"Pa negre" por Alberto Díaz Rueda

 

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panegre-jordi-1.jpgSe ha llevado nueve Goyas, trece premios Gaudi, uno en San Sebastián y ha devuelto al cine catalán, miunusvalorado en el resto del país, una frescura y un potencial de obra bien hecha y de gran capacidad sugestiva. "Pa negre" (Pan negro) de  Agustín Villaronga es una cinta digna de verse que conmueve e irrita, que hace pensar. Basada en una novela de Emili Teixidor (2004), Premio Lletra d'Or, es el relato duro y angustioso del camino iniciático de un niño, Andreu, un adolescente sensible e inteligente, metido en el asfixiante y mezquino ambiente rural de una Catalunya tras el reciente fin de la guerra civil, con toda la carga de odios soterrados, represión, ajustes de cuentas, violencias primarias y sórdidas historias de dinero, sexo y poder. En fin, lo de siempre, pero con la pátina horrible de aquellos horrores en blanco y negro de la postguerra española.

La acción se desarrolla en un pequeño pueblo de la comarca de Osona (Girona), entre las montañas. La secuencia inicial, el ataque a la carreta y el asesinato y posterior despeñamiento de caballo y carro, con el padre muerto y su hijo vivio en el interior, es absolutamente desoladora e impactante, por su crudeza, su sencillez expositiva y la trágica belleza de la escena de la caida de caballo y carro por los cingles, un precipicio, de Tavertet.

A partir de ese momento terrible se desencadena la historia, bien enmarcada en ese mundo oscuro y primario, donde asistimos al periplo iniciático de un adolescente desde la inocencia hasta el temor, la mentura, el compromiso y el derrumbe moral que terminarán por contagiarle.

El niño, Andreu, interpretado por Francesc Colomer,3569880253.jpg que comienza pareciendo algo alelado y poco expresivo, termina conquistando su derecho a encarnar con vitalidad y vericidad a un personaje sumamente complejo que va oscilando a través de los golpes del conocimiento entre mentiras, ocultaciones y medias verdades. En un ambiente tan opresivo y oscuramente primario, florecen los monstruos ocultos, como ese personaje fantasmal que vive en una cueva y al que nunca veremos, que arrastra propósitos de venganza por una terrible historia de violencia y sexo prohibido. Pero los peores monstruos anidan en la mente y los corazones de los vecinos y en la propia familia del niño.

Las secuencias efectivas se suceden, desde las angustias de las carceles franquistas, a los momentos de desvelamiento sexual que la pequeña manca establece con el niño, la escuela con el maestro borracho y desencantado que se une al desierto moral de los vencedores y al desprecio a los vencidos, la vecina enloquecida por el asesinato de su marido y los secretos que esconde, la elección del niño entre la dureza de una vida centrada en la verdad y la aceptación de su propia mezquindad para seguir una moral de supervivencia a costa de sus sentimientos y su dolor.

También es una película de mujeres, niñas y adultas engranan un plantel de complejidades, dureza y abusos que tienen sacude al espectador, que contempla aterrado la sentina moral de una sociedad desgraciada, mísera e hipócrita.

Mención aparte a un Sergi López en el papel del brutal alcalde fascista, prepotente, casi calcado del oficial franquista de "El laberinto del fauno" y a Roger Casamajor, cuyo papel de padre de Andreu, sorprende por su ductil ambiguedad y su convicción: las miradas magnéticas del actor son como espejos negros donde se reflejan con total veracidad todo tipo de sentimientos y emociones. Genial.

Como último apunte y no por ello menos importante: la glorificación en el discurso de la película del papel de la palabra, de la importancia y el valor de las palabras, del lenguaje con el que se expresan todos, ante la mirada y el espíritu devorador del niño. El aprendizaje de la enorme significación de lo que se dice y de cómo se dice, de lo que se calla y de lo que se oculta, siempre con las palabras como nexo de unión entre lo que es y lo que queremos que sea, con toda su enorme potencial de manpulación y violencia. Precisamente en esas mentiras, ocultaciones, se mueve el desamparo del niño que le llevará a asumir la mezquindad y la negación de sus sentimientos como propios, engendrando otro monstruo a imagen de los que le rodean y él ha rechazado. Doloroso ese final con la madre despreciada caminando por el pasillo del colegio, avejentada, humillada, mientras el niño la contempla enmarcada en el vaho del aliento que ha lanzado sobre el cristal.

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La locomotora que añoraba el mar por alberto Díaz Rueda

 

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trenvz2.png–¿Está seguro de que no tendría mejor acomodo en el museo de Renfe?

Antonio torció el gesto, se ajustó la corbata en un gesto maquinal y revisó que la chaqueta de Armani no le hiciera ninguna arruga.

–Vamos, Ortiz. Ya sabe usted que lo que nos sobran son locomotoras viejas. Y esta ni siquiera es un modelo único. Ya hay otra semejante que estuvo en servicio en una línea de  las minas del Pirineo leridano, en Sant Maurici.

–Ya, señor ingeniero, pero ésta tiene una historia muy especial, estuvo sirviendo la línea del  famoso  tren “sarmentero”  desde 1939 hasta 1971 entre Alcañiz y Tortosa. Ha visto mucha historia este trasto. Y además…

Antonio se envaró, a la defensiva,  y clavó en el funcionario una mirada helada. “Y además qué?”.

–Bueno, señor…el otro día estuvo por aquí el padre de usted, don  Rafael . Me contó que había sido el maquinista precisamente de…

–Si, ya sé –Antonio arrastraba las palabras con cierto sarcasmo– ¿Y cree usted que porque mi padre hubiera sido maquinista y este trasto como usted  dice, fuera su instrumento de trabajo, debemos cargar a la Compañía con él? Ese detalle es irrelevante, Ortiz. No estoy en el puesto que estoy para tomar decisiones sentimentales y arbitrarias.

–Perdone, señor ingeniero. Lo que usted diga. Yo solo pensé…

–Ortiz, déjenos a nosotros la tarea de pensar.  Ahora vaya a la oficina y haga las gestiones para que se tomen las medidas adecuadas para sacar este trasto de aquí. No tiene ningún valor. No perdamos más tiempo. Me esperan en la dirección general en Zaragoza. Y estamos en el culo del mundo –se percató del gesto de enojo y contrariedad de su subordinado, que lo miraba con ojos vidriosos y un gesto duro en los labios—vaya, perdone Ortiz. No quiero ofenderles. Ya sabe que pasé toda mi infancia aquí. Me gusta mucho la zona, pero ahora la vida sigue y debo atender mi trabajo en escenarios más lejanos y seguramente más estresantes.

–Desde luego, señor Foz. No hay color en la comparación. Aquí sólo somos unos provincianos. –y Ortiz dio media vuelta y salió del hangar sin aguardar respuesta.

Antonio se encogió de hombros, miró con disgusto la pátina de polvo  que cubría sus brillantes mocasines Dumas y consultó el reloj de pulsera, Supont, oroblanco y acero, que le ofreció su imagen confortable y plena de seguridades y estatus.

Cuando se disponía a salir del hangar los grandes focos del lejano techo se apagaron con un ruidoso chasquido. Eran las seis de la tarde de un día frío de invierno y un manto de neblina y obscuridad parecía caer desde el cielo. Por los altos ventanales entraba una claridad difusa que iba desapareciendo poco a poco. Antonio maldijo a Ortiz y se prometió a si mismo que le pondría en dificultades por haber tenido la desconsideración y la falta de respeto de apagar las luces generales del hangar antes de que saliera él. En algún rincón de la enorme nave entraba una luz indirecta por unos ventanales pequeños  que apenas iluminaban un reducido círculo cercano y parecían acentuar las sombras a su alrededor.tren-vz-copia-2.png

La indignación que sentía  fue subiendo de nivel y el maduro ingeniero se dispuso a salir con precipitación y con tan mal pie que tropezó con una traviesa de la vía de servicio y cayó al suelo. Mientras lo hacía se percató que las gafas habían saltado del puente de su nariz y se precipitaban hacia el cemento sucio. Antonio hizo un gesto brusco con los hombros para tratar de alcanzarlas, lo que aumentó su inestabilidad e hizo que su cuerpo diera media vuelta para caer de espaldas. En unas décimas de segundo, como en una secuencia cinematográfica a cámara lenta, el hombre sintió el golpe en sus caderas al impactar contra el suelo, su mano derecha alcanzar y cerrarse en torno a las gafas y al tiempo, la izquierda  fallar en un intento de disminuir la  fuerza del impacto agarrándose a un estribo de la locomotora. Justamente la  máquina que acababa de condenar al desguace,  y por tanto recibir en la espalda el doloroso contacto con el suelo de cemento y  a continuación un brusco  tirón de su cuello y su cabeza hacia la  izquierda, golpeándose  ésta contra el estribo enrejado que corría a lo largo del flanco de la locomotora.  Sintió un dolor agudo en alguna parte de su cabeza, un silencio abrupto que se imponía en su mente, envolviéndole como un sudario, y un salobre gusto amargo y metálico en la boca. Respiró profundamente y con un gemido se dejó caer por una pendiente absurdamente iluminada de rojo, como si las calderas oxidadas de la locomotora se hubieran encendido mágicamente y le envolvieran en el calor y el color de su vientre incandescente....

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El discurso del Rey por Alberto Diaz Rueda

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De vez en cuando el cine logra con creces cumplir una de sus misiones y objetivos más excelsos, la comprensión de la historia por parte del espectador de una forma veraz, clara, honesta y brillantemente comprensible. En esta ocasión es "El discurso del rey", la película británica que consiguió hace unos días el premio a la mejor película otorgado por el gremio de los productores, antesala de los Oscar y una de las favoritas para recibirlos en la gala que se celebrará el próximo 27 de febrero. El filme protagonizado por Colin Firth, en el que da vida al Rey Jorge VI y que le valió el Globo de Oro a la mejor interpretación, reúne muchos elementos para ser considerado una gran obra en la historia del cine histórico.

La figura del protagonista, Jorge VI Rey de Inglaterra, es la de una de esas trágicas figuras atrapadas por la historia en el lugar menos adecuado: un ser humano de infancia triste y traumática, un hombre superado por las circunstancias, infeliz y acomplejado, al que la historia obliga a ser rey. El príncipe Alberto, Federico Arturo Jorge , futuro y obligado Jorge VI (como le dice Churchill en la película, "No puede reinar con su nombre, Alberto es un nombre alemán y entraremos  pronto en guerra contra Alemania") nació el 14 de Diciembre de 1895, segundo hijo de Jorge V y de María de Teck.  Desde su niñez, una infancia desolada de "pobre niño rico" criado y torturado por niñeras y mayordomos o humillado por su hermano o sus amigos, hasta los 30 años, sufrió de tartamudez lo que acrecentó su timidez, aunque gracias a un original terapeuta australiano logró curarla en parte y ha dado pretexto para crear esta bella película. 

Se casó con la aristócrata escocesa Lady Elizabeth Bowes-Lyon (Helena Bonham Carter, otra brillante interpretación)  en 1923  y tuvo dos dos niñas, Isabel y Margarita. Jorge VI asumió la corona en vida de su predecesor, Eduardo VIII. Este monarca reinó poco tiempo, pues en diciembre de 1936, y para casarse con Wallis Simpson, una divorciada norteamericana, abdicó en la persona de su hermano Alberto, Duque de York, quien le sucedió en el trono con el nombre de Jorge VI.

Jorge VI estab lejos de pensar que sería rey y esa designación le torturó durante toda su vida.  No estaba capacitado ni física ni psicológicamente, para asumir la responsabilidad de guiar los pasos del Imperio en esa época difícil. Pese a ello y con un hombre tenaz como Churchill a cargo del gobierno, durante la guerra el rey realizó una abnegada labor en favor de su pueblo . Fue el último emperador de la India (hasta 1950 y rey de Irlanda, que se convirtió en república en 1949. Jorge VI murió víctima de cáncer el 6 de febrero de 1952 y fue enterrado en el Castillo de Windsor. Dejó a una reina longeva y voluntariosa, Isabel,  actual soberana del Reino Unido.

La cinta, (The King´s Speech), coproducción británica-australiana, dirigida por Tom Hooper y escrita por David Seidler está basada en la relación que mantuvieron el rey Jorge VI, antes duque de York, y su terapeuta Lionel Logue, un excéntrico actor fracasado, genialmente interpretado por Geoffrey Rush, que le ayudará a mejorar sus problemas de tartamudez.discurso-del-rey.jpg

Tras la muerte de su padre, el rey Jorge V, y la escandalosa abdicación del príncipe Eduardo VIII,  Bertie (memorable Colin Firth), afectado desde siempre de un angustioso tartamudeo, asciende al trono como Jorge VI de Inglaterra. Su país se encuentra al borde de la guerra contra la Alemania de Hitler y necesita desesperadamente un líder, por lo que su esposa Isabel, la futura reina madre, le pone en contacto con un excéntrico logopeda australiano, actor shakespeariano fracasado llamado Lionel Logue (insuperable Geoffrey Rush). A pesar de los problemas de relación inciales entre el envarado aristócrata lleno de complejos y sumamente irritable y el terapeuta heterodoxo y directo casi brutal, ambos comienzan una terapia al margen de cualquier escuela que les llevará a establecer un vínculo humano profundo, a pesar del rechazo del entorno del rey hacia el poco convenciona y nada titulado  terapeuta. Con el apoyo de Logue, su familia, su gobierno y Winston Churchill (quizá el menos conseguido de los personajes, a pesar de estar bien interpretado por Timothy Spall), el rey supera su frustrante tartamudez y pronuncia un discurso radiofónico -el de la declaración de guerra a Hitler-  que inspirará a su pueblo y lo unirá en la batalla. La película de Tom Hooper fue reconocida por el público de la última edición del Festival de Toronto como la mejor película.

Quizá a un pais regido por una monarquía como es el nuestro, los temas de las casas reales, el universo estrellado de príncipes y princesas, nobleza, reyes y reinas, no excite demasiada curiosidad anecdótica pero seguramente sí interés sociológico e histórico. En muchos sitios la realeza se considera algo más o menos anacrónico y más cercana a las páginas del papel couché que a las de los libros de historia. Sin embargo la época que describe la película, crucial desde un punto de vista histórico, acrecienta el interés por las personas que fueron protagonistas de los hechos. El drama humano del monarca de los “discursos tartamudos”,  que se dirigían a 458 millones de súbditos en un imperio de 33 millones de Km2, en plena II Guerra Mundial, resultan algo mucho más esencial que anecdótico..

Las miradas de desesperación intima, autorechazo y aun así orgullo y dignidad de Colin Firth, más los gestos sutiles de comprensión humana y testarudez terapéutica de Geoffrey Rush, pueden estar junto a la ternura silenciosa y expresiva de la Bonham Carter, como los logros fílmicos de la presente temporada y un recuerdo vivo para cualquier aficionado al cine.

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La meditación Vipassana por Alberto Diaz Rueda

 

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Si  nos  observamos a nosotros  mismos podremos llegar a conocer la realidad directamente y podremos aprender a manejarla, a gestionarla, de una manera positiva y creativa para desarrollar nuestro autentico potencial y canalizarlo en provecho propio y ajeno. Esa es la esencia operativa de la meditación Vipassana que significa en pali, “visión cabal”.

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¿Cómo se articula esta técnica meditativa? No es difícil ni requiere nada especial, ni cánticos, ni mantras, ni difíciles sentadas meditativas en silencio y en perfecto no-movimiento, ni largas oraciones o jaculatorias. Aunque nada de esto le es ajeno. Pero para empezar hay un punto clave que aparentemente no cuesta nada. Hay que estar atento a cómo estás y a lo que haces. Generalmente, sin darnos cuenta,  repartimos nuestro sufrimiento, nuestra tensión, nuestro agobio, nuestra impaciencia entre los demás. Y asi observamos que alrededor de cada persona infeliz la atmósfera se va cargando de inquietud, de tal forma que todo el que se aproxima a ese entorno  termina también sintiéndose agitado e infeliz.

 

Para ello hay que seguir una disciplina, pero no a cualquier maestro o técnica. Buda recomendó Vipassana y aseguró: “ sed cada uno de vosotros vuestra propia isla. Sed vuestro propio refugio, no hay ningún otro refugio. Haced que la verdad sea vuestra isla, que se vuestro refugio. No hay ningún otro”. Ya que el único refugio verdadero de la vida, el único terreno sólido sobre el que asentarse, la única autoridad que puede guiarnos y protegernos adecuadamente es la verdad, el Darmma, la ley de la naturaleza, experimentada y verificada por uno mismo.

 

Por eso la única forma de resolver nuestros problemas es viendo nuestra situación tal y como es realmente, aprendiendo a reconocer la realidad aparente y superficial y también yendo más allá de la apariencia para percibir realidades más sutiles: y sólo podemos hacerlo directamente  mirando hacia dentro, observándonos. En esa observación radica el descubrimiento de que somos juguetes de fuerzas internas que nos condicionan, reacciones y prejuicios, tensiones inconscientes (pero descubribles) que hemos ido acumulando y que nos hacen sentirnos inquietos y desdichados, por lo que renovamos constantemente  nuestros errores, sin percatarnos de que estamos obedeciendo y siguiendo plantillas de comportamientos equivocados, reacciones automatizadas que generan errores y sufrimiento..

El camino para llegar a descubrir esto no es difícil pero requiere un trabajo constante y un esfuerzo sostenido. Ese camino es el Damma, el arte de vivir, que aumentará nuestra felicidad y el bienestar de quienes nos rodean, creando relaciones armoniosas y serenas con ellos y sobre todo con nosotros mismos.

 

El camino de la meditación Vipassana es un proceso de descondicionamiento, ya que se elimina de la mente las cualidades perjudiciales y los automatismos del pasado  que agravan y mantienen las visiones erróneas de la realidad y la tendencia inherente al sufrimiento. Al ir eliminando de la mente lo que hay de negativo se va descubriendo la naturaleza básica de la mente pura. Por supuesto al ir eliminando esa fuente de tensión mental se produce una mejora por correlato de las enfermedades psicosomáticas que causa la tensión. Evidentemente hay una condición esencial: no se puede seguir el camino con el objetivo principal de lograr resultados de curación física. Las mejoras son  resultados secundarios y no buscados de la meditación.

 

Los interesados en este tema u otros de alcance espiritual-operativo podéis darme noticia de ello en los comentarios de este mismo blog. Es bueno mantener una red de buscadores. Nunca se sabe lo suficnete y las experiencias ajenas honestas sirven de guía y consuelo. Animo...


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Túnez, la revolución de la red social, por Alberto Diaz Rueda

 

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En 1973 salía un libro en inglés "For bread alone" traducción del gran Paul Bowles, el escritor inglés afincado en Marruecos, que años más tarde, en los 80, se publicaría en español y francés con el título "El pan desnudo". Estaba escrito por un joven marroquí natural del Riff, Mohamed Chukri, obligado a inmigrar de su aldea en las montañas a Tánger empujado por la desesperación y el hambre. En esos años se produciría una famosa "revuelta del pan" en la que la población más humilde del reino de Marruecos vencía su ancestral temor al régimen dictatorial del rey Hassan II y se echaba a las calles en protesta por la subida del precio del pan, cuando no lo habían hecho por otros motivos de tipo político o social.

Pues bien, de alguna manera, la revolución popular que ha terminado con el poder omnímodo del sátrapa Ben Alí en Túnez es, en el fondo, otra insurrección contra la falta del "pan", no como tal producto sino como símbolo de lo esencial, el respeto a la dignidad de la persona en Túnez, la falta demoledora de esperanza de una sociedad precaria atenazada entre el paro y la corrupción. La cleptocracia del régimen de Ben Alí (por cierto piropeado como "modélico" hace muy poco por el director general del FMI, Strauss-Khan) esquilmaba el país hasta límites grotescos, cosa no ignorada por Europa. La muerte del joven de 23 años Mohamed Buazizi, un licenciado en paro que se quemó a lo bonzo en protesta por la situación en que vivía él y miles de jóvenes semejantes, el pasado 17 de diciembre, fue el detonante,  no la razón única. La ola de indignación popular que provocó esa muerte fue estimulada y extendida por los internautas que clamaban por tomar las calles. Los tunecinos estaban hartos de la agobiante corrupción del gobierno, cuya cabeza más visible era la mujer del presidente y su familia, los Trabelsi; de la violencia represiva que mantenían los dirigentes y militantes del partido oficialista RCD, una milicia de matones impunes, más la ejercida por la policía y gendarmería, garantes del poder de Ben Alí, una máquina efectiva de delaciones y represión. Y en el fondo, un ejército debilitado a propósito que se mantenía al margen.

Pues bien, por un fenómeno espectacular, una suerte de revolución de a pie, o quizá diríamos mejor una revolución de blogs, móviles, internet, hombres y mujeres mantenían y avivaban la revuelta a base de Twitter, Facebook o Youtube. En 23 días el pueblo tunecino ha terminado con 23 años de dictadura, 5372660708_4b4aa6707a.jpgque se extiende desde Burguiba a Ben Alí. En la trastienda del hecho, el escenario es ocupado por la revuelta del pueblo en las calles, en parte conducida a posteriori por los cuadros y militantes sindicalistas de la UGT (Union General Tunecina de Trabajadores), el apoyo larvado del Ejército y una cierta implicación en la sombra de la embajada de EE.UU.  jugando la carta del cambio hacia una presunta democracia y sobre todo para debilitar el papel de Francia en la zona (cuya miopía diplomática es un asombro para los observadores).

Pero es el ciudadano desnudo, el hombre y la mujer de la calle, el auténtico protagonista de un cambio generado por un fenómeno espectacular: la superación del miedo. De vez en cuando en la historia se produce ese fenómeno en poblaciones sojuzgadas por el terror, la violencia y la miseria.  Ese "ya no podemos más" que genera el "basta ya" y es la semilla de una libertad ansiada. El problema es lo que ocurre después. Quién y cómo manipula la derrota del poder para arrogárselo de inmediato.  La posibilidad de contagio es tremenda dada la naturaleza de los regímenes árabes vecinos, desde Marruecos y Argelia hasta Libia o Egipto (donde comienza a extenderse el virus de la protesta ciudadana).  Vivimos otro ejemplo semejante a la "revolución de los claveles" en Portugal, la caida del muro de Berlin o la del Sha, o las de los regímenes corruptos y sanguinarios en todos los continentes, desde los años 60. En el fondo de todo está el "pan desnudo", la falta de lo esencial y la calle levantada en gritos y manifestaciones, aunque sea contra tanques y esbirros armados. El arma más poderosa es el ansia de pan y justicia. El problema es quién se apropia con la bandera de la rebelión y saca partido de ella. Y en el Magreb el islamismo acecha..


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