LOGOI 12: LA CIRCUNSTANCIA

En sus "Meditaciones de El Quijote", Ortega, sólo diez páginas después de comenzar su prólogo dedicado al "Lector...", escribe la que muchos consideran la frase emblemática del discutido y admirado filósofo español (para comprender esta valoración lean ustedes el magnífico "Ortega, el maestro en el erial" de mi colega Gregorio Morán). "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo". Y aclara "es decir, buscar el sentido de lo que nos rodea". Leyendo estos días a Jullien me he acordado de esta frase orteguiana que la mayoría de la gente convierte sólo en el yo y su circunstancia como señas de identidad. El filósofo francés desconfía del empeño en buscarle un sentido a la vida. La vida -el conjunto de las circunstancias- no tiene sentido en sí misma. Y tampoco es algo absurdo, un "sinsentido". Lo propio de la vida es que escapa a sí misma: Si nos apegamos a las circunstancias nos perdemos el vivir puro y simple. Zuang-zi, el maestro taoísta, lo dice "Quien mata la vida no muere, quien vive-vive, no vive". Y no se trata, como dice el evangelio de  San Juan de que "El que ama su vida la perderá/y el que aborrece su vida en este mundo/para vida eterna la guardará". No. Esa es la versión cristiana  y sirve sólo para quienes tienen fe en esa creencia religiosa. El sentido taoísta del vivir nos dice que el que se esfuerza pierde su fuerza  y aún más claro, "basta que uno no busque ser grande y admirado para que puedas llegar a lograr esa grandeza". Es la espontaneidad natural de las cosas que uno no debe intentar encauzar, sino "flotar" con ellas y dejarse llevar por su cauce. Por eso Zuang Zi, 23 siglos antes que Ortega y tres antes de Cristo, no enfocaba la vida como un ego enfrascado en salvarse a sí con su circunstancia o en desdeñar la vida "de aquí" para lograr la vida "de allá", sino decía: "no estudiad lo que es la vida (punto de vista del conocimiento), ni tampoco estudiar cómo vivir (punto de vista de la moral), sino aprender a desplegar y preservar la capacidad de vida de la que estáis pertrechados y llevarla a su plena forma". ¿Difícil de entender? Quizá sí, pero piensa en ello.
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LOGOI 6: CUIDADORAS

Michel Onfray habla en "La escultura de sí" de ciertos principios de comportamiento que ya analizaban Diógenes, Epicuro, Marco Aurelio, Pirrón o Epicteto. Prescindiendo de los elementos desgranados por este combativo filósofo francés, quiero centrarme en una reflexión sobre un "territorio ético totalmente al margen de la supuestas virtudes cristianas de la renuncia y el sacrificio" que en ese texto se hace referido al sujeto pensante.  Yo quiero adentrarme en el reflejo especular del "otro". Un otro que hace suyos los principios y prácticas autoaplicadas para esa "escultura de sí" pero las enfoca, de una forma altruista y desinteresada en otra persona. Es decir aquellas personas  escasas -aunque seguramente todos habremos conocido una o dos en el curso de nuestra vida- que dedican una gran parte de su energía personal en cuidar a otras personas, cercanas o no  a ellas mismas. Cuidar en el sentido amplio de "cura" de cuerpo y alma. Y no hablo de cuidadores por "obligación", ya sean a sueldo -alguno también hay de esa clase especial- ni  de los que se sienten constreñidos por razones legales, profesionales, de parentesco, de religión (obsérvese que no hablo de ética), de costumbre, de herencia familiar, de patología compensatoria, sino de personas que hacen ofrenda de sus cuidados, ocasionales o continuos, sin esperar recompensa, agradecimiento ni reconocimiento  alguno. Son personas de gran energía interior que la encauzan hacia una vía altruista y generosa. He comprobado empíricamente que toda esa energía empleada les alimenta a ellos mismos, más tarde o más temprano, en forma de  una gratificación raramente visible y no mensurable. Un observador paciente y atento -si tiene la fortuna de asistir al trabajo de uno de esos cuidadores durante el tiempo suficiente (a veces es la esposa o marido de alguien, una hermana/o, una vecina/o o una amiga/o, incluso un simple conocido/a ocasional) comprueba cómo esa persona  de la que "emana" esa facultad de saber cuidar a otro, va acumulando en sí misma –como si los recibiera "en reciprocidad"– los efectos salutíferos y psicosomáticos  del ejercicio de la "vida buena" de la que hablaban los filósofos antiguos citados: equilibrio psicológico, bienestar, sensación de alegría, vigor y energía. He estado buscando las razones científicas que podrían "demostrar" esa interacción entre la acción gratuita y bondadosa y los beneficios personales que recibe el sujeto de la acción, sin buscarlos, ni desearlos. La única condición "sine qua non" para que ese "trasvase" se produzca es que sea un acción espontáneamente generosa y altruista. Ya he renunciado a esa indagación escéptica de las posibles causas del fenómeno. Acepto lo que he visto como admito aquellos fenómenos de la física cuántica que hasta hace poco tiempo eran considerados terreno de la magia, la fantaciencia o la espiritualidad.
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