LITERATURA UNIVERSAL

Que un rockero abandone -al menos en activo- el movido mundo de esa música, actuaciones, conciertos, costumbres y amistades, clubes y grabaciones, para dedicarse a la literatura no es muy común en ese ambiente de normas tan exigentes y formas tan peculiares. Si además lo hace al final de la treintena, inidca una figura un tanto peculiar y excéntrica. Aunque aseguran quienes le conocen que ya "mostraba maneras" de letramanía y siempre llevaba uno o varios libros en las manos. Sabino Méndez se llama el sujeto y los de ámbito roquero lo tienen en estima, no en vano solía ser letrista de canciones para grupos roqueros de primera línea. Publicó con el cambio de siglo su primer libro "Corre, rocker", que no tengo el gusto de conocer y ahora llega a mis manos con el interesante sello Anagrama, "Literatura universal", título escolar o académico para una novela vivencial que, como casi todas, no sólo bebe indirectamente de la literatura, sino que convierte a los libros en parte de la trama. Hay alguna muestra anterior de esa "literaturización" de una trama novelesca -es un juego literario con cierta respetable tradición clásica- en el borde del filo de la navaja del plagio pero con la astuta habilidad de reconocer y destacar las aportaciones literarias ajenas, convirtiéndolas en materia ajustable a lo que se nos cuenta: unas vidas contadas - presumiblemente basada en la propia como al parecer hizo en su primera incursión literaria- expresión de una época, una cultura y una sociedad muy determinados. Casi un retrato generacional - el tempo abarca si treinta años- en el que con habilidad manifiesta engarza citas literarias con las vivencias y pormenores de los protagonistas. Me ha divertido este juego travieso con las citas literarias y el desenfado casi beatnik de la narración, donde uno cree percibir los ecos desenfadados, líricos más que poéticos, de un Henry Miller o un Nabokov en sus momentos más juguetones. Pero no todo es un juego de citas, más o menos felizmente añadidas -siempre identificadas, gracias a Dios- a un texto que sigue una línea no precisamente banal. No hay trivialidad en lo que nos cuenta Sabino Méndez, sino un a modo de ajuste de cuentas con su propia generación, sus sueños, sus defectos, sus debilidades, sus fracasos y sus concesiones...y el precio de su venta al Moloch cultural que todo lo engulle, digiere y transforma. El narrador y principal protagonista, Simón B. Sáenz Madero (anagrama de Sabino Méndez), se explaya ante aquella generación que en los setenta vivió un efímero esplendor, pero el hálito del autor parece no lograr que el lector y menos los que vivimos aquella época con parecida edad, considere lo que le cuentan como algo auténtico, generacional, íntimamente resonante, se ve el artificio literario, el revés de la trama, el decorado, las figuras huecas calzadas con coturnos y máscaras de tragedia griega. Sólo los libros, la insistente y emocionante adhesión a los libros buscando sus ecos en la narración, siguen atrayendo al lector y a la postre justifican una novela con algunos aciertos y algunas zonas de sombra, como la falta de sensibilidad con la que son retratadas las mujeres en esta novela, objetivizadas en roles de amantes, hembras de placer o histéricas, compañeras con escasa relevancia, ninguna con respuestas y actitudes inteligentes y deslumbrantes, casi siempre soportes erótico-vistosos como elementos decorativos y de importancia social en el ambiente poderosamente masculino. ¿Es así como se veían las féminas en el ambiente roquero? El autor, gran lector, debe repasar en muchos de los autores con más relevancia erótica que, además de vehículos de placer, muchos de sus personajes femeninos eran auténticas obras maestras de la personalidad humana. ¿Lawrence Durrell, por ejemplo? ¿Alguna obra del machista Hemingway? ¿Flaubert, Proust, Stendhal? Etc. FICHA LITERATURA UNIVERSAL.- Sabino Méndez.-518 págs.-Ed. Anagrama.- ISBN 9788433998309
Article complet