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Antón Castro reedita "El testamento de amor de Patricio Julve"

Por: Juan Gavasa Rapún

El escritor gallego afincado en Zaragoza reafirma la influencia de esta novela, editada por primera vez en 1995, en su carrera literaria.

Antón Castro (Arteixo. A Coruña, 1959), es un intelectual de fondo, un curioso insaciable que cultiva a la manera estajanovista su pasión infinita por casi todas las materias del arte. Escritor, periodista, dramaturgo y generoso proselitista cultural, trabaja en la sección de cultura del Heraldo de Aragón, coordina su suplemento literario Artes y Letras; presenta en Aragón TV el programa cultural Borradores y actualiza diariamente con disciplina espartana un blog considerado referente de su género en España. Apasionado de la poesía, la fotografía, la música, el boxeo, el ciclismo o el fútbol, de Castro suelen decir que es el mejor escritor aragonés nacido en Galicia, tierra de la que emigró en 1978 pero que empapa los poros de su producción literaria. Es autor de una vasta obra en la que destacan títulos de especial trascendencia como Los seres imposiblesEl álbum del solitarioGolpes de mar o El paseo en bicicleta

Acaba de reeditarse por tercera vez, ahora en la editorial zaragozana Xordica, su libro El testamento de amor de Patricio Julve, que viera la luz por primera vez con Destino en 1995. Desde entonces Patricio Julve ha sido casi una constante en su narrativa. ¿Qué importancia tiene esta novela en su producción?

El testamento de amor de Patricio Julve es el libro de un despertar: descubro una manera de trabajar, de tratar los personajes y el tiempo, me interesa la búsqueda de voces y también es un libro vinculado a la raíz de un paisaje abrupto. Y descubro a un personaje que me permite hacer una especie de autobiografía onírica: Patricio Julve es un poco lo que habría querido ser yo como fotógrafo y como escritor. Es un libro escrito a lo largo de cuatro años: curiosamente iba a ser una novela sobre la vida de Ramón Cabrera, ‘El tigre del Maestrazgo’, y la Casa del Bayle donde vivió, y acabó siendo un álbum de la historia, de la memoria y de los sueños de un espacio a lo largo de 160 años: desde Cabrera hasta el rodaje de ‘Tierra y libertad’ de Ken Loach.



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Usted es un apasionado de la fotografía y en especial de la fotografía antigua. Patricio Julve bien pudiera ser un remedo ficticio de Juan Mora Insa y Gerardo Sancho, sobre los que confiesa verdadera admiración. ¿Las imágenes cotidianas que usted ama son las escenas que alimentan su literatura?

Desde luego. Yo no conservo ninguna foto mía hasta casi los veinte años. He perdido el álbum de familia, pero soy un apasionado de esas fotos que dicen mucho de nuestra vida: de la infancia, de los elementos, de las pequeñas cosas de cada día. Mis fotógrafos favoritos siempre son gentes, impregnadas de humanidad y de ternura, a los que les apasiona la realidad y sus hechizos: Cartier-Bresson, claro, Gerald Bloncourt, Robert Doisneau, Emmanuel Sougez, Edouard Boubat, Marcel Bovis, Fulvio Roiter, Virxilio Vieitez (a veces pienso que él hizo para mí la colección de fotos que yo no he tenido nunca), y un sinfín de mujeres, entre ella Eva Besnyo, por ejemplo. Y muchos, muchos más, como usted sabe. Fotógrafos que encuentran un tesoro en las historias menudas, en los seres que pasan, en los niños que toman las calles...

Teruel y su Galicia natal son una constante en su literatura. La doliente belleza del Maestrazgo turolense y la abrupta geografía gallega como paisajes de la melancolía. ¿Teruel, donde vivió algún tiempo, fue para usted, hombre de mar, algo epifánico?

Yo soy otro desde que estuve en Teruel. Allí me enfrenté a las soledades, a la grandiosidad, al silencio, a la naturaleza en un estado casi salvaje, casi inabarcable. El paisaje me dio un lenguaje, una percepción, me exigió una forma de dialogar con él y me obligó a inscribir a los seres humanos en ese medio: hostil, fascinante, de crueles invernías, de inesperadas nevadas, de celajes bellísimos. Yo me habría quedado para siempre en el Maestrazgo... Con Teruel me pasó como a Labordeta: me transformaron el Maestrazgo, Albarracín, las serranías, las praderas, el eco infinito que salta de monte a monte. Teruel me permitió reencontrarme con el territorio de la raíz: Galicia, la costa de la Muerte, A Coruña. Hay dos libros míos clave en la mirada galaica: El álbum del solitario Golpes de mar.

Muchos escritores y críticos aragoneses coinciden en señalar que usted contribuyó decisivamente a recuperar la autoestima de las letras aragonesas. Desde su llegada a Zaragoza en 1978 se ha convertido en un personaje capital de la cultura aragonesa gracias a un incansable activismo.

Agradezco esa consideración, pero creo que se exagera. Yo entré en El Día de Aragón en julio de 1987; luego pasé a El Periódico y diez años después a Heraldo de Aragón. He trabajado todo lo que he podido con auténtica pasión: pasión por la gente, por los nuevos creadores, pasión por el territorio. Y además lo he hecho con mucha libertad. Lo que me ha interesado siempre son los seres humanos, y me he volcado todo lo que he podido en hacer lo mejor posible mi trabajo, pero en este oficio nunca llegas ni al 30 % de donde sueñas o anhelas llegar. Un periodista tiene la vocación de hacer visible a los otros con entusiasmo y reflexión, con sentido crítico y sin paternalismos. Y en los últimos treinta años, la cultura ha sido uno de los baluartes decisivos de Aragón en todas las disciplinas. Piensas en la música y le salen de golpe Labordeta, Héroes del Silencio, Bunbury, Amaral, Violadores del Verso, Carmen París; piensas en arte y te salen Broto, Serrano, Saura, Víctor Mira, José Noguero; piensas en danza y te salen Ana Laguna, Víctor Ullate, Arantxa Argüelles, Trinidad Sevillano, Amaia Iglesias, Gonzalo García Portero...



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Su blog antoncastro.blogia.com fue recientemente recomendado por el diario El Mundo como uno de los más interesantes dentro del ámbito de las letras y el activismo cultural en España. En cierta medida también fue pionero junto a otros escritores como Mariano Gistaín en el desarrollo de blogs de contenido cultural a mediados de la pasada década. A su juicio, ¿en qué momento se encuentra este fenómeno?

Se diría que con el twitter, el tuenti y, sobre todo, facebook el blog ha perdido fuerza, pero yo creo más en el blog. Quizá sea algo menos inmediato, pero en el fondo te permite hacer más cosas: a mí me sigue ofreciendo la posibilidad de tener otra vida, otra intimidad y de seguir ofreciendo cosas y cosas, para mí, para los otros. Me busco y salgo al contacto de los demás. Quizá el mío también acuse un poco de dispersión y en los últimos meses lo he descuidado un poco, pero creo que en el fondo es mi mejor autorretrato. A Mariano Gistaín siempre le agradeceré que me abriera un blog en Albarracín en 2005.



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Antón Castro y "El testamento de amor de Patricio Julve" por Alberto Díaz Rueda!

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Antón Castro es un periodista gallego enraizado en Aragón. No conocía sus habilidades de narrador. Y debo confesar que ha sido una  agradabilísima sorpresa. Para quien ha dedicado parte de su vida, más de tres décadas, a la lectura y a escribir posteriormente de lo leído, ya sea en "La Vanguardia", la Agencia Efe, revistas literarias como "Camp del Arpa", la radio, y otras revistas y periódicos, resulta una rareza digna de mención -y de celebración–dar con un autor distinto, con fuerza, con pluma original y creativa, que deja traslucir una visión propia, una percepción de los hechos, las personas y el paisaje con la potencia necesaria para convencer al lector con su narración y sembrar en él un deseo de seguir con la lectura de otras obras de ese autor.

Pues bien, Antón Castro, pertenece a esta exigua pero vibrante nómina. Y así lo creo pese a que sólo he leido de él el libro que les comento. Me entero de que tiene algunos más, de relatos como éste, "Los seres imposibles, "Golpes de mar" y "Fotografias veladas"; uno infantil, "Jorge y las sirenas"; otro de retratos literarios, "El sembrador de prodigios"; dos poemarios, "Vivir del aire" y "Paseo en bicicleta" y  la novela "El album del solitario".

Mientras lo leía sentía la familiaridad de autores que yo habia transitado en mis irredentas juventudes, Pio Baroja, Valle Inclán, Pérez Galdós, Ramón J. Sender, Alarcón, Bécquer...era como leer las aventuras de aquél loco, valiente y sentimental enamorado de las aventuras y de las mujeres, el marqués de Bradomin, transformado en el Tigre del Maeztrazgo o el protagonista de "El manuscrito encontrado en Zaragoza" buscándose la vida y la muerte en el Bajo Aragón.

Castro divide su libro en cuatro apartados, relatos cortos, a veces muy cortos, en los que vivimos en un ambiente real pero fantasmagórico, una geografía que parece mítica pero cuyos lugares y nombres responden a todo este teriritorio mágico que conforma el Maeztrazgo, sus gentes, sus bosques, valles y montañas y los distintos episodios van desarrollándose dejando aquí y allá que aparezcan una y otra vez personajes de las narraciones anteriores, ya sea el general Cabrera, su amante Margarita Urbino (un retrato de mujer que firmaría Laura Esquivel), el misterioso fotógrafo Patricio Julve que da nombre a la novela, el director de cine Loach, el coronel Balfagon narrador de fantasías, la mismisima maquis "La Pastora", la joven Raquel, cuyo retrato enamora a cualquiera que lo vea y que cierra su periplo en el relato que da titulo al libro. Esas apariciones dan una enorme coherencia al libro como totalidad y provocan la sensación en el lector de estar en un terriitorio único, legendario, donde todo, paisaje y seres humanos, animales, árboles y piedras tienen un lugar específico en el que se desarrollan las historias.

Y además Castro nos regala algo inapreciable, de un valor exquisito: su lenguaje literario, la fuerza poética y evocadora de su estilo,  que va dejando a lo largo de las  narraciones la impronta de una cultura literaria y una gracia narrativa que, al menos a mí, me han encantado. Las imágenes y metáforas que salpican lo narrado suelen ser de una justeza expresiva y unas alas poéticas sobrias pero muy evocadoras y sorprendentes. Y así una plaza se convierte en una "inmensa caracola de resonancias", nos evoca el invierno en cuatro trazos: "en plena invernada, el viento enfurecido muerde los aleros, recorre las barbacanas y los voladizos y enciende un rumor obstinado que sorprende al paseante con un manotazo cruel en el rostro". Personajes como Otilia que vende sus favores a Aureliano, el enterrador, el pintor Benigno Rabaza, Pilar Palomo y Julián, unos Romeo y Julieta del  Maeztrazgo,  y los seres saturnales del "Inventario de suicidas y otras desapariciones", la Rusa, el pianista, el fugitivo...o los relatos a la vera del fuego de "Angeles y bestias".

Quizá sea esta ultima parte del libro la menos potente literariamente hablando, aun siendo atractiva de lectura y evocadora de mitos y leyendas, (magnífica la del bandido Juan Bautista Billoro). La última narración, que cierra el libro, "El hombre invisible" en la que el protagonista es el director de cine Ken Loach que rodó "Tierra y libertad" en Mirambel, logra magistralmente transformar a una persona real en un verosímil personaje que cierra el círculo narrativo del libro dándole unidad y sentido, transformándolo en el reflejo de "un sueño colectivo" como escribe Castro.

Magnífico libro también para los  amantes del bajo Aragón. Cantavieja, Iglesuela del Cid. Ejulve, Mirambel, Fortanete, Mosqueruelas y otras localidades y villas, de las que da cumplida razón y convierte en escenarios en los que parecen caminar las sombras y los influjos del gallego Cunqueiro, el catalán Perucho, el portugués Saramago, el argentino Borges o el yanqui Poe, pues de todos ellos y de los anteriormente citados parece haber bebido el amigo Castro.


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Antón Castro con su 'VERSIÓN ORIGINAL', este sábado 14 de abril en el Matarraña!!!

 

Antón Castro presenta su 'VERSIÓN ORIGINAL', el próximo sábado 14 de abril en librería Serret!!!


Antón Castro:

En mi libro 'Versión original' (Isla de Siltolá, 2012. Colección Inklings) hay varios poemas dedicados a los paisajes turolenses (Montalbán, Peracense, Albarracín...) y específicamente al Matarraña: hay poemas dedicados a la vida y obra de Gema Noguera, al trabajo de arte corporal de Laia Vaquer y Hugo Roglan, y  un texto específico dedicado al río
Matarraña.
El libro es una antología de mi obra poética, en verso y prosa, con distintos poemas inéditos. El título 'Versión original' lo tomo del poema de idéntico título, que está dedicado al escritor y agitador cultural Félix Romeo que soñaba con tener un día un cine en versión original...

Es un libro de poesía y de poemas en prosa, con textos publicados y otros inéditos, que propone un itinerario íntimo por la memoria y el paisaje, por la pasión y las razones de la escritura. Antón Castro viaja y sueña, reflexiona y retrata, rinde homenaje a la creación artística y a un puñado de creadores, pero también a los amantes, a los viajeros, a las mujeres y al cine.

El libro toma el título del poema "Versión original", dedicado a Félix Romeo, ese escritor inolvidable que siempre llevaba una palabra fecundada de felicidad en el corazón. Y a la vez, el autor habla de sí mismo, de sus quimeras, de su percepción del enigma en un volumen unitario que compendia las letras de una vida.
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Antón Castro presenta su 'VERSIÓN ORIGINAL', el próximo sábado 14 de abril en librería Serret!!!

 

ANTÓN CASTRO
'VERSIÓN ORIGINAL', POR ÁLVARO VALVERDE

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[No conozco personalmente a Álvaro Valverde, aunque tenemos algunos amigos comunes. En los últimos, en su cuidado blog, que actualiza constantemente con notas de lectura, recomendaciones, opiniones y textos que poseen un gran calidad, lucidez y también la temperatura del afecto. He leído varios libros de poemas y novelas, y hace unos días me sorprendió (vía Elías Moro, que es un centinela insomne de la red) con este cariñoso y generoso texto sobre ‘Versión original’ (Isla de Siltolá, 2012), la primera antología que se publica de mi obra de poesía y prosa poética. ‘Versión original’ se presentará en la librería de Octavio Serret el Valderrobres el día catorce de abril, firmaré ejemplares por la mañana, y también estaré en el Día del Libro con Los Portadores de doce a dos en Independencia. Mil gracias a Álvaro Valverde por su generosidad y por su estupendo blog. http://mayora.blogspot.com.es/]

 

Menudean últimamente por aquí las referencias a Antón Castro, zaragozano nacido en Galicia, de la cosecha del 59, como su amigo Fernando Sanmartín, que le cita también en sus diarios. Asiduo de sublog, desconocía el resto de su obra (doy por hecho que es de los que escriben su bitácora en clave literaria). Aunque la carne sea triste, uno, que no es Mallarmé, está lejos de haber leído todos los libros. Una suerte. Por eso, nada mejor que empezar con la antologíaVersión original, publicada por La Isla de Siltolá en su colecciónInklings. Se mezclan en ella los textos publicados y los inéditos y toma el título de un poema dedicado a Félix Romeo -otra presencia real, por mucho que odiara a Steiner- y a Lina Vila. Digo "poema" y casi debería empezar por ahí: "Cuántas veces me pregunto cómo se escribe un bello poema", se lee al principio de "La belleza". Más tarde, en el epílogo, alude a "prosa poética, poesía en verso y prosa, poesía narrativa, tentativas de esto y de aquello al calor del lenguaje". Sí, da igual cómo lo llamemos si, al fin y al cabo, se trata de poesía, lo mismo da en qué forma. Se ve que no sólo la ha buscado, sino que la ha encontrado y este libro es prueba de ello. Dividido en seis partes, empieza de aquella manera. Quiero decir que casi me rindo a las primeras de cambio ante una prosa -ésta sí- un tanto alambicada que recorre lugares maravillosos como Compostela, Jaca, Huesca, Albarracín o Zaragoza (estampa dedicada a Sanmartín), pero con aires que a uno se le antojan demasiado barrocos. Ese espejismo desaparece de golpe y para siempre en cuando atacas "Las cartas de mi padre", una figura central, por cierto, de este apasionante libro. Pronto entra en juego también el amor y las mujeres y el cuerpo, otro asunto de asuntos nuclear en la vida del escritor Antón Castro, dotado de una especial sensibilidad para abordarlo (a su blog remito). Y aparece la música, el cine (pura poesía en El río, de Jean Renoir), la fotografía y la pintura (de Rembrandt, pongo por caso, al que dedica un poema memorable). Y las pintoras, ay, y las actrices.
La IV parte es "El paseo en bicicleta", título del libro que publicó en Olifante en 2011. Bicicletas y ciclistas ruedan por ella y, de paso, Castro logra ganar etapas gloriosas, como "El pescador y su hijo" (con Ramón Acín detrás), "Torre del Abejar" (con el padre de nuevo al fondo, un hombre que merece una novela), "Barral" o "La Ciudad Nueva".
Lleno de dedicatorias y guiños cómplices y, se nota, de amistad a raudales, son dignos de destacar, en fin, "Sígueme", el poema que dedica a Mestre, "Vida de poeta" y "Autobiografía con niebla", acaso el mejor ejemplo para comprender de quién estamos hablando. De alguien, en todo caso, al que lo que más le gusta en el mundo es escribir, si pongo en primera persona lo que él coloca en tercera nada más abrir el libro.
Lo vuelvo a decir: de un puñado de escritores de Zaragoza ("soy de esta ciudad"), se va a seguir hablando mucho. De Antón Castro, no lo dudo.

 

*La foto, que tiene algo de homenaje a Álvaro Cunqueiro, es de Vicente Almazán.

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