LOGOI 34:ATENCIÓN PLENA

 Los filósofos griegos, Platón, Aristóteles, Epicteto, Epicuro, Pirrón, lo prescribían de una manera u otra, con fines y planteamientos distintos, pero con similitudes de fondo bastante evidentes. Ahora lo canta como una panacea el "mind-fulness" y todas las escuelas y "maestros" del supermercado espiritual: hay que practicar la atención plena. Es un modo de percepción que exige exactamente lo que se titula. No es fácil cambiar el "chip" que encadena la mente a la dispersión, a ensimismamientos circunstanciales, a la agitación mental permanente entreverada con momentos de estolidez o de simple tontería evocada por cualquier imagen sugestiva o deseo, un escenario mental que varía constantemente con el fluir de las cosas y los eventos.

Se nos aconseja que mantengamos la mirada atenta, aunque sin fijeza o crispación, sin esperar nada, dispuesta a entrar en la demora de la reflexión, en el oasis de la contemplación. Recuperar un poco la mirada inocente y la aguda percepción de un niño sano de corta edad al que todavía no hemos programado bajo directrices de intereses o correcciones "educativas". Una mente que se está formando y todavía está libre de los automatismos que más tarde y pronto les inocularemos con el mejor de los propósitos sin duda. (Es lo que hicieron con nosotros cuando éramos bebés).

Eso es el "desideratum", pero pasemos al momento actual, ya adultos y casi irremediablemente estropeados por una cultura invasiva administrada desde la familia más cercana, a la sociedad y naturalmente al Estado. ¿Es posible recuperar la mirada inocente? A los que ya transitan por los senderos espirituales de la búsqueda, les diría que sí es posible, aunque no fácil y que es muy probable que se extravíen más de una vez. Pero creo que con conciencia clara de sí y con el afán de la excelencia como bandera, se puede uno acercar a esa sabiduría inaccesible en su totalidad pero visible en su propio proceso (que no tiene fin o mejor lo tiene en el fin del sujeto). 

Búscate en el vacío pleno y silencioso de tu propio cuerpo, la mente ensimismada, la respiración profunda (como dicen los maestros zen: hay que respirar "desde los talones"). Sin proyectos, esperanzas ni deseos. La atención plena te devuelve al silencio rítmico del corazón, como un anticipo de la sabiduría, entre la armonía y la serenidad, en el fiel de la balanza que oscila entre la oportunidad del estar y la disponibilidad del Ser, equilibrada la pulsión del Tener (eso de lo que Gabriel Marcel decía: "el tener  nos hace ser lo que no queremos ser", cercano a esa amabilidad sin cálculo que abre el camino a la ternura como tendencia natural hacia el Otro. No es necesario el discurso, la palabra, el Logos. De lo que no se puede hablar es mejor callar. Vive con la sutilidad de la excelencia como acicate: una linea roja vertical que atraviesa y une en un sólo ente a tu cerebro, tu mente, el cuerpo que lo acoge y se planta en la tierra apuntando hacia el Universo. Un ente esencial y inefable, invisible a nuestros ojos y a nuestra sofisticada tecnología. La puerta a las estrellas.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LO QUE NO ESTABA EN MI LIBRO DE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

 Alberto Díaz Rueda comenta: un divertido ensayo sobre la importancia práctica de la filosofía en estos tiempos
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LOGOI 33: BASHO

 El poeta japonés del siglo XVII, Matsuo Basho, logró elevar el arte de la escritura de "haikus" hasta una de sus más brillantes expresiones técnica y poética de todos los tiempos. El haiku es un poema muy breve (un total de 17 sílabas, en tres versos de 5,7, 5 sílabas, respectivamente) que trata con una muy elegante finura y concisión temas que tienen relación con  la Naturaleza, el cambio de estaciones, árboles, ríos, nubes, animales, la luna y las estrellas. El efecto fulgurante y profundo que producen en la sensibilidad del poeta, refleja muy brevemente una visión o vivencia quintaesenciada, sin adornos, adjetivos inútiles y ninguna retórica. Es como una instantánea fotográfica o pictórica, el esbozo súbito de una experiencia artística.

Basho dice: "El corazón deja que todo acontezca/hacia allí o hacia aquí/ como el sauce." Eso es todo. El lector paladea esas palabras (que en japonés cumple las leyes de métrica) y permite que las imágenes penetren en su silencio íntimo.En su mente y su imaginación se crea una imagen mental que es inmediatamente respondida por asociaciones de la memoria y la sensibilidad del lector. Y así, al conjuro de esas palabras, aparentemente inconexas, caprichosas, se re-produce, como en un relámpago, una respuesta personal que emana de una fuente escondida en  nuestro interior. El corazón se abre a lo que acontece, libremente, sin juicios o valoraciones, sin buscar doctrina o sistema, sin tratar de definir o encuadrar, al conjuro simple y mágico de las palabras y lo que evocan. Detén los relojes, el tiempo es un pliegue entre un acontecimiento y otro, y encuentra un corazón que admite la demora. Y lo que acontece entra y sale, de aquí para allá, ante la serena pasividad del observador que despierta sus  sentidos como el sauce mueve sus ramas susurrantes. Desaparece el agobio y la prisa, lo que "hay que hacer" deviene sombra, no es el momento, la vanidad o la ambición no tienen cabida. Dejo que corazón decida la acción o la espera y si es la primera no ha de atenderse a la ganancia o el placer que puede producir, sólo si se ajusta a lo "correcto" en la naturaleza. Y si es lo segundo, gana la belleza ritual del silencio, el gesto amable y un poco distante. El sujeto pasea junto al río y contempla las ramas del sauce que ceden sin forzarse al suave viento del sur y le siguen a su capricho; ha dejado en un rincón la fusta del deseo o los grilletes de los intereses. Te sientes libre de tu propia férula impuesta por la educación o la costumbre, atiendes lo auténtico, lo bello, lo bueno. Todo respira paz y en lo alto, el azul del cielo se ve turbado brevemente por el paso de dos perezosas nubes que se van deshilachando, y si miro hacia el suelo contemplo con arrobo el paso incesante de una fila de hormigas afanosas que resaltan sobre la tierra parda como un fino trazo realizado por el pincel de un artista.

Mi corazón está abierto a todo lo que ocurre en este lento latir del mundo, con la expresión de maravilla que quizá surja del niño pequeño que todos tenemos escondido bajo fardos de acontecimientos, banalidades, penas y nostalgias. Escribo en mi libreta de notas: "comprender lo que es, sin porfiar; una fuente inagotable es la plenitud de cuanto existe; de aquí para allá, atento a lo que acontece". Como dice el estoico: "No desees que no ocurra lo que ocurre; más bien desea que lo que ocurre, ocurra como ocurre."-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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EL CUADERNO DEL BOSQUE

 Alberto Díaz Rueda: comento este libro desusado en mis reseñas porque me ha atraido la pasión de su autora por la naturaleza. Aunque no sean vegetarianos, basta que les gusta la comida natural y los bosques. Adelante.
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NOSOTROS EN LA NOCHE

 Alberto Díaz Rueda comenta: Breve, intensa y excelentemente escrita. ENTERNECE Y EMOCIONA.
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LOGOI 32: EL ESCLAVO

 El escritor ruso Leon Tosltoi, en uno de sus panfletos políticos, de los que en los últimos años de su vida se dedicó a escribir con profusión, narra una de las historias de "Las mil y una noches" a fin de ilustrar las relaciones perversas que se suelen establecer entre los gobiernos y los gobernados. Describe a un viajero que por azares del destino llega a una isla desierta. En ella encuentra a un viejo desvalido y tullido que le ruega que lo cargue sobre sus hombros para ayudarle a cruzar un arroyo. El viajero, compadecido, lo hace y cuando llega a la orilla opuesta el viejo le va pidiendo que siga llevándolo para aprovisionarse de frutos y una vez en su cabaña le deje allí en lugar seguro. El viajero lo hace y va notando que el viejo ha cerrado con sus piernas un fuerte dogal en torno a su cuello y su tono lloroso va convirtiéndose en órdenes de mal tono. Cuando intenta dejar al viejo y obligarle a bajar de su cuello, éste se niega y lo convierte en su esclavo, amenazándole con ahogarle. Dejando al margen la exageración irreal de la anécdota, Tolstoi la convierte en metáfora. En ella, el líder, el jefe, el tirano, los que gobiernan y mandan, han logrado que el pueblo (con sus votos, en una democracia)  les permitan gobernar de la misma manera que el viejo con el viajero, subido a sus hombros y atenazándoles por el cuello con las necesidades de la vida. Y a base de disciplina fortalecer su poder y privar de la "cualidad más importante de su naturaleza, la razón libre" a sus gobernados. Más adelante Tolstoi cita al escritor alemán Heinrich Schmitt: "Los gobiernos que justifican su existencia por la seguridad relativa que proporcionan a sus súbditos son comparables al bandido calabrés que prometía a los viajero que encontrarían libre el camino si les pagaba un tributo". Con una diferencia sustancial: el bandido robaba a los ricos y los gobiernos despojan preferentemente a los pobres y favorecen a los ricos que, a su vez, les apoyan y aseguran su mandato. ¿Simple? Suena a cuento capcioso para adoctrinar a gente sencilla e inocente. La época en que Tolstoi escribió su panfleto dista mucho de la nuestra. Pero, en el fondo, ahí donde anidan ciertas verdades incómodas y también bastante simples, lo que se dice reverbera, vibra con un realismo molesto y más si aplicamos el cuento a intereses no sólo económicos y políticos, sino también sociales, nacionalistas, racistas, religiosos, de psicología de masas, de burocracia entorpecedora, de fiscalidad abrumadora. ¿Es el sino del hombre tener siempre sobre sus espaldas a un tirano de muchos rostros? El problema es encontrar una solución justa y equitativa que establezca mecanismos de control para convertir los gobiernos en gestores honestos  y eficientes para los intereses de la comunidad. Y eso Tolstoi no lograba concebirlo, sino con modelos de resistencia pacífica y fórmulas vinculadas al decrecimiento y la economía sostenible, algo absolutamente utópico en nuestra época. Quizá sea un sueño imposible, minado desde que nace por un virus congénito al ser humano: la ambición codiciosa e insaciable pavoneándose en el territorio de la ignorancia y la visceralidad más irracional. Para obtener ejemplos, pongan un telediario o lean un periódico. Es plena actualidad.-ALBERTO DÍAZ RUEDA
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DEL TIEMPO: ELEMENTOS DE UNA FILOSOFÍA DEL VIVIR

 Alberto Díaz Rueda: comprender la vida cotidiana y el tiempo a través del taoísmo.
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LOGOI 31: EL TESTIGO

 Está ahí "dentro", detrás de todas las ideas, convicciones, conocimientos, recuerdos, continuamente recreándose, un juego de espejos donde el ego manipula sin cesar, en el que vivimos perpetuamente perdidos y engañados, protegidos por un muro de confortables "certezas". Detrás de todo eso, la hojarasca de la existencia, hay una instancia pura, intocable, fiel a su mismidad, que no interviene ante tu ceguera, tus errores, entusiasmos o deseos, que no juzga, no toma partido, pero al tiempo constituye el mayor apoyo, la máxima seguridad posibles: aunque para ello tienes que "sintonizar" con ella, tienes que dar con la "frecuencia" que emite.

Es el "noray" de tu existencia, el faro de tu inteligencia, es una "parte" de ti, tu yo metafísico, la parte eterna de una eternidad que vibra con ella, pero no te busca ni por supuesto te protege de nada, está ahí sólo si la descubres, en el silencio, la quietud de la mente y el desasimiento de la voluntad; te da la fortaleza y la sabiduría de la que procede y de la que forma parte. Es el nivel noble y eterno que ha quedado como prendido de tus neuronas y en cada fibra de tu cuerpo (renuente a cualquier medio técnico de localización) desde el momento de tu concepción y nacimiento, oculto más allá de tu mente. Podemos dar un nombre antropomórfico a esa entidad, el "testigo" o espiritual, el "alma" y no disponemos de medios tecnológicos para dar constancia empírica de él o demostrar su analogía profunda con algo que subyace a la conciencia y que de alguna forma ignota está "conectado", "vibra", gracias a una suerte de energía universal que engloba todo lo que existe. Bergson lo llamaba "elàn vital" -una fuerza o impulso hipotético- y algunos filósofos desde Epicuro a Wittgenstein, determinados científicos cuánticos, los místicos espirituales en oriente y occidente (al margen de cualquier religión) y muchos poetas creen en esa energía primordial, una creencia posible a través, entre otras posibilidades, de ese "conocimiento" interno que se conoce como "intuición". Investigar sobre la conciencia humana y esa maravilla universal que es el cerebro, ha llevado a muchos a un "encuentro" con ese inexplicable "algo" que se resiste a las definiciones y limitaciones del lenguaje, a la racionalidad del pensamiento y al empirismo científico. Y es que, como dice el dubitativo Hamlet a su amigo:  "Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las soñadas en tu filosofía".

Y por otra parte, si usas la mente para "descubrir" esa forma de energía ¿qué vas a encontrar sino otro producto de la mente?. Es una reflexión que hago a menudo. Aunque silencies la mente y sea tu organismo el que a través de la respiración, la quietud, la concentración, entrara en un estado alterado de conciencia e hiciera posible tal conexión, ¿no sería a través de los sentidos y la conciencia profunda como la interpretarías o "tomaras conciencia" de ella? Parece un camino sin salida...racional. En todo caso, recordemos al poeta Thomas Carlyle: "Es una pena que hayamos perdido la capacidad de oir a nuestra alma...en realidad, deberíamos ir de nuevo en su búsqueda o peores cosas nos ocurrirán".-alberto díaz rueda

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