LOGOI 80: LA MONTAÑA VIVA

 Camino, luego existo. Lo que para Descartes era pensar como prueba ineludible del existir, para muchos de entre nosotros, la grey universal de los caminantes, sin distinciones de sexo, formación, ocupación, nacionalidad  o edad, la actividad corporal andariega por sendas o montañas, bosques o planicies desérticas, para todos los hermanos de bipedismo activo, es la función corporal del movimiento, en busca de una meta u objetivo o paseando morosamente: el peripatós aristotélico donde se unen armoniosamente Descartes y el Caminante. Escribe Nan Shepherd, montañera británica -escocesa- con un libro magistral -"La montaña viva"- sobre el macizo o cordillera de los Cairngorms, el ártico escocés: "...el cuerpo piensa mejor cuando la mente se detiene, cuando está desacoplada del cuerpo...y la mejor forma de desacoplar la mente es caminar: tras varias horas de caminata constante, (con el ritmo largo del movimiento mantenido hasta que éste se hace sensación, y no sólo conocimiento), para el cerebro, como 'centro inmóvil' del ser, la carne se vuelve transparente".

Desde Parmérides a Alcmeon de Crotona, desde Protágoras a Epicuro, pasando por los Vedantas, el Taoísmo o el Budismo Zen, (sin entrar en la filosofía de ayer Kant,  y de hoy, Heidegger) la antigüedad pensante ha confirmado lo que la Shepherd escribe y todos los montañeros sabemos: "en la montaña podría decirse que el cuerpo piensa". Después de medio siglo de calzar botas de montaña o zapatillas de senderismo, he vivido esa sensación vivificante, clarificadora, que enaltece el ánimo y nos vuelve humildes y nos integra en esa totalidad bullente de energía que se despliega a nuestro alrededor. Y no es preciso escalar ochomiles, las cumbres dejan de importar cuando dejas de competir contigo mismo: los modestos riscos majestuosos de los Puertos de Beceite, los valles profundos llenos de olivos del Matarraña rodeados de lomas  y cumbres por debajo de los mil metros, son escenarios perfectos para los que aprendemos a ver y no solo a mirar la Naturaleza. En ella, el cuerpo nos muestra la senda que lleva a la "ascensión de la interioridad", como un peregrino de los bosques y las colinas que se funde con el entorno y hacia dentro, en los recovecos de los olivares centenarios y en las graníticas aristas del Montsagre de Horta.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 79: PACTO DE ESTADO

 Uno de los grandes problemas de nuestro país, en esta hora precisa, es el de la educación. El desbarajuste político se refleja en un caos de procedimientos, sistemas, programas y propuestas (casi diez leyes de educación se han barajado entre PP y PSOE en la época "democrática"). Parece como si la estructura educativa desde el instituto a la universidad obedeciera las cambiantes mareas de la cosa política y con cada cambio de Gobierno se afanara el partido de turno en cambiar las cosas (y nunca para bien) y proponer e implementar cambios educativos de calado o superficiales que desconciertan al personal y nos van relegando en los análisis internacionales a los lugares más bajos de las clasificaciones de calidad educativa. Lo mismo pasa con la cultura y sus instituciones: el partido ganador trae su propia cantera de gentes a las que emplear y con ideas de renovación y cambio que casi nunca añaden algo cualitativo a lo ya existente, cambian y desbaratan los trabajos hechos o por realizar del anterior equipo. 

La educación parece ser una cuestión de segundo orden para los políticos. Kant nos decía: "El hombre solo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". Y dirigido a las autoridades universitarias de Königsberg en el curso 1765-1766 proponía en su oferta del trabajo a realizar: "Al alumno no hay que transportarle sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo: no se debe enseñar pensamiento, sino enseñar a pensar".

¿No va siendo hora de que se acuda a los pactos de Estado? ¿Hace falta una situación apocalíptica para que pueblo, políticos y banderías se unan en un esfuerzo común por resolver los problemas? La educación y la cultura, no son temas accesorios. Es la base, el humus, donde florecen y crecen, o no, las condiciones básicas para un futuro basado en el progreso, la libertad, la ciencia, la seguridad y la paz. En esas cuestiones capitales no deberían intervenir las ideologías que son, en palabras de J.L.Pardo, "las coartadas perfectas para que no tengamos que pensar...un catecismo donde se nos dice lo que hay que pensar para ahorrarnos ese ejercicio que tal vez nos llevara a no reconocer tal ideología como algo cercano a nosotros: toda ideología es pereza y simpatía". Por encima de ellas a la hora de entrar en la educación y la cultura debería primar siempre el mérito y la excelencia y no el nepotismo cultural (y en definitiva, lo que parecen olvidar los políticos, el progreso de un pueblo atontado en gran parte por los medios más o menos manipulados y la tecnología absorbente de los móviles e internet).- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 78: CAMINA Y PÌENSA

 "Es el filosofar, a una, aprender a vivir y saber morir. A causa de la inseguridad del existir en el tiempo, es la vida constantemente un ensayar". Lo escribe Karl Jaspers, un filósofo existencialista muy cercano a Nietzsche y a Kierkegaard. Pero también es un pensador influenciado por Spinoza, el Maestro Eckhart y Nicolás de Cusa, además de mostrarse muy atraído por el budismo. En realidad su mensaje sobre la vida y la aceptación de la muerte tiene raíces muy antiguas, Epicuro (que no es el vividor irresponsable y hedonista que nos han vendido) y los estoicos, desde Séneca a Epicteto, o el neoplatónico Plotino.

Una mañana caminé hacia la ermita de Sant Blai, en las montañas del Monegret, con el bello pueblo de Tivissa allí tendido a su sombra, en el valle. La ermita es una austera construcción rodeada de cipreses altivos, campos de labor en terrazas con bastiones y muretes de piedra seca, almendros en flor –como incendiados en rosa y blanco– y una soledad soleada de mediodía. Allí he meditado sobre las palabras de Jaspers, pues ese "aprender a vivir" como objetivo del filosofar está indisolublemente unido a un saber morir, como Kierkegaard no se cansa de proponer. Al igual que la belleza y vitalidad de los montes de Monegret, sus árboles y su fauna, parecen aquietarse en el recinto de San Blai y tomar un sentido único. Asciendo por un camino empinado, pura roca, a la espalda de la ermita, hacia la gran Cruz metálica clavada en la carena, roca desnuda al borde del vacío, con el pueblo, más vida, al fondo. La cruz, símbolo de la muerte, que también lo es, para muchos, de vida espiritual, debería ser el signo de esa filosofía que preconizan los autores citados: un prepararse para un buen morir a través del ejercicio del buen vivir. Y ese buen vivir, dadas las inseguridades de la existencia, es, por definición un ensayar, un probar caminos, tomar decisiones, arriesgarse. Como en la montaña el caminante debe optar y luego cumplir lo decidido, extremando el cuidado en los pasos que se dan, que ninguno es banal, todos tiene consecuencia, desde acercarnos a la meta, hasta protegernos de la caída y el error. Y vale también traer a colación la "inseguridad de la existencia" en bloque, unida a la del camino –en algunos sitios, delicado y aéreo– por lo que tiene de cura, de cuidado, de todo el cuerpo y la mente unidos, en una función común: cuando permitimos que el instinto resuelva en milésimas de segundo el paso o el movimiento que nuestras piernas o nuestras manos deben hacer para asegurar nuestro equilibrio.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 77: ZORROS Y ERIZOS

 El sutil e irónico I. Berlin, ese pensador nacido en Letonia con el siglo XX y fallecido en Inglaterra en 1997 con 92 años de edad, se sirvió de una fábula  de Arquíloco, un poeta griego del siglo VII aC, en el que decía "muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una sola y grande" para diferenciar a lo que calificaba de dos tipos de personas,  dos estereotipos más bien, entre los que apuntaba a filósofos, políticos, artistas o ciudadanos comunes y corrientes y los diferenciaba.¿Cuál era la característica que los diferenciaba? Los "erizos" sostienen una visión central y sistematizada de la vida. Creen en un principio ordenador y centrípeto que da sentido a la existencia. Es el caso de Dante o de Platón, de Nietzsche o de Proust, Marx o Freud. Su manera de pensar y actuar se vertebra sólidamente en torno a unas ideas capitales y coherentes, aunque cerradas y que se contentan consigo mismas, fiel y norma del acontecer.

Los "zorros" tienen una visión centrífuga de una realidad que por definición es dispersa y múltiple. El concepto de la existencia y la realidad no obedece a ninguna norma estable o coherencia estructurada, sino que respetan su diversidad dinámica. Los hechos pueden tener particularmente una coherencia, pero la totalidad, el Todo,  admite la contradicción y vive de ella, dispersándose en la multiplicidad y en un caos aparente, que es la forma como llamamos a un orden que no entendemos. Berlin ve a los zorros personificados en tipos como Aristóteles, Shakespeare. Goethe, Joyce o Balzac.

¿El cristianismo es al erizo lo que el taoísmo o el budismo es al zorro? Apuntando un poco más bajo, Berlin sugiere: "en todo erizo hay un fanático potencial; en todos los zorros hay un escéptico permanente".¿Séneca es un erizo? Su célebre frase: "Ducunt volentem fata, nolentem trahunt", (Los hados conducen a quien acata sus decisiones, a quien se resiste le arrastran), fue adoptada como lema por el filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, autor de "La decadencia de occidente", publicado meses antes del Armisticio de la I Guerra, cuyo pesimismo cultural fue confirmado dramáticamente por la II Guerra Mundial y parece estar muy activo en nuestro siglo. ¿Vivimos en el siglo de los erizos? ¿Trump es un erizo? ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 76: RESPETO

 Mi viejo amigo y compañero de "La Vanguardia", Antoni Puigverd, se quejaba de los debates previos a las últimas elecciones y decía de ellos que son la "definitiva futbolización de la política". Y no el fútbol de la Champions, que también, sino el de las liguillas de los colegios con los padres de los pequeños jugadores convertidos en energúmenos. Como el niño del cuento que ve desnudo al rey y lo proclama ante el silencio o la vergüenza de la corte, Antoni decía que el espectáculo de la política "ha perdido conexión con la realidad social y carece de sentido de Estado". Los políticos han perdido el sentido de la corrección pública, de la contención ética, en suma de la buena educación. Diré más, es la vida pública la que se ha achabacanado y, por tanto, tenemos los políticos que nos merecemos. Escribía Ortega a principios del pasado siglo: "Quienes rompen las reglas de la buena educación se quedan sin gozar la fruición delicadísima de ejercitar íntegramente sus energías dentro de ellas... Divino juego civil de la buena educación...¡Deleite noble y señor el de vivir dentro de las reglas quebrantables, sin quebrantarlas!". Ha llovido mucho desde entonces pero parece que lo publicó ayer.

En el fondo todo es una cuestión de respeto. Olvidamos demasiadas veces que los dones, derechos y deberes de la democracia, no son dádivas graciosas sino conquistas en ejercicio permanente. Escribió Goethe: "Lo que se hereda de los mayores, hay que conquistarlo para poseerlo".  Si queremos una política digna y unos políticos acordes con el "ethos" del momento (la moral auténtica, efectiva y espontánea que informa cada vida y cada nación) hemos de establecer el respeto como norma básica  de la relación política. El respeto es la referencia ética de la buena educación. Y esta es imprescindible, en la política y en la sociedad.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 74: OSCURANTISMO

 En este siglo contradictorio donde la tecnología más increíble se da la mano con ignorantes minorías ancladas en el medievo por obra y gracia de unas particulares creencias o la globalización comunicativa y viajera de nuestras sociedades avanzadas se enfrenta a individuos e instituciones que defienden desde la rigurosa planicie terrestre hasta la existencia de mundos paralelos tipo Matrix o la dictadura de siniestras conjuras planetarias que convierten al ser humano en esclavos al servicio de intereses suprahumanos. ¿Están seguros de que como género hemos adelantado tanto? ¿No es más cierto que hay una disparidad evidente entre el avance tecnológico humano y los demonios y limitaciones de unas psiques ancladas en la mitología más oscura? 

Esta dicotomía resulta evidente cuando se nos informa que el movimiento mundial antivacunas (en uno de los efectos perversos de la globalización) ha logrado revertir el proceso de erradicación del sarampión: si hace doce años se logró reducir la enfermedad un 91 % en África y un 68% en el resto del mundo,  ahora la OMS denuncia que los casos de sarampión se han cuadriplicado en el planeta en el primer trimestre de este año en comparación con el mismo periodo, de 2018. La sintomatología de la infección vírica pasa desde una simple fiebre alta, manchas en la piel, sarpullidos por todo el cuerpo y tos, a infecciones en el sistema nervioso central, encefalitis, daños en la vista y en los oídos, neumonía, diarreas intensas e incluso la muerte. Es muy contagiosa entre los niños y se trasmite por vía aérea procedente de personas infectadas.

La eficacia de las vacunas está fuera de toda duda razonable. Como en el caso de las transfusiones de sangre, la oposición de ciertos individuos a las vacunas tiene su raíz en creencias más o menos irracionales que parecen trasplantadas de la Edad Media al siglo XXI. El problema no es sólo de unas determinadas familias sino de todo el entorno social en el que viven, en peligro a través del contagio.. Hay algo atávico en esa negación irracional a aceptar cuestiones avaladas por la ciencia, ya que sí aceptan otros aspectos de la tecnología científica, el uso de móviles o de internet, o de aviones y medios de transporte impensables en los tiempos en los que están ancladas la psicología oscurantista de esas personas.

Todo este asunto me recuerda cierta metáfora ingeniosa de Russell que describe con sarcasmo la fuerza de las creencias irracionales y los mecanismos usados para defenderlas:  "Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores." . En lugar de tetera pongan... ¿se les ocurre algo? ​​​​​-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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lLOGOI 73: CUENTOS

 León Felipe, uno de nuestros grandes poetas definido por el exilio, escribió hace muchos años: " Y he visto:/que la cuna del hombre la mecen con cuentos,/que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,/que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,/que los huesos del hombre los entierran con cuentos,/y que el miedo del hombre.../ha inventado todos los cuentos." Viene a cuento este poemilla lúcido y amargo, por el delirante proceso inquisitorial de una conocida escuela barcelonesa de élite sobre los álbumes ilustrados de preescolar que los niños deben o no leer (0 más bien, mirar los dibujos y tratar de entender un texto básico) basados en cuentos infantiles tradicionales, desde Caperucita Roja a los Tres cerditos o Cenicienta. Todo en nombre de una "perspectiva de género" para evitar que la imaginación simbólica en desarrollo de los infantes se desarrolle a partir de estereotipos machistas y sexistas. 

Vladimir Propp (autor de "La morfología del cuento" y "Edipo a la luz del folklore"), Bruno Bettelheim (autor de "Psicoanálisis de los cuentos de hadas" y  Carl G.Jung, autor de "Psicología y simbólica del arquetipo", deben haberse removido, inquietos y avergonzados, en sus tumbas. El sentido común, también. Parece que nuestro país ha entronizado lo "políticamente correcto" sobre valores como la honestidad, la ética, la solidaridad y la sensatez. Es algo epidérmico pero que tiene buena prensa. Prohibir o manipular "Caperucita Roja" o "Cenicienta" en nombre de lo políticamente (e hipócritamente) correcto, es peor que un error, es una estupidez. El contenido simbólico de los cuentos infantiles tradicionales ha tenido un objetivo desde su ancestral nacimiento: crear en las mentes infantiles unos arquetipos que funcionan  a modo de semáforos psicológicos indicadores de peligro, engaño, esperanza, valor, honestidad, corrección, solidaridad...arquetipos que tras el crecimiento biológico se mantiene en el inconsciente adulto. Desnaturalizar este legado secular por el sexismo reivindicativo en forma de moda más que principio (de hecho la igualdad de sexos sigue estando bajo mínimos) se me antoja otro de esos "cuentos" que "taponan el llanto del hombre"...y de la mujer. El miedo del hombre no cesa de inventar cuentos...para justificarse, en beneficio de sí mismo, para maquillar la realidad o para ganar votos. Los "técnicos oficiales de enseñanza" que asesoran a esa escuela catalana tendrían que hacer un cursillo para aprender a distinguir "estereotipos" de "arquetipos". - ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 71: MANÍACOS "GENIALES"

 Alguien dijo que ni las parejas ni los pueblos felices tienen historia. No estoy de acuerdo con el aserto, ni con los que consideran que la felicidad, el bienestar y la satisfacción de vivir no tienen nada que hacer ante las ansias de conocimiento, de explorar nuevas vías al saber, de investigar hasta el agotamiento, de los estudiosos y científicos fanatizados por logros casi imposibles. La exploración, la búsqueda de lo nuevo, de lo que uno cree que debería ser, suele ir precedido de una gran insatisfacción ante lo que es. La inquietud, la preocupación, la ansiedad, incluso la obcecación y el sacrificio, son elementos al parecer adscritos a los grandes pensadores y creadores, ya sean científicos, literatos o artistas. 

El neurocientífico Goldberg asegura estadísticamente que "los trastornos bipolares y los ataques de depresión son comunes en muchos de los grandes escritores, científicos y exploradores". Y otros psicólogos han estudiado la delgada línea roja que separa la genialidad de la locura para concluir que "el trastorno maníaco-depresivo es la 'llave del genio'. Y se cita como ejemplo a Van Gogh, Beethoven, Dickens, Byron, Larra, Lewis Carroll, Schuman, Miguel Ángel, Poe, Baudelaire, Newton, Wittgenstein, Stefan Zweig, Virginia Wolf, por un lado, Hitler, Stalin, Churchill, Mao, NIxon, por otro. Y la lista es mucho más larga... Por lo visto, la conclusión es que los "rasgos afectivos negativos", formas leves de depresión y trastorno bipolar correlacionan con la capacidad creativa...y evolucionan en consonancia con las circunstancias personales del "genio".

Francamente dudo que eso sea totalmente verdad. No niego que hay muchos "genios" que podrían formar parte de ese equipo de desquiciados. Pero habría que redefinir y acotar el contenido y la aplicación de la palabra "genio". Y no presuponer que "genio" significa "persona dotada de sabiduría". Los genios son especialistas en una determinada rama del saber tecnológico o artístico y no se les puede pedir igual capacidad en el resto de los saberes humanos. Son "genios" en tal o cual rama de la ciencia o las artes. Y aprendices de las demás, como todos los demás humanos "normales". En cuanto a las "manías" están repartidas muy equitativamente en la población, genios incluidos. Y puestos a la labor, también habría que redefinir la palabra "sabiduría", muy devaluada últimamente.- ALBERTO DÍAZ RUEDA


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