logoi 7:ALAIN

Encontré el libro de Alain "Sobre la felicidad" (Alianza de bolsillo) el día que cumplí 20 años, paseando por la librería del Drugstore del Paseo de Gracia. Estuve toda la noche leyéndolo y por la mañana, medio dormido, asistí en la Facultad a la clase de Filosofía del Derecho y escuché a don Enrique Luño Peña, el cátedro, citando a Lucrecio, "De rerum natura", Platón, Hobbes y Hegel, pero, de pasada, mencionó a un filósofo francés de segunda fila, Alain, al que definió como un "maestro del sentido común" que, como todo el mundo sabe desde que lo dijo Jaime Balmes, es el menos común de los sentidos. En aquella época no había oído hablar de la "sincronicidad" de Jung, así que me pareció una curiosa y prometedora coincidencia. Alain escribía ensayos diminutos, de una o dos páginas sobre todo tipo de temas y era adorado por los universitarios franceses que no paraban de romperse las narices mutuamente a causa de Sartre y Camus, mientras las cosas se iban poniendo tan feas en Francia que propiciaría el estallido de mayo del 68. Alain, pseudónimo de Emile-Auguste Chartier se llevó la peor parte del siglo XX, murió en 1951, con 83 años., periodista, profesor, pacifista, tras una labor docente muy destacada en la que enseñó a alumnos que luego serían más conocidos que él (Raymond Aron y Simone Weil entre otros), qué es el pensar y cómo se practica, más que la historia de la filosofía y los sistemas de los grandes del pensamiento. Y les sugirió que ningún motivo más adecuado para ejercitar su pensamiento que tratar de estar satisfechos con lo que hacen, piensan y dicen y sobre todo con lo que acaece y les preocupa: si tiene solución, para qué preocuparse, piensa en encontrarla. Y si no tiene solución, para qué preocuparse, piensa en protegerte y buscar el mal menor. Para Alain los problemas tienen dos asas por donde agarrarlos, es insensato hacerlo por el asa que te hace daño. Y aconsejaba con una sonrisa de complicidad: "observad que en la vida los cambios no tienen fin. Algunas veces para mal. Eso no debe entristeceros, pues la tristeza engendra tristeza, la tensión y el rechazo agravan los males: si os quejáis del destino aniquiláis la esperanza de mejora espontánea y además acabáis con dolor de estómago o de cabeza. Hay que ser bueno y paciente con uno mismo ya que a menudo el curso de las cosas depende de la primera actitud que adoptáis." Alain era una especie de Epicteto injertado en Epicuro y hermanado con Sócrates y Pirrón. Para mi fue un maestro y una inspiración.
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