LA GUERRA FUTURA

 Alberto Díaz comenta:"La guerra futura" es un libro brillante, pero también causa alarma y desazón
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EN EL ENJAMBRE

Alberto Díaz Rueda comenta: Sus obras son discutidas en los cenáculos jóvenes universitarios, atraídos por el inconformismo, la mirada crítica y el verbo sentencioso y provocador. Sus conceptos son radicales y se atreve a profetizar desastres con argumentos bastante válidos y convincentes
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Juan Villoro con "La casa pierde" por Alberto Díaz Rueda...

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La casa pierde

Juan Villoro es uno de los escritores hispanoamericanos más brillantes de esta última generación que sigue a aquélla que tiene como maestros indiscutibles a los que vivieron el  famoso "boom", Vargas Llosa, García Márquez, José Donoso, Carlos Fuentes y tantos otros. Villoro está más cerca de nuestro hoy literario, como Volpi, por ejemplo. Goza de un estilo irreprochable, una inventiva deslumbrante y un dominio del idioma que aumenta nuestro amor por la palabra escrita y las provocadoras posibilidades de nuestra lengua, el español, en torno a las ubres generosas del idioma cuando fructifica allende Europa, al otro lado del océano. A ese respecto permítanme recomendar a la editorial de Villoro, Alfaguara, (defecto no tan visible en los libros de Volpi u otros hispanoamericanos) que no sea tímida y añada a las ediciones que se venden en España unas simples notas a pie de página para aclarar ciertos modismos mexicanos, giros y frases hechas que sumen al lector de aquí en perplejidades innecesarias. Esas aclaraciones enriquecen el idioma, no lo desvalorizan. No siempre uno se entera de lo que lee cuando, por ejemplo, se enfrenta a "huicholes siguiendo a su maracame"  o "se adentró en un terreno de mezquites y huizaches" (págs, 73 y 74). Podrían decirme que para eso están los diccionarios de americanismos, pero ¿cuesta tanto facilitar al lector que entienda lo que lee y pueda seguir absorto en las páginas de "La casa pierde"?

Porque realmente este libro de relatos engancha. Uno rastrea el inconfundible regusto literario de un Faulkner o un Hemingway (aun siendo tan distintos, notamos su benéfica y común influencia en Villoro) en los endurecidos y desvalidos, vulnerables, personajes de  este escritor mejicano (al parecer de origen aragonés, ¡y del Matarraña para mayor abundamiento!) que suele usar de un estilo directo, áspero a veces, con un sutil sentido del humor sin contemplaciones pero donde suele resonar esa compasión difícil que guardamos para los eternos perdedores, hombres y mujeres que mantienen el gesto adusto pero digno, casi nunca lloran o se quejan y viven hasta el fin tratando de no traicionarse demasiado.

El libro que comentamos es una reedición del premiado en el 2000 y que afianzó la carrera de este escritor. Y no es para menos, qué riqueza de personajes, de escenarios, situaciones, argumentos, estilo. Reconozco que me fascina más la faceta de escritor de relatos de Villoro que la de novelista (cosa que me ocurre también con Faulkner y con Hemingway). La condensación dramática y estilística del relato, su forzada brevedad y su economía de medios hace verdad la frase de Bloom sobre el mayor grado de exigencia y perfección que exige el relato sobre la novela. Y Villoro juega en la Liga de Campeones (perdonen la metáfora deportiva, tan queridas a este escritor que no puede –ni quiere– disimular su historial de periodista deportivo).

"La casa pierde" es, a mi gusto, uno de los mejores relatos del libro y da título al volúmen. La fuerza evocativa de "Terrales" el lugar donde nadie quiere estar, el pueblo de paso, junto  a la dramática presencia del protagonista, el Radio, y la larga descripción de una partida de cartas ruinosa, con su secreto añadido, tiene momentos de una sencilla y contundente aspereza realmente magistrales.

  Le sigue a este relato en calidad "Campeón ligero". En él, Villoro nos habla del boxeo, del periodistas que viven a la sombra de los campeones, del enrarecido ambiente de ese deporte y en concreto de un campeón que sólo lo es por ser un fajador que se autocastiga en el ring por un crimen que no cometió. Tanto en este relato como en "Corrección", un agudísimo retrato del mundo literario, el narrador nos habla de su envilecimiento a través de la amistad extraña, compleja, con otro hombre (el boxeador en el primero, un escritor de talento, en el segundo). También en "El domingo de Canela" se da ese recurso de Villoro hacia unas  indefinibles amistades masculinas, tensas, duras, llenas de oscuridades y malentendidos, mientras que permite que veamos las interioridades de ciertos amores y relaciones sentimentales que transitan por caminos de pérdidas y de soledad.

En muchos casos, un tipo de amor violento, vampírico a veces (lean "La estatua descubierta" o "El anillo de cobalto") en otras engañoso, casi en clave de comedia o triste vodevil ("La alcoba dormida") permiten calibrar la escéptica y desencantada visión realista del escritor sobre el fenómeno amoroso y sus variables formas. Otros relatos, "Coyote" o "El extremo fantasma" sugieren mundos muy concretos, el viaje iniciático al desierto en busca de peyote (parece una parodia del Castaneda de los setenta) en caso del primero y el cerrado circuito de un equipo de fútbol y los intereses que le condicionan, en el segundo. Dos relatos con un disgregadora técnica común; en el primero es la lucha del protagonista contra un coyote en la soledad del desierto, y en el segundo, la misteriosa singularidad del lugar donde se desarrolla, esa Punta Fermin, seguramente el origen del "resort" mexicano de la última novela de Villoro, "Arrecife".

Para acabar, "Planeta prohibido", en el que Villoro aplica su irónica y acerada crítica al ambiente universitario norteamericano  visto por un desorientado profesor hispano, así como en "La estatua descubierta" parodia el ambiente diplomático y los tópicos que rigen en ese mundo hacia Hispanoamérica.

Libro muy justificadamente recuperado en la obra de Villoro y un racimo de relatos recomendables que dejan clara la valía de este escritor.

 

FICHA

"La casa pierde". Juan Villoro. Alfaguara, 2012. 295 páginas. 18 euros. 

 

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El discurso del Rey por Alberto Diaz Rueda

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De vez en cuando el cine logra con creces cumplir una de sus misiones y objetivos más excelsos, la comprensión de la historia por parte del espectador de una forma veraz, clara, honesta y brillantemente comprensible. En esta ocasión es "El discurso del rey", la película británica que consiguió hace unos días el premio a la mejor película otorgado por el gremio de los productores, antesala de los Oscar y una de las favoritas para recibirlos en la gala que se celebrará el próximo 27 de febrero. El filme protagonizado por Colin Firth, en el que da vida al Rey Jorge VI y que le valió el Globo de Oro a la mejor interpretación, reúne muchos elementos para ser considerado una gran obra en la historia del cine histórico.

La figura del protagonista, Jorge VI Rey de Inglaterra, es la de una de esas trágicas figuras atrapadas por la historia en el lugar menos adecuado: un ser humano de infancia triste y traumática, un hombre superado por las circunstancias, infeliz y acomplejado, al que la historia obliga a ser rey. El príncipe Alberto, Federico Arturo Jorge , futuro y obligado Jorge VI (como le dice Churchill en la película, "No puede reinar con su nombre, Alberto es un nombre alemán y entraremos  pronto en guerra contra Alemania") nació el 14 de Diciembre de 1895, segundo hijo de Jorge V y de María de Teck.  Desde su niñez, una infancia desolada de "pobre niño rico" criado y torturado por niñeras y mayordomos o humillado por su hermano o sus amigos, hasta los 30 años, sufrió de tartamudez lo que acrecentó su timidez, aunque gracias a un original terapeuta australiano logró curarla en parte y ha dado pretexto para crear esta bella película. 

Se casó con la aristócrata escocesa Lady Elizabeth Bowes-Lyon (Helena Bonham Carter, otra brillante interpretación)  en 1923  y tuvo dos dos niñas, Isabel y Margarita. Jorge VI asumió la corona en vida de su predecesor, Eduardo VIII. Este monarca reinó poco tiempo, pues en diciembre de 1936, y para casarse con Wallis Simpson, una divorciada norteamericana, abdicó en la persona de su hermano Alberto, Duque de York, quien le sucedió en el trono con el nombre de Jorge VI.

Jorge VI estab lejos de pensar que sería rey y esa designación le torturó durante toda su vida.  No estaba capacitado ni física ni psicológicamente, para asumir la responsabilidad de guiar los pasos del Imperio en esa época difícil. Pese a ello y con un hombre tenaz como Churchill a cargo del gobierno, durante la guerra el rey realizó una abnegada labor en favor de su pueblo . Fue el último emperador de la India (hasta 1950 y rey de Irlanda, que se convirtió en república en 1949. Jorge VI murió víctima de cáncer el 6 de febrero de 1952 y fue enterrado en el Castillo de Windsor. Dejó a una reina longeva y voluntariosa, Isabel,  actual soberana del Reino Unido.

La cinta, (The King´s Speech), coproducción británica-australiana, dirigida por Tom Hooper y escrita por David Seidler está basada en la relación que mantuvieron el rey Jorge VI, antes duque de York, y su terapeuta Lionel Logue, un excéntrico actor fracasado, genialmente interpretado por Geoffrey Rush, que le ayudará a mejorar sus problemas de tartamudez.discurso-del-rey.jpg

Tras la muerte de su padre, el rey Jorge V, y la escandalosa abdicación del príncipe Eduardo VIII,  Bertie (memorable Colin Firth), afectado desde siempre de un angustioso tartamudeo, asciende al trono como Jorge VI de Inglaterra. Su país se encuentra al borde de la guerra contra la Alemania de Hitler y necesita desesperadamente un líder, por lo que su esposa Isabel, la futura reina madre, le pone en contacto con un excéntrico logopeda australiano, actor shakespeariano fracasado llamado Lionel Logue (insuperable Geoffrey Rush). A pesar de los problemas de relación inciales entre el envarado aristócrata lleno de complejos y sumamente irritable y el terapeuta heterodoxo y directo casi brutal, ambos comienzan una terapia al margen de cualquier escuela que les llevará a establecer un vínculo humano profundo, a pesar del rechazo del entorno del rey hacia el poco convenciona y nada titulado  terapeuta. Con el apoyo de Logue, su familia, su gobierno y Winston Churchill (quizá el menos conseguido de los personajes, a pesar de estar bien interpretado por Timothy Spall), el rey supera su frustrante tartamudez y pronuncia un discurso radiofónico -el de la declaración de guerra a Hitler-  que inspirará a su pueblo y lo unirá en la batalla. La película de Tom Hooper fue reconocida por el público de la última edición del Festival de Toronto como la mejor película.

Quizá a un pais regido por una monarquía como es el nuestro, los temas de las casas reales, el universo estrellado de príncipes y princesas, nobleza, reyes y reinas, no excite demasiada curiosidad anecdótica pero seguramente sí interés sociológico e histórico. En muchos sitios la realeza se considera algo más o menos anacrónico y más cercana a las páginas del papel couché que a las de los libros de historia. Sin embargo la época que describe la película, crucial desde un punto de vista histórico, acrecienta el interés por las personas que fueron protagonistas de los hechos. El drama humano del monarca de los “discursos tartamudos”,  que se dirigían a 458 millones de súbditos en un imperio de 33 millones de Km2, en plena II Guerra Mundial, resultan algo mucho más esencial que anecdótico..

Las miradas de desesperación intima, autorechazo y aun así orgullo y dignidad de Colin Firth, más los gestos sutiles de comprensión humana y testarudez terapéutica de Geoffrey Rush, pueden estar junto a la ternura silenciosa y expresiva de la Bonham Carter, como los logros fílmicos de la presente temporada y un recuerdo vivo para cualquier aficionado al cine.

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Andalucía Crítica: Jaume Benavente, escritor “He aprendido a vivir a contracorriente, pero no desfallezco”

 
 
 

Jaume Benavente, escritor

“He aprendido a vivir a contracorriente, pero no desfallezco”

 

21-12-2010 - Por José Iglesias
 
 

La prosa esmerada y minuciosa de Jaume Benavente, curtida en más de un terreno de batalla literario, ingresa con todos los honores en las lindes del género negro de la mano de Marja Batelaar, una joven inspectora de la policía de Ámsterdam que en su primer caso, más allá de investigar la misteriosa muerte de una inmigrante en una pensión del centro de la ciudad, se topará cara a cara con hostigadores fantasmas del pasado. Es El cuaderno de Nicolaas Kleen (Roca Editorial) una novela con una excelente ambiente propio, tan sugerente como resolutivo, en la que el premiado escritor catalán, sin perder ese característico toque existencial y de reflexión moral, cuestiones sociales al margen, profundiza en la parte más trascendente del ser, esa “parte psicológica, las pulsiones del individuo y su relación íntima, si se la puede denominar así, con el crimen”.

 

 

Esta incursión en la novela negra supone un cambio de registro con respecto a su narrativa habitual…

En mis libros anteriores siempre ha existido una cierta dosis de misterio, de suspense, incluso en los relatos de viaje o en las novelas juveniles, aunque no fueran propiamente textos policíacos. Un escritor es, fundamentalmente, una determinada mirada y su concreción en un estilo propio, el cual le sirve para la exploración del mundo o, si se prefiere, para la creación de un imaginario y paisaje literarios personales. Mi mirada y mi estilo van unidos a la utilización del misterio. Siendo así, considero mi primera novela negra, El cuaderno de Nicolaas Kleen, no una experiencia aislada ni un brusco cambio de registro, sino sólo la adopción de un enfoque distinto que me aporta ventajas.


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