LA CIUDADELA INTERIOR

Realmente leyendo a Pierre Hadot, filósofo francés fallecido en 2010 a la edad de 88 años uno acaba comprendiendo la finalidad que tanto estoicos como epicúreos griegos daban a la filosofía: no un compendio de conocimientos que podrían, o no, integrarse en un sistema filosófico lo más original posible, sino pura y simplemente una forma de vida. El presente libro, que Hadot dedica a comentar "Las Meditaciones" del emperador Marco Aurelio tiene dos aspectos esenciales que dan un enorme valor exegético al libro: primero, la advertencia de que hay que contextualizar el discurso de los filósofos griegos y romanos percatándose que hay palabras cuyo significado han cambiado con los tiempos (nos pone el ejemplo de la "areté" griega, una "virtud" que en Epicteto no significa lo mismo que para Marco Aurelio o para Epicuro o Pirrón, figúrense ustedes para nosotros en el siglo XXI). Segundo, la constatación filológica reciente de que los textos de esos filósofos con un ejercicio de "oralidad", ya que la mayoría de los libros de ese tiempo y autores son reflejo de las conferencias , clases y diálogos con los alumnos, que dichos filósofos mantenían. El dictamen de Marco Aurelio de que al hombre sólo le puede guiar la filosofía respecto a las dificultades, dudas y perplejidades e intereses de la vida cotidiana toma cuerpo ya desde el mismo título del libro: "La ciudadela interior" . El emperador escribe dirigiéndose y exhortándose a sí mismo para gobernar la "cives", la ciudad como símbolo del Imperio, con el mismo cuidado y cautela con la que uno debe gobernarse a sí mismo (la "ciudadela interior"). Y consiguiendo esto segundo, será factible llevar a buen término ese gobierno. La fórmula magistral consiste en una cierta disciplina con tres factores: la disciplina del discernimiento, de disciplina del deseo y la disciplina de la acción. Sabiendo lo que realmente se plantea ante nosotros (o en nosotros) y sumando a ello tener en cuenta de que nuestros deseos e intereses no deben intervenir para decantar la decisión, sino sólo el bienestar o en el provecho del Otro y de la comunidad, darán lugar a una acción que debe ajustarse a criterios de justicia, igualdad y proporcionalidad (Dios mío y en este país se considera la filosofía una asignatura inútil: así nos va). Para entrar en ese análisis, el sujeto depende de cómo se representa las cosas, del discurso interior que suele dirigir nuestros pensamientos. Ya que es obvio que todo lo que nos afecta positiva o negativamente, no son -en sí- las experiencias que acontecen, sino cómo juzgamos en nuestro interior esos eventos, cargándolos de valoraciones de provecho o de temor o de deseo o rechazo personal. Por tanto lo determinante no es lo que ocurre, lo que viene de fuera, sino cómo lo juzgamos o consideramos, es decir lo que "nos viene" de dentro. Cautela, pues, con nuestro tendencia a prejuzgar. Afinar el análisis interior, ejercitar la templanza y la prudencia, conservar la integridad en esta cascada permanente de estímulos que nos cubre de la mañana a la noche y que nos convierte en marionetas temblorosas asaltadas de temores difusos y continuamente cambiantes. Marco Aurelio y Hadot insisten : diálogo constante con nuestro yo razonable, desconfianza ante el ego posesivo e interesado, ecuanimidad y un punto de generosidad den el Otro. Hadot hace un análisis exhaustivo de los textos de Marco Aurelio, trata de intuir las razones y objetivos del emperador al escribir sus reflexiones (dirigidas, repito, más a sí mismo que a un lector externo). También se ocupa de precisar el género literario en que Marco Aurelio concurre, más en la línea de Montaigne o incluso Wittgenstein, que de Kant o Descartes. Nos sitúa en la relación del emperador con los textos de Epicteto , Epicuro o Pirrón (estoicos, epicúreos o escépticos) , sin descuidar apuntarnos detalles de la vida personal de Marco Aurelio que influyen o son influidos por su filosofía bajo el criterio señalado ya de "guía de la vida cotidiana". Aunque nos advierte que no debemos olvidar que la propia palabra filósofo o filosofía no tienen el mismo significado que les damos en la actualidad: no compartimos los mismo valores, ni, como dije al principio, el filósofo no es un teórico ni un creador de sistemas, sino el hombre que practica la "vida buena" la vida que se ajusta a los presupuestos básicos de su filosofía, la práctica de la virtud, la justicia y la razón ecuánime y desinteresada. Para conseguirlo Marco Aurelio, nos recuerda Hadot, diseña una serie de medidas prácticas, reflexiones y análisis o "ejercicios espirituales" de autocrítica y exhortación, para que le ayuden en su quehacer diario de emperador, a modo de fórmulas psicológica de auto convencimiento que le ayudar en la tarea fundamental de vivir bien. Como por ejemplo, la fórmula sacada de Epicteto directamente que establece una distinción entre las cosas que dependen de nuestra voluntad y las cosas que no dependen de nuestra voluntad: “De nosotros dependen el juicio de valor (hypolépsis), el impulso hacia la acción (hormé), el deseo (orexis) o la aversión; en una palabra, todo lo que es nuestra propia obra. No dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, los honores, los altos cargos; en una palabra, todas las cosas que no son nuestras propias obras”. Por tanto, prosigue Hadot, los estoicos subordinan todo al bien moral, esa "areté" cuya excelencia provoca que Marco Aurelio asegure que el mayor bien que debe perseguir el hombre está en ser "justo, moderado, valiente y libre y el mayor mal lo que provoca en él los vicios opuestos". Y para ello es preciso conocerse bien, mantener activo en la busca de esos bienes al "hegemonikon", el principio interior que rige nuestro interior. Evitando, eso sí, el "tuphos", la inflación vanidosa (aquí Marco Aurelio hace un guiño de complicidad a los cínicos, una secta filosófica denigrada por todos, precisamente por sus sinceridad y sencillez extrema). Excelente libro, no sólo para los estudiosos de filosofía sino para cualquier persona que quiera alcanzar de alguna manera la "vida buena" con la que sueñan todos los auténticos filósofos desde el siglo IV antes de Cristo al XXI, siglo actual que nos aflige con su desorientación y falta de valores y de autenticidad. FICHA “La ciudadela interior”.-Pierre Hadot.-Trad. María Cucurella.- Ed.Alpha Decay.-528 pp. ; 24’90 €.- ISBN 9788492837472
Article complet

PLOTINO, O LA SIMPLICIDAD DE LA MIRADA

Resulta sorprendente que una editorial, en este caso Alpha Decay, ofreciera a las librerías y, supongo, que a contadísimos lectores, este libro magnífico y esclarecedor sobre uno de los filósofos clásicos post helenísticos, el romano Plotino (del s. III d.C.) cuya obra "Enéadas" y algunos datos suyos recogidos por su discípulo Porfirio, han sido sistemática y groseramente manipulados y oscurecidos con fines doctrinarios por la Iglesia cristiana, detentadora del control educativo durante siglos . Repasemos los grandes filósofos de la antigüedad, los nombres de Platón, Aristóteles y Sócrates en primer lugar, para a continuación recordar a los mal llamados "presocráticos" como Tales de Mileto, Pitágoras, Demócrito, Parménides, Anaximandro, y más tarde a Diógenes, Epícteto, Epicuro, Séneca e incluso Marco Aurelio. ¿Por qué ese silencio apenas fuera de un pie de página para Plotino etiquetado como "neoplatónico" y minimizado como filósofo?. ¿Es porque se trata de un filósofo místico que establece sobre ciertas bases platónicas muy conocidas un corpus filosófico y espiritual que luego influiría en el Maestro Eckhart, los místicos españoles y alemanes hasta llegar a Spinoza, Goethe y Wittgenstein, pero sin ajustarse debidamente a los dogmas cristianos y al respeto y obediencia debidos a la Iglesia? ¿Qué podría ofender a Roma y a la Curia estos conceptos filosóficos volcados en la esencia divina, la unidad con el Todo, la búsqueda espiritual, el desprendimiento corporal y sensual, la ascesis y la contemplación de lo que Es, junto a la absoluta simplicidad de la Vida, la Belleza, la Virtud y la Verdad, que a pesar de ser inquietudes en plena vigencia en el mundo filosófico y en el espiritual, conforman un mensaje que suena tan original y extraño a los lectores de hoy como los tratados taoístas o las grandes abstracciones de la física cuántica? En un mundo donde Dios fue declarado difunto por filósofos como Nietzche, en una cultura huérfana de valores y de dioses, uno se pregunta qué alcance cognitivo puede tener la figura de Plotino y su estremecedora pasión por la Verdad y la Vida espiritual, sin olvidar que no se trata de un autor religioso al uso y ni siquiera de un gurú del New Age. El Dios subjetivo tan aclamado por las disciplinas espiritualistas y la psicología profunda o los Valores que defiende Plotino tan relativizados por la mezcla de Freud, Marx, Nietzche y toda la Nueva Filosofía, forman un mensaje que suena caduco e incluso impertinente...de no ser que el lector que se atreva a entrar en este libro terminará por poner entre paréntesis el adoctrinamiento de la cultura del siglo XXI y, aun no siendo creyente, bucear en la obra de Plotino y admirarse de la inteligencia, la intuición filosófica y la sensibilidad espiritual y autenticidad de su obra. La lectura del libro de Pierre Hadot tiene la vigencia y la actualidad de un mensaje filosófico que opera como un revulsivo en la inteligencia del lector. El uso desmesurado y manipulativo de las grandes palabras, la Verdad, el Bien, la Belleza o su piedra de toque, la Bondad, recobra en Plotino su esencia prístina, su primigenia utilidad (que históricamente ha sido vulnerada desde Platón). Plotino es un místico "avant la letre" que propone una visión de la filosofía que nunca ha dejado de ser auténtica y ahora comienza a volver a ser actual: una serie de prácticas orientadas a la transformación de uno mismo (esculpirse a sí mismo) y el propio modo de vida, una nueva manera de ser. Y también una búsqueda espiritual incansable "de lo absolutamente simple", que se realiza prácticamente en una forma de ser basada en un "estar presente a sí mismo y a los otros". Lo cierto es que no es posible entender bien el progreso y conexión entre la filosofía medieval y la griega, Platón y Aristóteles sobre todo, y la helenística, con estoicos y epicúreos a la cabeza, sin tener en cuenta a Plotino más cercano a San Agustín que el mismísimo Platón. El libro de Hadot es un modelo de ensayo filosófico sobre un autor tan complejo como Plotino, figura bastante misteriosa de la que no se tiene descripción, dibujo o busto alguno. Pura coherencia en un hombre que pretendía hacer vida de su pensamiento, llevar sus Ideas a la práctica cotidiana. Un hombre que consideraba al cuerpo como la cárcel del alma y aunque no lo despreciaba (al estilo de los gnósticos de su tiempo), trataba de cuidarlo y respetarlo pero sin olvidar que era una envoltura efímera de lo auténticamente importante, el Espíritu que le animaba y que era una parte de un Dios concebido a la manera de Eckhart (y que pondría en armas a los censores de la Inquisición). En resumen, Plotino consideraba que su existencia era un incansable intento de "elevar lo que hay en mí de divino a lo que hay de divino en el universo". Para ello mantenía una práctica contemplativa lo más continua posible enfocada en la simplicidad de cuanto le rodeaba : "Regresa a tí mismo y mira: si aún no te ves bello, haz como el escultor de una estatua que ha de salirle hermosa: quita, raspa, pule y limpia hasta que hace aparecer un bello rostro en la estatua. También tú, quita todo lo que sea superfluo, endereza todo lo que es tortuoso, limpia todo lo que esté oscuro, abrillántala y no ceses de "esculpir" tu propia "estatua" hasta que resplandezca en ti el divino esplendor de la virtud, hasta que no veas "la Sabiduría en pie sobre su sagrado pedestal. ¿Has llegado a esto? " FICHA PLOTINO O LA SIMPLICIDAD DE LA MIRADA.- Pierre Hadot.-Traducción Maite Solana.- Alpha Decay. ISBN 9788493333256
Article complet