EXAMEN DE INGENIOS

Noventa y un años tiene la criaturita. El jerezano Caballero Bonald, a estas alturas de la jugada vital, no se anda con chiquitas ni tiene por qué ni para qué. Me ha encantado este "Examen de ingenios" que acoge el título del famoso (entre los lletraferits y estudiosos de la literatura clásica castellana) libro de Huarte de San Juan, simplemente porque le viene en gana y se ajusta a lo que nos ofrece. Nuestro autor ha sabido aprovechar el tiempo, no sólo por su ingente obra literaria, novela, poesía, ensayo, sino por su presencia activa en la vida cultural española e internacional durante toda su vida. De ahí que se haya codeado con la mayoría de los que son (en literatura) y algunos de los que no lo son demasiado y otros que han cultivado otros menesteres y se han hecho populares por ello. Ciento tres personajes variados del mundo de la cultura española de este siglo, perfiles elaborados muchos de ellos desde la distancia de los años y otros mas o menos cercanos, todos desde la óptica personal y sin resabios ni demasiadas cautelas de un nonagenario que ya se considera por encima de muchas cosas, respetos y cuidados sociales.En realidad, dada su cierta fama áspera y algo lenguaraz, esperaba un reparto de golpes y mandobles...me equivocaba y el sibilino humor senequista del andaluz ha suavizado los embites a las referencias biográficas y literarias del paisanaje. Inlcuso nos obsequia con algún paladín reconocimiento de deudas y admiraciones respecto a algunas, no muchas, de las figuras comentadas. No se ocupa de figuras recientes, sea cual fuere su presunta importancia, y pone coto cronológico y por cierto es coherente con su impresión de estar en unos tiempos y estilos que ya no le conciernen demasiado. Tampoco busca C.B. hacer enjundiosos análisis de sus compañeros de oficio y no extrema el rigor en ningún momento, se limita a hablar de su propio gusto (o disgusto) sin tratar de sentar cátedra, cosa de agradecer por supuesto. Así que se puede permitir algunos pescozones y el ejercicio de una ironía y un alejamiento crítico que divierte al lector y no le incomoda. Se limita a (citando al poeta Ángel González) destacar que la literatura “en la que no se filtre una cierta dosis de ironía, aunque se trate de una ironía matizada por el correlato objetivo, tiende a convertirse en un sermón”. Y C.B. está en las antípodas de tales arrebatos jesuíticos y se puede permitir decir de cada uno de ellos lo que le apetece decir, con la seguridad casi inevitable de que a su edad nadie se le va a enfadar (de los poquísimo que aún vivan). Sus lisonjas son breves y siempre razonadas, no es un libro de hisopos y lametones, lisonjas o entusiasmos fervorosos. El lector avisado acaba sospechando que todo esto va de memoria personal, íntima, subterránea, de recordatorio de sí mismo a través de colegas admirados, respetados, detestados o neutrales. No hay referencias críticas a ensayistas u opiniones de manual. Es un caldo C.B. sin aditamentos foráneos. Uno ve desfilar (a veces "en paños menores" o en pelota viva) a figuras, fugurones y figuritas, desde Cela o Gala, a Jesús Aguirre, Borges ensimismado en sí mismo, Aranguren, Neruda o Alberti, se acuerde de Pepa Flores o de la Niña de los Peines, del gran León Felipe a Alfonso Guerra, de Cunqueiro ,medio olvidado tan injustamente, a Max Aub (y sus resquemores egoicos) o al estólido Joan Miró, Alejo Carpentier o el surrealista Eugenio D'Ors, de Antonio de Mairena a Oteiza, de Tápies a Rulfo, o del psiquiatra Castilla del Pino a Ignacio Aldecoa o al espeso Sánchez Ferlosio (al que tampoco alaba ya su "Jarama", de Cortázar a Barral, de García Hortelano a Gil de Biedma, o de Paco Rabal a Juan Marsé o Emilio Lledó, de los Goytisolos a Gamoneda o Umbral. De este último hizo un panegírico totalmente merecido, anotando de paso su talante histriónico y provocador. Y escribe con más razón que un santo: "Umbral dispuso en todo momento de una lengua literaria adecuadamente seductora, un entramado de elocuciones donde los caracteres rítmicos y tonales, la ornamentación del farseo, las normas sintácticas y morfológicas, el simple valor fónico de las palabras configuran en todo momento un suntuoso ejemplo de vitalidad creadora". Sólo un poeta y escritor tan lúcido como C.B podía haber acertado tanto. Subjetivismo crítico a toda máquina con sartenazos incluidos, pero todo con resabios de honestidad y talante y genio propios y sin pelos en la lengua. De esa honestidad habla los reseñados cambios en opiniones y valoraciones sobre algunos de los autores tratados (algunos, auténticas "vacas sagradas" de manuales literarios al uso. Esos cambios permiten al lector comprobar la coherencia de C.B. consigo mismo. De verdad, vale la pena comprar el libro y dedicarle unas tardes de lectura. Y solo una pequeña observación traviesa y humilde a C.B.: en la página 43, al maestro se le cuela un error cuando cita a Shakespeare (Hamlet) y en concreto la magnífica prédica de consejos que el pesado Polonio hace ("presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz", en otras muy sabias) a...Laertes, su hijo. Y no a Hamlet como escribe el maestro. FICHA «Examen de ingenios». José Manuel Caballero Bonald.-Ensayo. Seix Barral, 2017. 464 páginas. 19 euros. ISBN 9788432232404
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