas como Luis Vives o Lope de Rueda. FICHA LA NOVELA PICARESCA Y EL PUNTO DE VISTA.- Francisco Rico.- Seix Barral.- 146 págs. ISBN: 8432201979
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4321

Al principio, parece que no es el mismo. Paul Auster se ha reinventado como escritor en esta su última novela. Siete años de silencio para parir al fin un mamotreto de cerca de mil páginas donde el lector, si está dispuesto a seguir siendo fiel al autor neoyorquino, comprobará que tras el nuevo ropaje, anida el Auster de siempre. Cuando empieza uno la novela se lleva la primera sorpresa, el estilo y la temática parecen surgidos de cualquier autor centroeuropeo, alemán (Mann, Hesse o Gunter Grass) o sobre todo polaco, húngaro y en todo caso con acento "yiddish". Auster me sonaba a lo último que había leído de Israel Yehoshua Singer (el hermano más listo del Nobel Isaac Bashevis Singer), "Los hermanos Ashkenazi", con algunas licencias de autores judeo-norteamericanos como Saul Bellow, Philip Roth, Bernard Malamud y otros (incluido el humor muy inteligente -y judío- de Woody Allen). Frases largas, circunloquios interminables, descripciones psicológicas, históricas, políticas o sociales inacabables, ingenio por todos lados y un olor a novela decimonónica absolutamente nuevo en Auster. La decimoséptima novela de Auster, "4321", es larga, larguísima como corresponde a la enorme ambición de la propuesta literaria de este autor, guionista, ensayista, director de cine, poeta, norteamericano de origen judío. Su habitual estilo sincopado, directo, coloquial, de frases cortas y adjetivos contundentes ha dado paso a una sintaxis que florece en frases largas y sinuosas, donde con tono costumbrista, moroso, lleno de detalles y datos, se nos cuenta pormenorizadamente la vida de una persona y su escenario vital, desde las personas que acompañan su existencia a los eventos políticos, sociales y económicas que forman el entramado externo... con un elemento innovador y fuertemente sugestivo: se nos ofrecen cuatro posibles variantes de la historia del protagonista. Es la plasmación literaria de un lugar o pensamiento común en cualquier hijo de vecino: ¿qué hubiera sido de mi vida si no hubiera ocurrido tal cosa o hubiese sucedido tal otra, si no hubiera conocido a esa persona, si no hubiera acudido a aquella cita que cambió mi vida? Hace falta un gran valor y una gran decisión imaginativa para armar y desarrollar una cuádruple estructura semejante, con un trasfondo común. Para que la cosa sea aún más interesante, Auster no busca un personaje totalmente imaginario sino que se pone a él mismo de protagonista, por personaje interpuesto lógicamente y nos cuenta de esa manera qué le empujó a ser escritor. Hay ciertas semejanzas con el Murakami de "1Q84" (título numérico y enigmático también), que registra una misma historia contada a través de los puntos de vista de los tres personajes principales), en la que el azar tiene una gran importancia como motor argumental. Las historias que nos cuenta Auster van mostrándonos ciertos momentos de su vida en los que un hecho fortuito -el azar- cambia su visión de la vida y hace nacer la semilla vocacional que hará de él un escritor (en una de las historias, es la muerte por un rayo de un compañero). Azar y muerte son los dos elementos ontológicos que se convierten en las referencias básicas de la novela, así como referencias familiares directas que van surgiendo de la memoria personal del escritor y que éste integra sin disfraz alguno en su novela. Archie Ferguson, protagonista de "4321" -y sus avatares ucrónicos- van viviendo diferentes momentos vitales y anécdotas, de la infancia a la madurez, en las que Auster se ha incluido en numerosas ocasiones. Por ejemplo, el luctuoso hecho de que se entera de la muerte de su padre a la mañana siguiente de haber terminado su primera novela, habiéndose ido a dormir feliz y emocionado sabiéndose ya escritor, surge en la narración casi sin cambios. Uno de los cuatro Ferguson, o mejor uno de los cuatro senderos escogidos por cada Ferguson acabará con la muerte, mientras que los otros tres seguirán trayectorias distintas hacia un fin común: ser escritores. Uno de ellos estudia en la Universidad de Columbia y Auster juega con el lector haciendo que algunos personajes de sus novelas anteriores se conviertan en compañeros de su protagonista. El realismo de Auster forma parte de su sello de fábrica, como él mismo dice : “Robo cosas de la realidad, como debe hacer todo novelista, episodios de mi vida, como mi primer martini, mi amistad con Pierre Matisse, el galerista, o la historia de la dueña de la casa de putas de Texas que reciclaba condones, lavándolos y poniéndolos después a secar enfundados en palos de escoba. Son hechos reales, pero eso da igual. Lo que importa es lo que la ficción haga con ellos”. Como Auster confesó en alguna ocasión, sentía que su narrativa era deudora en conjunto y simultáneamente de Borges, Calvino, Philip Roth y John Irving. Aquí hay mucho de ellos, envuelto en la sólida literatura costumbrista yidish centroeuropea, trasplantada a Estados Unidos. Nos ofrece, sin dudarlo, cuatro novelas en una, ¿hay quien de más? Tiene mérito que Auster coja un determinado periodo histórico de principios del siglo XX hasta bien entrados los años 70 y deje suelto al azar como un aprendiz de brujo, trastocando incidentes, cambiando datos y hechos, ofreciéndonos muchísimos "si hubiera, o no, ocurrido eso" que van cambiándolo todo, excepto la vocación literaria del protagonista. Es un "bildungsroman" (novela de iniciación) convertido en cuatro, en los cuales hay algunos personajes recurrentes (que obran o influyen de distinta manera en cada "versión" del protagonista). Y por supuesto ese protagonista, a tenor de las circunstancias se convierte también en alguien algo o muy distinto, rico, pobre, bisexual, huérfano, cinéfilo, pero al fin, escritor. Un diseño estructural endemoniadamente inteligente y hábil. Excelente y torrencial novela, no muy fácil de leer, a veces agobiante y excesiva, pero en definitiva ineludible. FICHA 4321,. Paul Auster, trad. Benito Gómez Ibáñez, Seix Barral, 23,90 euros, 957 págs. ISBN 9788432232893
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