Cien palabras oscuras

Título: Cien palabras oscuras
Autor: Sebastián E. Luna
Año de publicación: 2019
Nº de páginas: 104

Sebastián E. Luna (1981) es un escritor madrileño que publica sus libros de modo independiente. Ha abordado varios géneros literarios, siempre con gran nivel y eficacia. Personalmente, de este autor he leído ya tres libros: Mario, despierta (2016), un thriller romántico, según palabras del propio Luna, que le hizo debutar de cara al público; Stardust (2019), un libro que recoge poemas y relatos; y esta novela corta que me ocupa hoy. En todas estas obras he podido avizorar que hay siempre en Luna un fuerte componente anímico que extrae, a veces, de sí mismo, y, a veces, como fruto de su experiencia y observación. Asimismo, es autor también de las novelas Senderos del rock (2017), una road movie relacionada con el surgimiento de una mítica banda de rock, Karen (2017), novela de terror psicológico, y Cinco pinches balas (2020), su obra más extensa y ambiciosa por el momento.
Hasta hace muy poco tiempo, porque esto ha ido mejorando, ha habido una constante en el mundo indie, y es la baja calidad de edición de las obras que se presentan al público. Me estoy refiriendo al formato físico y a la calidad de impresión y a los arreglos, y también a la presentación gramatical de los textos, que a menudo no han pasado por el pertinente corrector que los dignifique. Sin embargo en todos los libros que en mis manos he tenido de Sebastián E. Luna hay siempre una enorme calidad de edición. El autor cuida mucho la presentación de sus libros, y eso es en verdad meritorio.
Cien palabras oscuras es una novela corta de corte histórico y, según algunos, de terror. Esto último lo digo con reservas porque a mí no me lo parece, que sea de terror; más bien aborda, como su título indica, un tema oscuro. Hay un diario del explorador en el que se narra una expedición a la selva amazónica, y donde los integrantes de la aventura, embargados por malos presentimientos debido a un persistente sonido de tambores que presagian una catástrofe, encuentran a un pequeño simio en estado de casi recién nacido. La génesis del mundo resulta acariciada con cierta sensibilidad por este mono, en apariencia tamarino, que es transportado en un barco que trata de llevarlo a occidente. El barco acaba mal y el narrador y protagonista principal de la obra, Tristán Gres, quien trabaja en un circo a las órdenes de un personaje siniestro llamado el doctor Fablet, encuentra el diario y al pequeño mono.

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El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

Título:El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
Autor: Miguel de Cervantes
Año de publicación: 1605-1615
Nº de páginas: 874
Primera lectura de la obra: 1996
Segunda lectura de la obra: 1999
Tercera lectura de la obra: 2003
Cuarta lectura de la obra: 2020

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) es el más famoso escritor español. La crítica especializada lo sitúa en la cima de la literatura universal, junto a otros pocos autores, tales como: William Shakespeare, Dante Alighieri, Homero, Marcel Proust o James Joyce.
No cabe duda de que a un libro tan estudiado a lo largo de los siglos como El Quijote, pocas aportaciones novedosas se le pueden hacer, por tanto me limitaré a destacar aspectos que a mí me han llamado la atención. Advierto de que escribo esta reseña dando por sentado que todo el mundo como mínimo ha oído hablar del libro y de su argumento 
Cualquiera que en algún momento de su vida haya mostrado interés por la literatura sabe que la obra hoy reseñada consta de dos partes, la primera publicada en 1605 y la segunda en 1615. Diez años de diferencia son bastantes, y seguramente Cervantes, cuando en 1614 se publicó el Quijote apócrifo de Avellaneda, ya había avanzado mucho en la redacción de su segunda parte del libro. Avellaneda (que es un seudónimo de alguien que nunca se llegó a identificar) se metió con Cervantes y con su obra y sus personajes literarios. Esto le sentó muy mal a Cervantes; no sólo porque la segunda parte apócrifa tiene bastante menos nivel que la obra cervantina, sino porque hacía de su inmortal pareja unos personajes casi siniestros, sucios y estúpidos. Cervantes, ante esto, se apresuró en escribir lo que le restaba de su segunda parte para darle fin, y es aquí cuando acaba de rematar la inmortalidad de su obra, pues, como ejemplo y para que se observe el colosal ejercicio metaliterario, casi al final del libro hace que aparezca un tal don Álvaro Tarfe. Este personaje es, después de Quijote y Sancho, el principal en la obra de Avellaneda. En el Quijote cervantino, don Álvaro se da cuenta de que ha estado con unos falsos Quijote y Sancho, y, ante el alcalde del lugar, testifica y firma que los verdaderos Quijote y Sancho son los del libro cervantino. Esto, que en la novela resulta casi anecdótico debido a la colosal importancia que tiene en su conjunto la obra, es un ejercicio sin parangón en la literatura universal, como ejemplo de cómo la ficción y la realidad se pueden mezclar para producir Arte.
Se producen tres salidas caballerescas por parte de don Quijote en todo el libro; dos en la primera parte y la tercera en la segunda parte. En la primera salida (muy breve), don Quijote es armado caballero por un ventero y luego, al marchar de la venta, tiene un percance con un labrador que está castigando a un muchacho empleado suyo. Aplica ahí justicia caballeresca y luego regresa a casa, donde se produce la tan famosa quema de libros. Muchos críticos consideran que en realidad esta primera salida es una novela corta, o puede que una protonovela que da comienzo al vasto y complejo conjunto que es la totalidad de la obra. La segunda salida, ya junto a Sancho Panza, se da toda ella en el primer libro. Aquí la novela empieza a adquirir forma y los sucesos se van encadenando sin solución de continuidad: batalla con los molinos de viento, combate con el vizcaíno, encuentro con los cabreros y romance de Marcela y Grisóstomo, el simpatiquísimo episodio con los yangüeses, en el que Rocinante realiza una escapada en busca de la yeguada, etc. Y así, episodio tras episodio, hasta que don Quijote y Sancho se encuentran con el cura y el barbero, que intentan llevarlos de retorno al pueblo. Hasta que se produce la llegada al pueblo, hay intercalados varios relatos, y dos de ellos son independientes respecto a las aventuras de nuestros héroes. Se trata de la novela corta El curioso impertinente y del relato del cautivo. Estas piezas breves, además de encontrarse casi seguidas en el libro, interrumpen la novela y hacen que el ritmo se ralentice, y que el lector sienta extrañamiento y añoranza por no poder continuar con las hazañas de don Quijote y Sancho. Luego hay también un relato muy extenso que se integra en las aventuras de don Quijote y Sancho e interactúa con ellos; se trata de las cuitas amorosas entre Dorotea, Cardenio, Fernando y Luscinda.
El primer libro acaba con el regreso al pueblo y con la promesa cervantina de continuar con las aventuras de nuestros héroes en un segundo libro, donde tiene pensado llevarlos a unas justas en Zaragoza.
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LA GUERRA FUTURA

 Alberto Díaz comenta:"La guerra futura" es un libro brillante, pero también causa alarma y desazón
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EN EL ENJAMBRE

Alberto Díaz Rueda comenta: Sus obras son discutidas en los cenáculos jóvenes universitarios, atraídos por el inconformismo, la mirada crítica y el verbo sentencioso y provocador. Sus conceptos son radicales y se atreve a profetizar desastres con argumentos bastante válidos y convincentes
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Juan Villoro con "La casa pierde" por Alberto Díaz Rueda...

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La casa pierde

Juan Villoro es uno de los escritores hispanoamericanos más brillantes de esta última generación que sigue a aquélla que tiene como maestros indiscutibles a los que vivieron el  famoso "boom", Vargas Llosa, García Márquez, José Donoso, Carlos Fuentes y tantos otros. Villoro está más cerca de nuestro hoy literario, como Volpi, por ejemplo. Goza de un estilo irreprochable, una inventiva deslumbrante y un dominio del idioma que aumenta nuestro amor por la palabra escrita y las provocadoras posibilidades de nuestra lengua, el español, en torno a las ubres generosas del idioma cuando fructifica allende Europa, al otro lado del océano. A ese respecto permítanme recomendar a la editorial de Villoro, Alfaguara, (defecto no tan visible en los libros de Volpi u otros hispanoamericanos) que no sea tímida y añada a las ediciones que se venden en España unas simples notas a pie de página para aclarar ciertos modismos mexicanos, giros y frases hechas que sumen al lector de aquí en perplejidades innecesarias. Esas aclaraciones enriquecen el idioma, no lo desvalorizan. No siempre uno se entera de lo que lee cuando, por ejemplo, se enfrenta a "huicholes siguiendo a su maracame"  o "se adentró en un terreno de mezquites y huizaches" (págs, 73 y 74). Podrían decirme que para eso están los diccionarios de americanismos, pero ¿cuesta tanto facilitar al lector que entienda lo que lee y pueda seguir absorto en las páginas de "La casa pierde"?

Porque realmente este libro de relatos engancha. Uno rastrea el inconfundible regusto literario de un Faulkner o un Hemingway (aun siendo tan distintos, notamos su benéfica y común influencia en Villoro) en los endurecidos y desvalidos, vulnerables, personajes de  este escritor mejicano (al parecer de origen aragonés, ¡y del Matarraña para mayor abundamiento!) que suele usar de un estilo directo, áspero a veces, con un sutil sentido del humor sin contemplaciones pero donde suele resonar esa compasión difícil que guardamos para los eternos perdedores, hombres y mujeres que mantienen el gesto adusto pero digno, casi nunca lloran o se quejan y viven hasta el fin tratando de no traicionarse demasiado.

El libro que comentamos es una reedición del premiado en el 2000 y que afianzó la carrera de este escritor. Y no es para menos, qué riqueza de personajes, de escenarios, situaciones, argumentos, estilo. Reconozco que me fascina más la faceta de escritor de relatos de Villoro que la de novelista (cosa que me ocurre también con Faulkner y con Hemingway). La condensación dramática y estilística del relato, su forzada brevedad y su economía de medios hace verdad la frase de Bloom sobre el mayor grado de exigencia y perfección que exige el relato sobre la novela. Y Villoro juega en la Liga de Campeones (perdonen la metáfora deportiva, tan queridas a este escritor que no puede –ni quiere– disimular su historial de periodista deportivo).

"La casa pierde" es, a mi gusto, uno de los mejores relatos del libro y da título al volúmen. La fuerza evocativa de "Terrales" el lugar donde nadie quiere estar, el pueblo de paso, junto  a la dramática presencia del protagonista, el Radio, y la larga descripción de una partida de cartas ruinosa, con su secreto añadido, tiene momentos de una sencilla y contundente aspereza realmente magistrales.

  Le sigue a este relato en calidad "Campeón ligero". En él, Villoro nos habla del boxeo, del periodistas que viven a la sombra de los campeones, del enrarecido ambiente de ese deporte y en concreto de un campeón que sólo lo es por ser un fajador que se autocastiga en el ring por un crimen que no cometió. Tanto en este relato como en "Corrección", un agudísimo retrato del mundo literario, el narrador nos habla de su envilecimiento a través de la amistad extraña, compleja, con otro hombre (el boxeador en el primero, un escritor de talento, en el segundo). También en "El domingo de Canela" se da ese recurso de Villoro hacia unas  indefinibles amistades masculinas, tensas, duras, llenas de oscuridades y malentendidos, mientras que permite que veamos las interioridades de ciertos amores y relaciones sentimentales que transitan por caminos de pérdidas y de soledad.

En muchos casos, un tipo de amor violento, vampírico a veces (lean "La estatua descubierta" o "El anillo de cobalto") en otras engañoso, casi en clave de comedia o triste vodevil ("La alcoba dormida") permiten calibrar la escéptica y desencantada visión realista del escritor sobre el fenómeno amoroso y sus variables formas. Otros relatos, "Coyote" o "El extremo fantasma" sugieren mundos muy concretos, el viaje iniciático al desierto en busca de peyote (parece una parodia del Castaneda de los setenta) en caso del primero y el cerrado circuito de un equipo de fútbol y los intereses que le condicionan, en el segundo. Dos relatos con un disgregadora técnica común; en el primero es la lucha del protagonista contra un coyote en la soledad del desierto, y en el segundo, la misteriosa singularidad del lugar donde se desarrolla, esa Punta Fermin, seguramente el origen del "resort" mexicano de la última novela de Villoro, "Arrecife".

Para acabar, "Planeta prohibido", en el que Villoro aplica su irónica y acerada crítica al ambiente universitario norteamericano  visto por un desorientado profesor hispano, así como en "La estatua descubierta" parodia el ambiente diplomático y los tópicos que rigen en ese mundo hacia Hispanoamérica.

Libro muy justificadamente recuperado en la obra de Villoro y un racimo de relatos recomendables que dejan clara la valía de este escritor.

 

FICHA

"La casa pierde". Juan Villoro. Alfaguara, 2012. 295 páginas. 18 euros. 

 

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