LOGOI 82: MILGRAN

 Stanley Milgran, fue un psicólogo experimental judío norteamericano que trabajaba como profesor ayudante en Harvard en los sesenta. Diseñó varios experimentos con participación pública que la dieron una enorme popularidad, aunque bastante ambivalente: eran tan denostado como admirado. Hubo quien lo calificó de inmoral y recibió críticas muy duras de sus colegas, pero uno acaba preguntándose si no les gustaba el psicólogo y sus métodos o lo que Milgran descubría con sus experimentos sobre los seres humanos "normales", el tópico e hipervalorado ciudadano medio de los Estados Unidos (pese a que sus descubrimientos eran extrapolables a cualquier nacionalidad). En 2015 se filmó una película ("Experimenter") dirigida por Michael Almereyda sobre el trabajo de Stanley, prematuramente fallecido en los 80 a causa de un infarto . 

El experimento más importante y "escandaloso" de Milgran analizaba un fenómeno humano: la obediencia ciega a una autoridad supuestamente legal, aunque las órdenes recibidas fueran cuestionables ética y humanamente para el sujeto. La inspiración de Milgran para diseñar ese experimento tiene un nombre: el jerarca nazi Eichmann y el juicio que Israel le hizo en 1961 tras secuestrarle en Argentina. Eichmann  no aceptó su culpabilidad en ningún momento, alegando que sólo obedecía órdenes y que era un simple contable cuyos números y géneros podían ser desde seres humanos para los hornos crematorios a personal para las fábricas del régimen de Hitler. No sentía desprecio u odio hacia los judíos. Para él eran simplemente números. Eichmann fue ahorcado.

Milgran pagó a personas de diferentes clases sociales, razas o religión para que se sometieran a las reglas de su "estudio". Se trataba de saber hasta qué punto una persona "normal" puede volverse un verdugo "por obedecer órdenes". Los resultados fueron abrumadores. Más de un 60 % llegaron a infligir un supuesto "daño mortal"  y sólo un 10% se negaron a cumplir la orden de aumentar el castigo. El resto, se detuvieron en diversos grados de castigo. Evidentemente, no se hizo daño a nadie ( el "castigado" era una persona del equipo de Milgran, a la que no veían los sujetos del experimento, pero sí oían sus gritos de dolor). El motivo de castigo (descargas eléctricas que aumentaban de grado tras cada respuesta errónea) era una hipótesis inventada: el aprendizaje y la memoria aumentaban cuando se infligía dolor al sujeto. 

Un porcentaje tan alto de honorables ciudadanos que no tenían claras las prioridades éticas podría ser rebasado con creces en el siglo XXI. Pensemos en esas generaciones de jóvenes acostumbrados a la barbarie violenta a través de video juegos y películas. En esos militares que envían desde sus pantallas drones armados a terminar con "enemigos" con tal contundencia explosiva que causan daños enormes y muertes a personas  a las que ven como elementos de un video juego. ¿Estaremos mutando y perdiendo la sensibilidad ética o sólo es la misma faceta bestial que ha mostrado el ser humano durante toda nuestra sangrienta historia? Quizá unicamente ha cambiado el modo, el entorno, el juego. Parece que los humanos tienen una mezcla de los genes de Hitler, Tamerlán, Atila o Stalin en su código genético de especie. Sólo hay que darle "motivos justificados" para despertar.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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logoi 81: EUROPA, LA GRAN ILUSIÓN

 Pertenezco a una generación que ha crecido envidiando, deseando, justificando y trabajando en la medida de sus posibilidades a favor de una Europa unida; una idea y un sueño que siempre me han parecido inspiradores y llenos de futuro, a pesar de los defectos, irregularidades, burocratización y corruptelas de la UE (semejantes y en muchos casos menores que las de los Estados que la forman). Es un logro político, cultural, social y humano que debería enorgullecernos y obligarnos a mejorarlo, de ningún modo a destruirlo. ¿No debería alertarnos que sean los populismos y la ultraderecha, los nacionalismos más viscerales, los peores enemigos de la UE, mucho más letales que los errores financieros o la falta de transparencia de la institución europea, que no justifico de ningún modo. Considero, con el malogrado Tony Judt, el lúcido historiador británico de las ideas, que "Seríamos unos insensatos si renunciáramos alegremente a ese legado". Es preciso aplicar una política del "Ethos" a la Unión y reforzarla más que nunca para poder superar -o cambiar el signo- del Brexit y los ataques internos de los nostálgicos de los totalitarismos del siglo XX que nos llevaron a dos guerras mundiales. La falta de memoria humanística de esos grupos es lo más estremecedor  que les caracteriza. "La UE corre el riesgo de ser desestabilizada por una mezcla de exceso de ambición y de miopía política" escribía proféticamente Judt hace 13 años en su libro "Postguerra" (seguramente se hubiese escandalizado de ver cómo sus compatriotas se habían dejado engañar -de una forma torpe, casi infantil y maliciosa- y no son capaces de enderezar el entuerto).

Por primera vez desde su nacimiento muchos grupos y partidos se cuestionan la simple existencia de la UE. Los euroescépticos, que nutren las filas de la derecha más cavernícola y los nacionalismos más intransigentes, torpedean la movilización política y la sensatez de quienes pensamos que es una institución manifiestamente mejorable pero en modo alguno innecesaria, que ha sido una garantía de paz y progreso en una época convulsa y crítica (que en modo alguno ha remitido), que Europa unida no es un problema en sí mismo sino que posee en su misma idea fundacional una potencial solución colectiva a los retos del momento (inmigración, economía, la maliciosa y absurda postura interesada de los Estados Unidos de Trump...) ninguno de los cuales ha nacido por las acciones y política de la UE, sino por la dinámica perversa del momento histórico que vivimos. Europa, la gran ilusión de más de 300 millones de personas y de 28 países, sí es responsable de haber garantizado el bienestar y progreso de los europeos en una medida tan amplia como nunca habíamos disfrutado en los diferentes países que la formamos. -ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 80: LA MONTAÑA VIVA

 Camino, luego existo. Lo que para Descartes era pensar como prueba ineludible del existir, para muchos de entre nosotros, la grey universal de los caminantes, sin distinciones de sexo, formación, ocupación, nacionalidad  o edad, la actividad corporal andariega por sendas o montañas, bosques o planicies desérticas, para todos los hermanos de bipedismo activo, es la función corporal del movimiento, en busca de una meta u objetivo o paseando morosamente: el peripatós aristotélico donde se unen armoniosamente Descartes y el Caminante. Escribe Nan Shepherd, montañera británica -escocesa- con un libro magistral -"La montaña viva"- sobre el macizo o cordillera de los Cairngorms, el ártico escocés: "...el cuerpo piensa mejor cuando la mente se detiene, cuando está desacoplada del cuerpo...y la mejor forma de desacoplar la mente es caminar: tras varias horas de caminata constante, (con el ritmo largo del movimiento mantenido hasta que éste se hace sensación, y no sólo conocimiento), para el cerebro, como 'centro inmóvil' del ser, la carne se vuelve transparente".

Desde Parmérides a Alcmeon de Crotona, desde Protágoras a Epicuro, pasando por los Vedantas, el Taoísmo o el Budismo Zen, (sin entrar en la filosofía de ayer Kant,  y de hoy, Heidegger) la antigüedad pensante ha confirmado lo que la Shepherd escribe y todos los montañeros sabemos: "en la montaña podría decirse que el cuerpo piensa". Después de medio siglo de calzar botas de montaña o zapatillas de senderismo, he vivido esa sensación vivificante, clarificadora, que enaltece el ánimo y nos vuelve humildes y nos integra en esa totalidad bullente de energía que se despliega a nuestro alrededor. Y no es preciso escalar ochomiles, las cumbres dejan de importar cuando dejas de competir contigo mismo: los modestos riscos majestuosos de los Puertos de Beceite, los valles profundos llenos de olivos del Matarraña rodeados de lomas  y cumbres por debajo de los mil metros, son escenarios perfectos para los que aprendemos a ver y no solo a mirar la Naturaleza. En ella, el cuerpo nos muestra la senda que lleva a la "ascensión de la interioridad", como un peregrino de los bosques y las colinas que se funde con el entorno y hacia dentro, en los recovecos de los olivares centenarios y en las graníticas aristas del Montsagre de Horta.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 79: PACTO DE ESTADO

 Uno de los grandes problemas de nuestro país, en esta hora precisa, es el de la educación. El desbarajuste político se refleja en un caos de procedimientos, sistemas, programas y propuestas (casi diez leyes de educación se han barajado entre PP y PSOE en la época "democrática"). Parece como si la estructura educativa desde el instituto a la universidad obedeciera las cambiantes mareas de la cosa política y con cada cambio de Gobierno se afanara el partido de turno en cambiar las cosas (y nunca para bien) y proponer e implementar cambios educativos de calado o superficiales que desconciertan al personal y nos van relegando en los análisis internacionales a los lugares más bajos de las clasificaciones de calidad educativa. Lo mismo pasa con la cultura y sus instituciones: el partido ganador trae su propia cantera de gentes a las que emplear y con ideas de renovación y cambio que casi nunca añaden algo cualitativo a lo ya existente, cambian y desbaratan los trabajos hechos o por realizar del anterior equipo. 

La educación parece ser una cuestión de segundo orden para los políticos. Kant nos decía: "El hombre solo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". Y dirigido a las autoridades universitarias de Königsberg en el curso 1765-1766 proponía en su oferta del trabajo a realizar: "Al alumno no hay que transportarle sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo: no se debe enseñar pensamiento, sino enseñar a pensar".

¿No va siendo hora de que se acuda a los pactos de Estado? ¿Hace falta una situación apocalíptica para que pueblo, políticos y banderías se unan en un esfuerzo común por resolver los problemas? La educación y la cultura, no son temas accesorios. Es la base, el humus, donde florecen y crecen, o no, las condiciones básicas para un futuro basado en el progreso, la libertad, la ciencia, la seguridad y la paz. En esas cuestiones capitales no deberían intervenir las ideologías que son, en palabras de J.L.Pardo, "las coartadas perfectas para que no tengamos que pensar...un catecismo donde se nos dice lo que hay que pensar para ahorrarnos ese ejercicio que tal vez nos llevara a no reconocer tal ideología como algo cercano a nosotros: toda ideología es pereza y simpatía". Por encima de ellas a la hora de entrar en la educación y la cultura debería primar siempre el mérito y la excelencia y no el nepotismo cultural (y en definitiva, lo que parecen olvidar los políticos, el progreso de un pueblo atontado en gran parte por los medios más o menos manipulados y la tecnología absorbente de los móviles e internet).- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 78: CAMINA Y PÌENSA

 "Es el filosofar, a una, aprender a vivir y saber morir. A causa de la inseguridad del existir en el tiempo, es la vida constantemente un ensayar". Lo escribe Karl Jaspers, un filósofo existencialista muy cercano a Nietzsche y a Kierkegaard. Pero también es un pensador influenciado por Spinoza, el Maestro Eckhart y Nicolás de Cusa, además de mostrarse muy atraído por el budismo. En realidad su mensaje sobre la vida y la aceptación de la muerte tiene raíces muy antiguas, Epicuro (que no es el vividor irresponsable y hedonista que nos han vendido) y los estoicos, desde Séneca a Epicteto, o el neoplatónico Plotino.

Una mañana caminé hacia la ermita de Sant Blai, en las montañas del Monegret, con el bello pueblo de Tivissa allí tendido a su sombra, en el valle. La ermita es una austera construcción rodeada de cipreses altivos, campos de labor en terrazas con bastiones y muretes de piedra seca, almendros en flor –como incendiados en rosa y blanco– y una soledad soleada de mediodía. Allí he meditado sobre las palabras de Jaspers, pues ese "aprender a vivir" como objetivo del filosofar está indisolublemente unido a un saber morir, como Kierkegaard no se cansa de proponer. Al igual que la belleza y vitalidad de los montes de Monegret, sus árboles y su fauna, parecen aquietarse en el recinto de San Blai y tomar un sentido único. Asciendo por un camino empinado, pura roca, a la espalda de la ermita, hacia la gran Cruz metálica clavada en la carena, roca desnuda al borde del vacío, con el pueblo, más vida, al fondo. La cruz, símbolo de la muerte, que también lo es, para muchos, de vida espiritual, debería ser el signo de esa filosofía que preconizan los autores citados: un prepararse para un buen morir a través del ejercicio del buen vivir. Y ese buen vivir, dadas las inseguridades de la existencia, es, por definición un ensayar, un probar caminos, tomar decisiones, arriesgarse. Como en la montaña el caminante debe optar y luego cumplir lo decidido, extremando el cuidado en los pasos que se dan, que ninguno es banal, todos tiene consecuencia, desde acercarnos a la meta, hasta protegernos de la caída y el error. Y vale también traer a colación la "inseguridad de la existencia" en bloque, unida a la del camino –en algunos sitios, delicado y aéreo– por lo que tiene de cura, de cuidado, de todo el cuerpo y la mente unidos, en una función común: cuando permitimos que el instinto resuelva en milésimas de segundo el paso o el movimiento que nuestras piernas o nuestras manos deben hacer para asegurar nuestro equilibrio.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 77: ZORROS Y ERIZOS

 El sutil e irónico I. Berlin, ese pensador nacido en Letonia con el siglo XX y fallecido en Inglaterra en 1997 con 92 años de edad, se sirvió de una fábula  de Arquíloco, un poeta griego del siglo VII aC, en el que decía "muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una sola y grande" para diferenciar a lo que calificaba de dos tipos de personas,  dos estereotipos más bien, entre los que apuntaba a filósofos, políticos, artistas o ciudadanos comunes y corrientes y los diferenciaba.¿Cuál era la característica que los diferenciaba? Los "erizos" sostienen una visión central y sistematizada de la vida. Creen en un principio ordenador y centrípeto que da sentido a la existencia. Es el caso de Dante o de Platón, de Nietzsche o de Proust, Marx o Freud. Su manera de pensar y actuar se vertebra sólidamente en torno a unas ideas capitales y coherentes, aunque cerradas y que se contentan consigo mismas, fiel y norma del acontecer.

Los "zorros" tienen una visión centrífuga de una realidad que por definición es dispersa y múltiple. El concepto de la existencia y la realidad no obedece a ninguna norma estable o coherencia estructurada, sino que respetan su diversidad dinámica. Los hechos pueden tener particularmente una coherencia, pero la totalidad, el Todo,  admite la contradicción y vive de ella, dispersándose en la multiplicidad y en un caos aparente, que es la forma como llamamos a un orden que no entendemos. Berlin ve a los zorros personificados en tipos como Aristóteles, Shakespeare. Goethe, Joyce o Balzac.

¿El cristianismo es al erizo lo que el taoísmo o el budismo es al zorro? Apuntando un poco más bajo, Berlin sugiere: "en todo erizo hay un fanático potencial; en todos los zorros hay un escéptico permanente".¿Séneca es un erizo? Su célebre frase: "Ducunt volentem fata, nolentem trahunt", (Los hados conducen a quien acata sus decisiones, a quien se resiste le arrastran), fue adoptada como lema por el filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, autor de "La decadencia de occidente", publicado meses antes del Armisticio de la I Guerra, cuyo pesimismo cultural fue confirmado dramáticamente por la II Guerra Mundial y parece estar muy activo en nuestro siglo. ¿Vivimos en el siglo de los erizos? ¿Trump es un erizo? ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 76: RESPETO

 Mi viejo amigo y compañero de "La Vanguardia", Antoni Puigverd, se quejaba de los debates previos a las últimas elecciones y decía de ellos que son la "definitiva futbolización de la política". Y no el fútbol de la Champions, que también, sino el de las liguillas de los colegios con los padres de los pequeños jugadores convertidos en energúmenos. Como el niño del cuento que ve desnudo al rey y lo proclama ante el silencio o la vergüenza de la corte, Antoni decía que el espectáculo de la política "ha perdido conexión con la realidad social y carece de sentido de Estado". Los políticos han perdido el sentido de la corrección pública, de la contención ética, en suma de la buena educación. Diré más, es la vida pública la que se ha achabacanado y, por tanto, tenemos los políticos que nos merecemos. Escribía Ortega a principios del pasado siglo: "Quienes rompen las reglas de la buena educación se quedan sin gozar la fruición delicadísima de ejercitar íntegramente sus energías dentro de ellas... Divino juego civil de la buena educación...¡Deleite noble y señor el de vivir dentro de las reglas quebrantables, sin quebrantarlas!". Ha llovido mucho desde entonces pero parece que lo publicó ayer.

En el fondo todo es una cuestión de respeto. Olvidamos demasiadas veces que los dones, derechos y deberes de la democracia, no son dádivas graciosas sino conquistas en ejercicio permanente. Escribió Goethe: "Lo que se hereda de los mayores, hay que conquistarlo para poseerlo".  Si queremos una política digna y unos políticos acordes con el "ethos" del momento (la moral auténtica, efectiva y espontánea que informa cada vida y cada nación) hemos de establecer el respeto como norma básica  de la relación política. El respeto es la referencia ética de la buena educación. Y esta es imprescindible, en la política y en la sociedad.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 74: OSCURANTISMO

 En este siglo contradictorio donde la tecnología más increíble se da la mano con ignorantes minorías ancladas en el medievo por obra y gracia de unas particulares creencias o la globalización comunicativa y viajera de nuestras sociedades avanzadas se enfrenta a individuos e instituciones que defienden desde la rigurosa planicie terrestre hasta la existencia de mundos paralelos tipo Matrix o la dictadura de siniestras conjuras planetarias que convierten al ser humano en esclavos al servicio de intereses suprahumanos. ¿Están seguros de que como género hemos adelantado tanto? ¿No es más cierto que hay una disparidad evidente entre el avance tecnológico humano y los demonios y limitaciones de unas psiques ancladas en la mitología más oscura? 

Esta dicotomía resulta evidente cuando se nos informa que el movimiento mundial antivacunas (en uno de los efectos perversos de la globalización) ha logrado revertir el proceso de erradicación del sarampión: si hace doce años se logró reducir la enfermedad un 91 % en África y un 68% en el resto del mundo,  ahora la OMS denuncia que los casos de sarampión se han cuadriplicado en el planeta en el primer trimestre de este año en comparación con el mismo periodo, de 2018. La sintomatología de la infección vírica pasa desde una simple fiebre alta, manchas en la piel, sarpullidos por todo el cuerpo y tos, a infecciones en el sistema nervioso central, encefalitis, daños en la vista y en los oídos, neumonía, diarreas intensas e incluso la muerte. Es muy contagiosa entre los niños y se trasmite por vía aérea procedente de personas infectadas.

La eficacia de las vacunas está fuera de toda duda razonable. Como en el caso de las transfusiones de sangre, la oposición de ciertos individuos a las vacunas tiene su raíz en creencias más o menos irracionales que parecen trasplantadas de la Edad Media al siglo XXI. El problema no es sólo de unas determinadas familias sino de todo el entorno social en el que viven, en peligro a través del contagio.. Hay algo atávico en esa negación irracional a aceptar cuestiones avaladas por la ciencia, ya que sí aceptan otros aspectos de la tecnología científica, el uso de móviles o de internet, o de aviones y medios de transporte impensables en los tiempos en los que están ancladas la psicología oscurantista de esas personas.

Todo este asunto me recuerda cierta metáfora ingeniosa de Russell que describe con sarcasmo la fuerza de las creencias irracionales y los mecanismos usados para defenderlas:  "Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores." . En lugar de tetera pongan... ¿se les ocurre algo? ​​​​​-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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