Presentamos "Canción bajo el agua", el realismo mágico de Fátima Beltran el domingo 10 oct (12h) en #CaminsSerret

Canción bajo el agua

Fátima Beltran Curto

ESPASA NARRATIVA

 

 

Un amor mágico, un sueño sin espejos y dos amigos separados por una desafortunada bala.

Una saga familiar repleta de seres de buen corazón en busca de un mundo que se les escapa.

En mayo de 1939 el oficial Eladio Ferlosio regresa a su pequeño pueblo perdido en las montañas mineras con la vana ilusión de que la guerra recién terminada haya respetado a su familia, a sus paisanos y a Eleonora Cardenal, la hija de un médico que llegó al pueblo huyendo de la gripe española, y a la que ama desde que era poco más que un niño. El reclutamiento obligatorio lo había sacado a la fuerza de su tierra cuando entre sus planes lo último que cabía era ser soldado.

En febrero de 1935 Teodoro Sacristán también vuelve a su pueblo tras haber abandonado el seminario. No quiere ser cura, sino pintor, para poder reflejar los colores intensos de la vida. Pero, como Eladio, acabará siendo soldado, como tantos otros que nunca quisieron ser tales.

Las vidas vividas –y no vividas– de Eladio y Teodoro se entrecruzan con maestría en esta novela llena de ese realismo mágico que construye personajes inolvidables, como un pastor de una sola oveja, un fantasma insidioso, un ingeniero cobarde, una amada impedida, una beata y sus treinta y siete santos o un agapornis lujurioso; que se detiene en el color y la alegría con la misma maestría que en el dolor y la muerte para señalar, una vez más, la insensatez de la guerra.
https://www.planetadelibros.com/libro-cancion-bajo-el-agua/326191

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En busca del tiempo perdido de Marcel Proust

Título: En busca del tiempo perdido

Autor: Marcel Proust

Año de publicación: 1913-1927

Nº de páginas: 3.496

Primera lectura de la obra: 1996

Segunda lectura de la obra: 2003

Tercera lectura de la obra: 2021


Marcel Proust (1871-1922) fue un novelista francés. A pesar de que había autopublicado la miscelánea Los placeres y los días (1896), y que a través del tiempo han ido apareciendo cartas, ensayos, la novela inacabada Jean Santeuil (1952), y otros textos, se puede decir que en realidad es autor de una sola obra, una novela monumental cuya redacción le ocupó gran parte del final de su vida: En busca del tiempo perdido. Esta novela, gigantesca, está dividida en siete libros. No llegó a verla publicada entera en vida, y no cabe duda de que al autor le hubiese gustado pulir la redacción de los tres últimos volúmenes, pero le sobrevino la muerte antes de que lo pudiese llevar a cabo. Pese  a estos contratiempos, la novela está completa y acabada.

El primer libro de la novela se titula Por el camino de Swann.

El Narrador entra en el relato comentando que no puede dormir y que se despierta continuamente. A partir de este momento comienza a evocar su niñez en Combray, niñez cuyo mayor tesoro era el beso buenas noches de su madre.

Casi al comienzo del libro, se encuentra el famoso episodio de la madalena. En él nos habla Proust de la capacidad de rememoración que puede poseer el repetir un gesto que parecía olvidado, y con ello nos hace ver que la memoria involuntaria tiene más potencia y capacidad de evocación que la memoria voluntaria.

Hay en la infancia del Narrador dos caminos que parten desde la casa de su tía Leoncia y que mantienen direcciones contrarias entre sí. Uno es el lado de Méséglise, en cuyo trayecto se encuentra la casa de Vinteuil, personaje a quien el mal hacer de su hija sume en una gran tristeza. El otro lado es el camino de Guermantes, lleno de flores de espino y de recorrido más largo, y paraje casi mitológico por lo que representan los duques de Guermantes en el haber mental del Narrador y sus padres.

Al final de esta parte del libro, que el autor titula Combray, se prologa el siguiente apartado, titulado Unos amores de Swann. Los hechos acaecidos en esta segunda parte tienen lugar antes del nacimiento del Narrador, lo cual no es óbice para que éste los conozca en profundidad.

En la segunda parte del primer libro de la novela nos encontramos con un joven Swann que conoce a una muchacha no muy guapa (para él) y que tiene en su haber un pasado y un presente no muy decorosos. A pesar de esto, Odette, que es como se llama ella, frecuenta la casa de los Verdurin, un matrimonio que aspira a ascender en la escala social. Y allí va a parar Swann, quien está muy acostumbrado a relacionarse con lo más granado de la época, para acabar enamorándose de Odette y por tanto descender de esa escala voluntariamente. Aquí el Narrador aborda por vez primera en la novela el tema de los celos, tema que disecciona en profundidad, y que llegará a su eclosión, en los libros La prisionera y La fugitiva. En el salón de los Verdurin, Swann escucha la sonata de Vinteuil, y las sensaciones que le transmiten cierta frase de la pieza musical le hacen transportarse a un mundo que sólo la música puede reconocer, y reconocerse en él.

Este primer libro tiene una tercera parte más corta que las dos precedentes, titulada Nombres de tierras. El nombre. Aquí, el Narrador comienza a relacionarse con quien será su primer amor, adolescente como él, la pelirroja Gilberta, hija de Swann y de Odette. El salto temporal respecto al episodio anterior es muy grande: el Narrador vuelve a su presente en la novela, y en él el matrimonio Swann está establecido como tal y tiene una hija, algo que el final de la parte anterior no hacía presagiar, pero sí la primera parte, Combray, porque en ella ya aparece nombrada Gilberta, cuando en uno de sus paseos el Narrador la vislumbra. Esta chica en principio parece inalcanzable para el Narrador, pero lenta y progresivamente se irá éste aproximando a ella, algo, esto, que sucede en el libro segundo de la novela: A la sombra de las muchachas en flor.

Este segundo libro está dividido en dos partes, ambas sin título. En la primera, el Narrador cuenta que un antiguo embajador le puede dar entrada en la casa de los Swann, algo que interesa calurosamente al primero porque se siente muy atraído por Gilberta. Este embajador, el señor de Norpois, se da cuenta del interés del chico en ir allí y precisamente por esto no se preocupa en recomendarlo en la casa. El acceso a ella le llegará al joven Marcelo mediante la propia Gilberta, a través de una carta. Pero antes de todo esto, sucede que el señor de Norpois interviene para que los padres de Marcelo le dejen a éste ir al teatro para ver a una diva del momento: la Berma. A ésta la verá en una representación de Fedra, de Racine, y no le parece gran cosa. Haciendo capacidad de abstracción y de saber escuchar, luego de haber pasado un tiempo en que vio a esa mujer, le reconoce los méritos artísticos.

La primera parte de este segundo libro, A la sombra de las muchachas en flor, disecciona la vida social de las clases altas y su modo de relacionarse en los salones donde se producen las visitas de los allegados. Marcelo, en casa de los Swann, conoce al gran escritor Bergotte, quien al principio le parece de carácter no apropiado a lo que este hombre es capaz de expresar en sus libros. Poco a poco va Marcelo relacionando el habla de Bergotte con los giros estilísticos de él como escritor y se convence de que, pese a que son aspectos distintos de la misma persona: habla y escritura, ambos se correlacionan con lo que representa el Bergotte escritor para Marcelo. En un momento determinado, Gilberta se cansa de Marcelo, y éste, en medio de un examen interior de por qué suceden esas cosas y con el fin de tratar de no encontrarse con Gilberta, debido a su posterior decepción ante el desencuentro, se abstrae de sí mismo y halla una solución intermedia, que es la de ir de visita a la casa de madre de la joven cuando ésta no está en casa.
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La itinerante mano del panadero. - Luis Brenia

 Título: La itinerante mano del panadero

Autor: Luis Brenia

Año de publicación: 2018

Nº de páginas: 104


Luis Brenia (1963), es un escritor indie extremeño leído y reseñado por mí hace poco debido a su relato Verdadero cuento del pastorcillo mentiroso y el lobo (2017). Ahora vuelve a ocupar mi atención con un cuento de muy distinta temática, pero no menos interesante. Este escritor posee en su haber una obra literaria bastante abultada en cuanto a número de títulos, y, debido a su alto promedio de calidad literaria, no cabe duda de que aparecerá nuevamente entre mis reseñados en un futuro.

La itinerante mano del panadero es un cuento que funciona con algunas premisas de ficción que el lector debe aceptar de antemano.

Un Rey ha leído de un gran filósofo que quien sabe gestionar el obrador de una tahona y hacer buen pan está preparado para gobernar el mundo. Partiendo de este concepto sobre quien ha de ser un buen mandatario, dicho Rey hace llamar a uno de sus mejores maestros panaderos, Remigio Escotas Rivas, para que instruya al Principe en el arte de hacer pan. El panadero comenta al Rey que para que eso se pueda llevar a cabo, el Príncipe debe tener la mano derecha de tan excelso obrador del pan, o sea, él mismo. Luego queda referido que el panadero no hizo en serio el comentario, pero el Rey así se lo toma, y le da a aquél la opción de escoger una mano que no tiene por qué ser la del Príncipe. Por fin, toma la mano derecha de un gran escritor, Apolinar Llagaria Hernández. El caso es que el panadero tiene, una vez intercambiadas las manos derechas de los tres protagonistas del cuento, mediante esa mano, la capacidad narrativa del escritor; éste posee una mano principesca que le resultaría útil si se desenvolviese en ese mundo; y el Príncipe, con semejante mano, la del panadero, está preparado para conocer todos los secretos de amasar el pan para que quede perfecto, que a su vez le servirán para un mejor gobierno en su futuro reinado.

Del argumento, ya no explicaré más, pues con los datos vertidos en lo que va de reseña se puede advertir que estamos ante un cuento mágico, con reminiscencias orientales tipo Las mil y una noches. El principal escollo de estos relatos siempre es el de romper el factor de inverosimilitud, ya que es complicado, de buenas a primeras, que el lector considere que porque te trasplanten una mano de alguien que está especializado en alguna tarea en particular, ya se tiene la capacidad de llevar a cabo esa tarea igual que si se fuese el dueño original de dicha mano. Debo decir, en lo que a mí respecta, que, aunque ese factor en un principio me ha parecido renqueante, a medida que el relato avanzaba no he tenido problemas en creer que las cosas son tal y como las cuenta el narrador. En un momento determinado, al encontrarse el escritor, quien tiene problemas de rango mental debido a que no puede escribir como antes de que le usurparan su mano diestra, y el panadero, ahora muy talentoso escribiendo ya que es poseedor de la mano del escritor, le dice éste al escritor: […] y los cuentos siempre han de tener como componente lo extraordinario […]. El panadero, que en ese momento es un gran escritor, hace hincapié en que en el cuento lo imposible puede ser posible, con lo cual el relato se justifica a sí mismo y se inviste de mayor credibilidad ante el lector.

Es un cuento amable, simpático, que acaba como tiene que acabar; muy bien escrito y que por momentos hará las delicias del lector en facetas que son muy poco habituales en cuanto a la literatura se refiere, como por ejemplo que se haga referencia a cómo se ha de hacer el buen pan. El relato, al ser tan breve, no hace hincapié en la psicología de los personajes, pero bien es cierto que los define con mucha claridad, e incluso diría que con desparpajo. Las oraciones largas que nos expone el autor demuestran que hay mucha habilidad y oficio en el arte de escribir, y en absoluto se pierde el lector cuando incursiona en ellas, ya que son claras y transparentes, sin alambicamientos innecesarios.

A cualquier persona que tenga poco tiempo para leer, pero sienta ganas de pasar un buen rato con ello, le va a servir este cuento, de modo inexcusable, para incursionar en el campo de la narrativa de ficción. Lo mejor de todo es que cualquiera que lo haga dará vuelta a la última página del libro con una sonrisa en su rostro. Creo que con esto está todo dicho.





Pedro Carbonell Castillero

23/09/2020


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Trilogía de Beckett: Molloy, Malone muere, El innombrable

Título: Trilogía de Beckett: Molloy, Malone muere, El innombrable
Autor: Samuel Beckett
Año de publicación: 1951-1953
Nº de páginas: 606
Primera lectura de la obra: 2014
Segunda lectura de la obra: 2020



Samuel Beckett (1906-1989) es un escritor irlandés que redactó su obra en inglés y en francés. Es conocido sobre todo como dramaturgo, pero también destacó como novelista. De este autor he leído la trilogía de novelas que hoy reseño, Esperando a Godot (1952) y Fin de partida (1957), obras estas dos últimas de teatro y posiblemente las más famosas del autor.
Molloy, Malone muere y El innombrable corresponden a una trilogía de novelas que se relacionan entre ellas por el modo como el autor enfoca sus intereses y obsesiones particulares en el campo de la literatura. La soledad, el absurdo, el mundo que no existe más allá de los sentidos de los personajes. Personajes que pueden ser perfectamente unas ruinas humanas, pero que sin embargo luchan por permanecer, por ser. Esto en realidad no es sólo aplicable a la trilogía, sino al universo particular del autor, pues todas sus obras tienen un deje de desesperación que lleva a desechar todo, hasta llegar incluso a verterlo al nihilismo.
Molloy consta de dos partes de similar extensión: Uno y Dos, así de simple. Parecen dos libros distintos, lo único que en apariencia los une es la mención en Dos a Molloy, el protagonista de la primera parte del libro, y el hecho de que Moran, el protagonista de Dos, a medida que transcurre su relato, se va pareciendo cada vez más a Molloy.
Molloy es muy anciano y está en el cuarto de su madre. Se siente solo y comienza a narrar. Se desprende de su narración un universo casi estático, en el que como mucho hay una bicicleta con la que Molloy (aquí también anciano aunque un poco menos que en la cama de su madre desde donde narra) se desplaza por su región, que consta de ciudad y aledaños (bosque, playa). Es cojo de una pierna, y más tarde, de ambas; no tiene dientes y los dedos de un pie se le van cayendo; los testículos le molestan porque la bolsa escrotal le llega casi a las rodillas; más tarde, una pierna se le va encogiendo. Busca a su madre, recuerda que busca a su madre, mejor dicho, porque Molloy no tiene nada claro, siempre se cuestiona sus actos y sus propias palabras. Su principal factor psicológico es el de la duda, y esto a su vez lo lleva a una lógica interna en verdad sorprendente. Ha tenido una amante mayor que él, y en realidad, aparte de esto, y quizás una relación incestuosa, no sabe más de las mujeres. Su higiene personal es nula. La desafección ante los demás e incluso hacia sí mismo es absoluta. Comienza a buscar a su madre en bicicleta, luego desaparece la bicicleta y camina con una muleta, más tarde con dos muletas, y acaba reptando y rodando sobre el suelo.
En Dos nos encontramos con Moran. Moran tiene un hijo adolescente. Le encargan, a Moran padre, que vaya a buscar a Molloy. Se ignora qué ha de hacer una vez encuentre a Molloy. Moran habla de un informe, y nada más se sabe. Parte con su hijo a la búsqueda de Molloy, pero, cosa extraña, no toman ningún medio de transporte, lo hacen a pie, cuando jamás se indica a qué distancia está Molloy, pero se sabe que lejos, en otra región. A medio camino, Moran encarga a su hijo que vaya a comprar una bicicleta. A Moran comienza a dolerle la pierna y se le queda rígida.  Su hijo lo ha de llevar en el portabultos de la bicicleta, ya que él no puede pedalear. Antes de llegar a Ballyba, lugar donde está Molloy, le da una bofetada a su hijo y éste lo abandona. Ha de continuar el camino con la única ayuda de su paraguas como punto de apoyo. Se encuentra con el emisario de la misión que le dice que ha de volver. Lo hace, vuelve a casa, pero tarda meses en hacerlo.
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Corazones desangelados

Título: Corazones desangelados
Autor: Leticia Meroño Catalina
Año de publicación: 2016
Nº de páginas: 122

Leticia Meroño Catalina (1981) es una escritora madrileña que edita por cuenta propia. En sus obras, escoge las palabras con enorme esmero. Al lector siempre le proyecta una sensación anímica rayana al desamparo, debido a la emotividad con que aborda sus temas. De nuestros contemporáneos, Leticia Meroño es una de las autoras que más me agradan. En mi haber, cuento ya con cuatro obras suyas leídas: Más allá del camino II (2015), un libro de relatos que, en conjunto, son el germen de su obra posterior; La muchacha que se hizo libro (2017), una novela donde el pasado y sus obsesiones, y la lectura, quedan expuestos con enorme sensibilidad; Conversando con un ángel (2018), novela corta gótica que nos habla de la soledad y en la que la realidad del día a día se confunde con otro tipo de realidad; y este libro que ahora nos ocupa.
La estructura de Corazones desangelados es la siguiente: hay 109 poemas y microrrelatos, todos sin título y clasificados con números romanos. Al final del libro hay un relato con título: El poemario: es la pieza que hace 110 (el número total del libro), y la más extensa de todas ellas.
La poesía y los microrrelatos requieren de un ritmo de lectura distinto al de la narrativa. Se ha de hacer con lentitud, porque con pocas palabras (si el autor es bueno) se nos transmiten muchas cosas y hay que realizar un esfuerzo para darle a todo eso una idea de conjunto en la mente (a veces esa idea es conceptual, según sea el poema).
Los poemas de Leticia Meroño a menudo son suaves, sometidos a palabras que los adormecen, proyectando anhelo y nostalgia ante lo irrecuperable del momento vivido. Voy a poner como ejemplo el poema XLV, para diseccionarlo un poco. Con él, el posible lector se puede hacer una idea del contenido del libro.
Al amanecer entonó su canto,
su plumaje verde aleteó,
se posó sobre tu ventana
y tarareó una canción.
Tú amaneces cansado,
su sonido tan solo te enerva
y en un brusco movimiento
al pajarillo alejas.
¿No te das cuenta, agaporni,
que su canción es de amor?
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